
Sebastián Godínez Rivera
La facultad interpretativa de los tribunales constitucionales en el mundo es una parte fundamental para el Derecho y la democracia. Esta función es cuestionada en muchos países, sin embargo, politólogos como Alexander Bickel sostienen que esta es necesaria para guardar el equilibrio entre los poderes, así como esencial para sentar precedentes en las naciones.
Desde la aparición del Poder Judicial, se decía que era un poder nulo puesto que no contaba con la legitimidad popular del Ejecutivo y tampoco tenía el acceso al presupuesto como el Legislativo. Mientras tanto, el hacer valer la ley y guardar la Constitución ha sido una de las barreras más importantes cuando la democracia pende de un hilo, el Estado transgrede los límites o un líder autoritario pretende acumular poder.
En 2020 Israel presenció una serie de protestas que cimbraron la administración del Primer Ministro,Benjamin Netanyahu; la razón: el gobierno quería limitar las facultades interpretativas y control constitucional del máximo tribunal. La propuesta surgió de una retórica agresiva contra los jueces a quienes se les acusó de establecer una dictadura de la ley; habían asaltado funciones de otros poderes; y que invalidaban leyes que el congreso ya había aprobado.
El punto neural de esta propuesta era que la mayoría simple del congreso pudiera anular las sentencias de la Corte que invalidaran reformas aprobadas. Una propuesta controvertida que erosionaba la democracia y acercaba al país al autoritarismo; empero, esto caló en la población que salió a las calles para pedir la dimisión del Primer Ministro. Incluso hasta pilotos de la Fuerza Aérea se negaron a hacer su servicio como símbolo de inconformidad.
Destacar el contexto es importante, en plena guerra contra Hamás desde el interior surgió la oposición a esta reforma. Cuando el tema llegó a la Suprema Corte 8 de 15 magistrados votaron en contra de la ley, la cual la invalidó. Las críticas no se hicieron esperar y el Ministro de Justicia, Yariv Levin, acusó a los jueces de acumular poder y querer establecer una tiranía legal. Mientras tanto, la oposición y la gente festejó en las calles que los jueces desecharon esta ley.
La respuesta de Netanyahu no se hizo esperar, quien argumentó que los cambios son necesarios para mantener el equilibrio entre la política y la justicia. Este ha sido un mensaje repetido por varios líderes en el mundo, sin embargo, es uno de los más errados y más utilizado para que la gente ataque al Poder Judicial. Hablar de una dictadura de las togas o de juristas no es un caso que sea real o que tenga precedentes en la historia, al contrario, es un discurso que ve a las y los jueces como enemigos.
Hablar de una superioridad de los jueces versa sobre la molestia de que funjan como contrapeso e interpreten la ley en sus sentencias. La molestia proviene de los ejecutivos quienes se consideran la voz del pueblo y su encarnación; argumentan que las mayorías les han dado su voto, por ende, pueden hacer las reformas que ellos desean. Si los presidentes son el pueblo, ¿entonces por qué ,no la ley?.
Se argumenta que la legitimidad popular es un pilar de los sistemas democrático y es cierto; pero el respaldo con el que cuentan las y los jueces proviene de la Constitución. Su papel no es tener una legitimidad o llegar al cargo respaldados por mayorías, al contrario la popularidad es un factor más que puede surgir en el camino, pero que no debe incentivar que las sentencias se emitan en un sentido especial.
El caso isaraelí es uno en los que mejor se aprecia esta disputa disfrazada de equilibrio de poderes. La naturaleza del Poder Judicial es ser incómodo y una barrera cuando la ley se intenta transgredir. Esta reforma judicial sólo era una parte de un paquete la cual pretendía que el Poder Ejecutivo tuviera mayor influencia en la designación de juzgadores; así como que los ministros ignoren a sus asesores legales, lo que en varios lados se conoce como secretarios, proyectistas y todo el equipo que trabaja detrás de una sentencia.
En el siglo XXI ha surgido una obsesión por parte de varios políticos que buscan acumular mayor poder y con ello dinamitar la división de poderes. Los jueces ya no son vistos como un pilar del Estado, sino que se incentivan discursos agresivos y como si de enemigos se tratara, se busca someterlos. Hablar de usurpar funciones y de dictaduras de las togas, es un argumento simple, pero convincente para muchas personas porque apela a las emociones.
Afortunadamente, Israel hizo frente a una reforma regresiva y a la usurpación de funciones que el Primer Ministro buscaba. Empero, en otras latitudes el autoritarismo ha avanzado y ha sometido al Poder Judicial; como dirían Ziblatt y Levitsky algunas democracias mueren en silencio. Para el caso específico, me gustaría acuñar que algunos jueces, ministros y magistrados son apedreados y denostados por la verborrea, la cual es aplaudida por algunos.
