
Sebastián Godínez Rivera
Han pasado casi tres semanas desde que el presidente Joe Biden fue exhibido en el debate frente a Donald Trump. Desde ese día el Partido Demócrata ha estado inmerso en debates, cuestionamientos e incertidumbre por el devenir electoral. Biden insiste en que seguirá en la contienda para vencer al republicano a pesar de que sus lapsus cognitivos siguen presentándose y afectado su desempeño.
Los más recientes se dieron en medio de una conferencia en la cual declaró que Kamala Harris tiene muchas posibilidades de entrar a la carrera presidencial y agregó “por eso elegí la vicepresidenta Trump” (en vez de Harris). En esa misma conferencia, en presencia del presidente ucraniano Volodimir Zelensky se confundió y el mandatario lo llamó “presidente Putin”; en consecuencia, el ejecutivo europeo reviró y dijo “No, yo soy mejor que Putin”.
Estos deslices solo son muestra de la debilidad y el desgaste por la edad que sufre Biden, sin embargo, el tablero demócrata se está moviendo de forma preocupante, aunado a que el presidente insiste en mantenerse en la carrera. Los nombres de Kamala Harris, Michelle Obama, el gobernador de California Gavin Newsom, y la gobernadora de Michigan Gretchen Whitmer. En ese tenor, varios nombres suenan, pero no han tenido oportunidad de dar a conocer su imagen y desarrollar su personalidad frente al candidato republicano.
Ante los ojos de la ciudadanía los demócratas están dejando al descubierto sus puntos débiles y la incertidumbre inunda al partido. Como se mencionó en un texto anterior, el error fue personificar a Biden como un antídoto frente al trumpismo; ahora están pagando las consecuencias por un mal diagnóstico. Derivado de lo anterior Biden y su necedad de mantenerse como el futuro candidato, puesto que ha fungido como un tapón para otros perfiles que aspiraban a competir.
Los deslices solo han fortalecido la retórica de Trump quien ha tomado los deslices y fallas de Biden como lanzas para subir la temperatura de la campaña. El republicano lo ha retado a otro debate sin moderadores e incluso le ha dicho que vaya a hacerse una prueba de cognosividad. El discurso de la oposición se ha radicalizado y se ha centrado ya no en propuestas o ideas, sino en los embates por el estado de salud del ejecutivo demócrata.
Los medios de comunicación también se han centrado en la disputa por la edad del presidente y su estado físico. Esto ha erosionado el tema central de las campañas políticas, que deberían ser los proyectos nacionales o las agendas. De acuerdo a la historia norteamericana, la última vez que un aspirante demócrata se retiró tras la convención fue en 1972, Thomas Eagleton, que fue sustituido por Sargent Shriver para competir en fórmula con George McGovern; quien perdió frente a Richard Nixon.
Además, los estado péndulos o swing states también están jugando en contra del partido azul, Arizona, Georgia, Michigan, Nevada, Pennsylvania y Wisconsin; de acuerdo a diversos sondeos el republicano lleva ventaja sobre Biden. La importancia de estas entidades reside en que ambos candidatos tienen la posibilidad de ganar, porque ninguna se ha decantado por una opción. No obstante, en el caso de los demócratas Biden aparece en segundo lugar lo cual habla de una fragilidad en la candidatura demócrata; las alertas no dejan de encenderse.
Asimismo, existe un error en la táctica electoral de Biden y es que se mantiene cerca de los sectores que votan por él, de su base dura. Tras analizar la competencia tan cerrada este debería optar por otros votantes que puedan impulsarlo. Posiblemente los seguidores de Trump no cambiarán su voto, empero, podría atraer otros sufragios de quien es el tercer candidato, el independiente Robert F. Kennedy Jr.
El independiente se presenta como una opción antisistema frente al presidente y el expresidente. Principalmente, Kennedy roba votos de los demócratas ya que se presenta como un reformista; esto se muestra en los sondeos donde aparece con un 10% de la intención del voto. Ahora bien, como candidato sin partido Kennedy debe cumplir con ciertos requisitos para aparecer en las boletas electorales de cada estado, lo cual le ha generado dificultades.
El Partido Demócrata ha intentado impedir su ascenso en los comicios por temor a que Biden pierda votos. Mientras tanto, el presidente no se ha enfocado en acercarse a este sector que apoya al candidato sin partido; parte de sus sufragios podrían cambiar el sentido al ver que la campaña de Kennedy no prospera. Cabe destacar que los votantes independientes son una mezcla entre conspiranoicos, ambientalistas, reformistas y derechistas.
La fragmentación de los moderados se encuentra entre Biden-Kennedy, aunado a una mala lectura sobre los votos del independiente. Posiblemente el estancamiento de la campaña y las pocas posibilidades de RFK de ganar la presidencia sus votos se disipen entre una de las dos opciones; los conspiranoicos y derechistas podrían optar por el atractivo discurso del trumpismo. Las evidencias arrojan que estos votantes no creen en el Covid-19, las vacunas o los medicamentos, lo cual los acerca a Trump quien durante su mandato desestimó a la ciencia.
Mientras tanto, los ambientalistas y reformistas podrían decantarse por la opción demócrata en aras de impedir el triunfo de Trump. No obstante, los ataques contra el candidato por parte de los demócratas mina los acercamientos ya que a los ojos de las personas, es el establishment quien intenta dejarlo fuera. Otro escenario sería que ante una sustitución de Biden, el candidato de reemplazo resulte más atractivo para este sector, con el riesgo de que los demócratas se fragmenten.
A esto se suma el intento de atentado contra Donald Trump en el cual salió herido de un oído, lo que en términos políticos se traduce en un engrandecimiento de su imagen. El republicano enarbolará el discurso de que no pueden ganarle electoralmente, por lo tanto, quieren eliminarlo físicamente. Ante este polémico hecho, la popularidad de Trump subirá.
Por ahora Trump avanza con una cómoda ventaja y ante la incertidumbre de los demócratas sobre su futuro candidato esto parece favorecerlo. Mientras tanto, Biden insiste en que no se retirará porque la gente lo eligió y a menos que digan lo contrario seguirá en la carrera; el presidente intenta blindarse con el discurso de que fue electo, sin embargo, en estas elecciones primarias serán los delegados quienes tengan la última palabra el 11 de agosto.
