
Sebastián Godínez Rivera
La investigación iniciada por el Consejo Nacional Electoral, autoridad administrativa de Colombia, ha generado una pugna entre el ejecutivo y la oposición. Sobre todo, porque el primero ha señalado que “en Colombia un golpe de estado está en marcha”. Diversas voces han cuestionado al ejecutivo y lo han tachado de populista.
En los últimos tiempos, este concepto se ha estirado al punto de utilizarse como descalificativo contra cualquier personaje. No obstante, desde la Ciencia Polìtica este ha sido de los más estudiados en las últimas décadas debido a la aparición de varios liderazgos antisistema. Autores como Rovira, Mudd, Urbinati, Norris, Rosanvallon entre otros han conceptualizado sobre este concepto,
El populismo puede ser visto desde cinco aristas: a) estrategia política; 2) estilo de gobierno; 3) liderazgo; 4) partido; y 5) movilización. Ahora bien, se debe adoptar una de estas dimensiones para comenzar el análisis; seguido de la selección, entonces deben adoptarse categorías analíticas que comprueben o rechacen la hipótesis. En este caso particular, podría elegirse la variable del liderazgo para analizar al mandatario colombiano.
Para esto, Pierre Rosanvallon establece cinco elementos para identificar si un liderazgo es populista o no: 1) dicotomía hombre-pueblo; 2) apuesta por la democracia directa y la voluntad popular como última forma de democracia; 3) tiene visiones proteccionistas; 4) movilización emocional; y 5) habla sin intermediarios a su base política.
Partiendo de este escenario Gustavo Petro solo cuenta con una. Para ilustrar, el mandatario no se asume como la encarnación del pueblo y tampoco ha adoptado una forma personalista para ejercer el poder. Otro del cual carece es que no rechaza la democracia representativa y tampoco su vertiente directa, sus discursos están basados en su base partidista, el papel del Pacto Histórico y constantemente apela a que no tiene mayorías legislativas que le permitan sacar adelante sus informes.
Durante la campaña destacó la idea de llamar a un congreso constituyente, empero, la idea no se ha materializado. Comprobando que fue una estrategia populista de campaña para conseguir el mayor número de votos. El tercer elemento es el proteccionismo, pero Petro tampoco ha abogado por cerrar la economía e imponer un modelo de desarrollo proteccionista, sino que el mandatario asiste a foros internacionales en los que destaca la importancia de que en un mundo globalizado Colombia se vuelva un polo de desarrollo.
Además, carece de una comunicación sin intermediarios, ya que el ejecutivo hace ruedas de prensa, en las cuales están presentes los principales medios de comunicación. Incluso ha entrado en confrontación con los medios como Noticias Caracol o La Revista que han sido críticos de su administración. Cabe hacer hincapié en que Petro ha intentado sumarse al ciberespacio y postear mensajes en X (antes Twitter) donde tiene respaldo de su base social, pero no alcanza los niveles como el de Donald Trump o Nayib Bukele.
Hasta este punto, Petro carece de cuatro características que se utilizan para catalogar a un liderazgo como populista o no. Solamente cuenta, con el elemento de la movilización emocional de su base política, es decir, apela al sentimiento y aciertos dichos en los cuales él y su base conciben que está en peligro. Es cierto, que existe oposición de sectores de derecha y algunos de centro; esto ha sido utilizado por Petro como gasolina de su mensaje en el cual pretende victimizarse, muestra de ello, la retórica del golpe de estado que se ha traducido en el llamado a movilizarse para respaldarlo.
Derivado de este breve análisis, el mandatario no puede ser catalogado como un populista debido a que su perfil no concuerda con las categorías de análisis. A pesar de su pasado en la guerrilla, el M-19, esto no es un elemento fuerte para considerarlo populista. Luego entonces, surge la pregunta ¿Si Petro no es un populista, entonces qué es?
Existe otro concepto que es la demagogia, el cual también ha sido estirado y utilizado con una connotación negativa para descalificar a los actores políticos. Empero, en su definición politológica la demagogia aparece en la historia de la antigua Grecia, con Aristóteles y Platón quienes consideraban que era una deformación de la democracia, en la cual se instauraba la mayoría ignorante; otra definición es que desde la etimología, el demagogo es considerado como “el adulador del pueblo”.
Autores clásicos como Polibio consideran que el adulador del pueblo se caracteriza por apelar a los sentimientos y no a la racionalidad, lo cual sirvió para atacar a los poderes constituídos. Con el paso del tiempo y la llegada de la modernidad, la definición ha adquirido otros tintes que logran caracterizar que la demagogia es una técnica que se basa en el discurso y la movilización de las emociones.
En el siglo XXI los medios de información, las redes sociales, el bombardeo informativo y el ascenso de liderazgos carismáticos favorecen la aparición de demagogos. Estos sustentan su mensaje en falacias o argumentos modificados que les favorecen o sirven para victimizarse. Por ejemplo, concebir que las críticas a un gobierno son intentos para desestabilizarlo, inflar las cifras, llamar a movilizaciones porque existe una amenaza (que nadie ve) pero que apela a la defensa de la democracia.
Esto es lo que hemos estado viendo en Colombia, a pesar de que el CNE ha mencionado que en caso de confirmarse la recepción de dinero ilegal, solo se impondría una multa económica. No obstante, Petro y sus seguidores se están organizando para movilizarse y cuestionar a la autoridad electoral bajo el argumento del golpe de estado. Ahora bien, un concepto como este no puede ser utilizado a la ligera.
El golpe de estado implica una ruptura del orden legal y constitucional debido a la toma violenta del poder político, ya sea por parte de un grupo, partido o una persona. No obstante, en Colombia simplemente se está hablando de una investigación, pero nadie está proponiendo la destitución o encarcelamiento del ejecutivo. Petro con un mensaje demagógico y apelando a la movilización, intenta elevar el nivel de polarización e iniciar una disputa contra una institución.
Cabe destacar que no es la primera vez que ocurre, a inicios de este año Petro también atacó a la Corte Suprema acusando de que querían destituirlo. Sus simpatizantes salieron a movilizarse e intentaron ingresar por la fuerza a la sede del Poder Judicial; asimismo, ha mencionado que si los jueces están en su contra, podría tomar medidas como la reforma judicial para que las y los colombianos voten a los integrantes del Poder Judicial. En realidad lo que Petro hace es establecer un adversario común, osea instituciones, para ganar mayor respaldo y polarizar el ambiente.
En conclusión, lo que estamos presenciando en Colombia es a un presidente con un discurso demagógico que aspira a ganar respaldo a través de la victimización. También se comprobó que no es un populista como muchos afirman ya que carece de los elementos básicos para ser catalogado como tal. Finalmente, lo que busca es establecer una disputa en la opinión pública entre las élites frente a la izquierda que él encabeza.
