
Sebastián Godínez Rivera
En el mundo existen diversos países que no necesariamente son considerados democracias, pero tampoco autoritarismos. Al contrario, desde la Ciencia Política analizar desde blanco y negro sería un error; por eso existen algunas categorías conceptuales que permiten estudiar naciones que no son libres en su totalidad, pero tampoco existe un autortiarismo pleno.
Ante estos fenómenos ha surgido el concepto de democracia con adjetivos, que hace referencia a las particularidades de los sistemas que imperan en los países. Uno de ellos fue acuñado en 1997 por el politólogo Fareed Zakaria, democracia iliberal, el cual sirve para describir la separación de la democracia electoral y las libertades civiles. Es decir, las naciones pueden tener elecciones periódicas, pero no necesariamente libres, transparentes, íntegras y secretas.
A esto se suma el poco respeto hacia las libertades civiles: se persigue a la oposición, no hay diversidad de fuentes de información, la libertad de prensa está asediada por el poder, en algunos casos los cargos electos no son respetados y la división de poderes se ha erosionados. Cabe destacar que esto no es una dictadura, porque una fuerza política no ocupa la totalidad del espació público; sino que aún existen espacios para disentir.
Zakaria inspiró su definición en el caso de estudio de Viktor Orbán, el Primer Ministro húngaro quién se asume como un demócrata iliberal. En palabras del mandatario esto significa que “Hungría cuenta con un Estado, pero que no comulga con los valores del liberalismo. No rechaza la libertad, pero no consideramos que esta ideología deba ser punto central del país.” (Orbán, 2015).
Asimismo, el surgimiento de una democracia iliberal no depende del régimen, estas pueden nacer en el seno de una democracia consolidada o en un régimen autoritario. Principalmente, luego del desplome del socialismo real en 1991 y la desintegración de la Unión Soviética, varios países del este transitaron hacia sistemas parlamentarios y a una economía de libre mercado. Sin embargo, esto no enmendó los problemas heredados del autoritarismo y aparecieron partidos o liderazgos que sedujeron a la población con un discurso autoritario.
Ahora bien, el concepto de iliberal no puede, ni debe ser estirado para analizar a todos los países por igual. Por eso, algunas entidades como Freedom House se ha dedicado a medir los índices de democracia y libertades civiles; en sus informes han encontrado que han gran variedad de democracia iliberales que pueden ser catalogadas desde que las que se asimilan más a una democracia hasta las que son autoritarismos disfrazados.
El caso más conocido es Hungría con Viktor Orbán, pero existen otros como el caso de Erdogan en Turquía; Vladimir Putin en Rusia, Bangladesh bajo Sheik Hasina, Bulgaria con Rumen Radev por mencionar algunos. Es importante mencionar que las democracias iliberales no siempre tienen un líder a la cabeza, sino que un partido político también puede ser considerado como un actor iliberal, por ejemplo, Ley y Justicia en Polonia o el Partido Acción Popular de Singapur durante los años 60 y 70 del siglo XX. No obstante, si existe una relación entre partidos, liderazgos y el populismo como promotores de valores iliberales de acuerdo con los politólogos Cas Mudde y Cristóbal Rovira Kaltwasser.
El populismo entendido como un agente que deteriora la democracia y sus valores liberales; si bien, este surge en contextos democráticos porque expone la exclusión de grandes sectores sociales, en su actuar ya no es democrático.El populismo considera que las mayorías mandan y por ende no debe haber respeto a minorías o a otros sectores que tienen cabida en la sociedad. Bajo esta premisa, los populistas se visten de ropajes democráticos y con ello implementan políticas autoritarias.
Lo que hacen es que en nombre del “pueblo” socavan el pluralismo, la división de poderes y debilitan las instituciones que fungen como contrapeso. Algo que caracteriza a las democracias iliberales es que intentan establecer un aura cuasi hegemónica para sacar adelante su agenda de gobierno. Esto implica que desarrollan un nivel de intolerancia hacia otras posturas.
Este concepto fue desarrollado con el objetivo de estudiar modelos que conjuntan elementos democráticos y autoritarios. Algunos politólogos como Steven Levitksy, Lucas Way, Marc Planttner y Michael Miller consideran que un es un concepto que ayude al análisis político. Asimismo, consideran que si un país no tiene elecciones libres, competitivas, libertad de prensa etc lo cual consideran que llamar democracia a países que no cuentan con los elementos antes mencionados es una contradicción conceptual.
Finalmente, es importante mencionar que si bien estas categorías no son absolutas, sirven para tener un mejor panorama y analizar de forma particular algunos casos. Sobre todo, en un momento donde el mundo está presenciando el ascenso de liderazgos que socavan la división de poderes y el pluralismo, pero no se consideran autoritarismos plenos. No obstante, estos regímenes tampoco son estáticos, estos pueden transitar hacia modelos más autoritarios o hacia la democracia.
