
Sebastián Godínez Rivera
Bolivia es un país que ha sido gobernado de forma casi ininterrumpida 19 años por el partido Movimiento Al Socialismo (MAS) del expresidente, Evo Morales Ayma (2006-2019). Desde 2006 que tomó el poder, hasta la crisis de 2019 que terminó con su renuncia y salida de la nación andina; seguido por un breve interinato de Jeanine Añez (2019-2020) del Partido Demócrata Cristiano; y actualmente es gobernado por Luis Arce Catacora electo en 2020 y que dejará el poder en agosto de 2025.
Sin embargo, el país ha estado desde 2022 inmerso en una serie de crisis políticas derivado de la celebración extemporánea de las elecciones judiciales; las disputas internas en el MAS entre Morales y Arce; la salida del expresidente de su propio partido y su intención de competir por otro; la sentencia que determinó su inhabilitación para contender por un nuevo mandato en 2025; y la atomización de las fuerzas progresistas. Esto ha generado que el país se vuelva inestable, pero no por todas las decisiones enunciadas, sino porque todas llevan a un mismo objetivo, Evo Morales.
Bolivia es la muestra de cómo un país construído a la imagen y semejanza de un líder político puede llevar a la caída del propio.Por ejemplo, con la reforma a la Constitución de 2008, Morales introdujo la elección por voto popular de los principales tribunales del país, su objetivo no era democratizar sino hacerse con el control del Poder Judicial y lo logró. Sin embargo, han llegado perfiles que pueden ser clasificados como opositores al evismo, por lo tanto, han dictado sentencias que le impiden participar en las elecciones.
Ahora bien, esto no significa que Morales deba participar, sino que la reelección indefinida es un tema que llevó a su caída en 2019 cuando perdió un referéndum en el que preguntó a la ciudadanía si debería contender por un tercer mandato. A esto se suma el fantasma de la reforma constitucional de 2008 cuando el entonces presidente se reeligió argumentando que era una nueva Carta Magna, lo mismo pasó en 2015 argumentando que la ley le permitía un nuevo periodo porque se introdujo la reelección consecutiva.
Estos primeros elementos representan un arma de doble filo para el líder indígena: 1) la captura del Poder Judicial le permitió alinearlo con su posición política e ideológica, pero más tarde estos mismos jueces politizados terminaron por cerrarle el paso para un nuevo mandato; y 2) los cambios constitucionales y la interpretación de reelección indefinida terminó con protestas violentas en 2019 y gestó una crisis interna en el seno del MAS que perdura hasta hoy en día.
Morales sometió a un poder y a la Constitución en aras de construir un régimen basado en su personalidad, lo cual se traduce en el debilitamiento de actores e instituciones, ósea, el sistema político. Durante mucho tiempo, el evismo fue visto como un gigante todopoderoso que no podía ser vencido por la vía electoral; sin embargo, la aparición de tensiones en el régimen personalista ha demostrado que algunos autoritarismos no son tan sólidos como parecen, sino que terminan siendo desgastados por las propias contradicciones de este.
Con los comicios de 2020 en los cuales Luis Arce Catacora, cercano a Morales y militante del MAS resultó electo presidente, empero, esto abrió una pugna entre el líder personalista y el presidente constitucional. El expresidente planeaba tutelar el gobierno de Luis Arce y con ello continuar con la construcción de su candidatura para 2025 con la cual el líder aymara volvería al poder.
Sin embargo, las constantes críticas de Morales al gobierno en turno y la pugna por el poder terminaron fragmentando a la coalición gobernante, al punto que el artífice del régimen comenzó a desestabilizar al régimen mediante bloqueos y movilizaciones. Este punto es importante porque cuando el líder personalista comienza a desconocer su propia edificación, esta se vuelve más endeble porque descansa no en un poder tradicional o legal, sino en su propia aura.
La confrontación entre el expresidente y el presidente, desnudó que el régimen no era tan sólido como parecía y que la lucha entre el carisma y lo legal solamente desgastaba al partido. Primero porque Morales denunció la traición al movimiento y la implantación del neoliberalismo en el país; y segundo, que su inhabilitación era una excusa para entregar el país a los extranjeros.
Esto obligó a que en medio de la pugna, Arce convocara una consulta para saber si debía continuar la reelección indefinida o no; el máximo tribunal confirmó la sentencia que impedía la permanencia en el poder más allá de un mandato consecutivo, por lo tanto, la consulta ya no fue realizada. Lo cual fue un golpe político para Morales, pero no el último, puesto que amagó con fragmentar al MAS, quien meses antes ya lo había nombrado su candidato.
Derivado de la lucha de facciones, se celebraron elecciones en el partido, en las cuales resultó electo Grover García como dirigente del partido y cercano a Arce. Esto generó una implosión dentro del MAS, puesto que el ejecutivo en turno propiciaba otra derrota a su mentor político. La pérdida del control partidista significó el debilitamiento del evismo, puesto que el vehículo político que construyó le fue arrebatado e incluso se oponía a sus intentos de volver al poder.
Morales acusó a Arce de derechizarse y traicionar el proceso revolucionario, pero más allá de las declaraciones, lo cierto es que el MAS es un partido personalista que orbitaba alrededor del expresidente. Este tipo de institutos políticos tienden a la fragmentación debido a la dependencia que tienen con un líder carismático. Esto ha llevado a la salida de Evo del partido y con ello parte de la militancia salga de las filas masistas.
Por último, Evo Morales intentó postularse por un pequeño partido llamado Evo Pueblo, el cual no tiene personalidad jurídica por lo cual, no podía competir como abanderado de este. A esto se sumó la firma de una alianza con el Partido de Acción Nacional Boliviano el cual está inhabilitado y además, no pudo inscribir a tiempo al exmandatario. Morales por primera vez quedó fuera del escenario político en casi dos décadas.
Demostrando que los regímenes personalistas tienden a caer por la erosión de los liderazgos que los gestaron. Morales coptó todos los poderes del país bajo el argumento de la transformación plurinacional que hoy lo ha dejado fuera del tablero político. Demostrando que el carisma no se hereda y que los cambios tarde o temprano pueden ser contraproducentes y desestabilizar al régimen.El evismo fue visto como un gigante imbatible que derrotó a la oposición en todas las elecciones, pero han quedado al descubierto sus pies de barro.
