
Por Alberto Pacheco
El deporte favorito de la mayoría de políticos en México, es PROMETER, y encima, prometer cosas que están muy por encima de lo que sus hojas de vida –experiencia, habilidades y competencias- respaldan; como si la consecución de resultados ambiciosos, fueran producto, simplemente de la fe o como ahora están muy acostumbrados, por decreto o convenios.
Durante las pasadas elecciones en las que resultó ganador el hoy Gobernador, Alejandro Armenta, una de las propuestas que hizo resonar con más fuerza, fue la de hacer de Puebla, el Silicon Valley número 1 de México, incluso, algunas veces mencionó que, de toda Latinoamérica, algo que por supuesto, a simple puesta de orejas, resultaba cautivador, y es que, cómo no ilusionarnos con que en Puebla, finalmente se hiciera realidad la eterna promesa del desarrollo y encima, alineado a las grandísimas disrupciones tecnológicas que lideran y rigen nuestro mundo.
Lamentablemente, la realidad termina por imponerse, y no quiero decir con esto, que eventualmente, en algún momento a futuro, Puebla no pueda convertirse en un hub de desarrollo tecnológico, pero mientras la idea no parta de un diagnóstico preciso y sobre todo, un plan estratégico a largo plazo –NO MENOS DE 15 AÑOS- no dejará de ser, solo un sueño guajiro.
Porque algo que queda claro, es que quien o quienes le hayan vendido la idea a nuestro gobernador, sobre el Silicon Valley poblano, o lo hicieron por ganarse sus afectos o como dice el dicho, “solo por convivir”, sin siquiera dimensionar medianamente, las consecuencias que tendrá, que al final de su mandato, estemos exactamente igual –o peor- de como comenzamos, porque algo que les puedo asegurar, es que a nadie y menos a la raquítica oposición, se les va a olvidar esta grandilocuente promesa.
De entrada, en este momento, Puebla atraviesa por una de las mayores crisis que se hayan tenido y basta con echarle un vistazo a los datos, que rompen cualquier subjetividad.
Veamos…
Puebla ocupa el penosísimo lugar 28 en competitividad, con una tasa de informalidad del 72%.
Somos junto a Guerrero, Chiapas, Tlaxcala y Veracruz, la Entidad con los sueldos más bajos de México.
Somos la sexta entidad con mayor precariedad laboral, adonde el 74% de poblanos no pueden o se les dificulta tremendamente cubrir la canasta básica y no básica.
Pese a ser la tercera Entidad con más actividades económicas, somos la séptima con menor complejidad económica.
Con más de 300 universidades, apenas y menos del 2% de egresados universitarios, dominan una lengua extranjera.
Aunque tenemos una concentración alta de empresas del sector automotriz, las actividades desarrolladas son meramente de ensamblaje, y no es lo mismo ARMAR QUE CREAR, pues la cantidad y complejidad de habilidades productivas entre ambas actividades no tienen comparación alguna.
Y encima, la inflación se ha vuelto a disparar y el crecimiento esperado para 2025, será en el mejor de los casos, del 0.2%, es decir, NADA y para acabarla de amolar, la tasa de desempleo se elevó a casi el 3%, aunque en realidad, es mucho mayor.
Con lo anterior, la primera encomienda debería haber sido, entregar un diagnóstico preciso del punto de partida sobre el cual se planea convertir a Puebla en un Silicon Valley.
La segunda tarea, debió haber sido, tener la curiosidad de estudiar cómo ciudades como Medellín, Tallin, Varsovia, Tel Aviv, y prácticamente, todas las ciudades chinas, se han convertido en centros que reciben y crean a las mejores empresas de tecnología del mundo y se hubieran dado cuenta que:
Fueron procesos no menores a 15 años o más.
Que lo primero que hicieron, NO FUE DECRETAR sino trabajar estratégicamente en el diseño de una política industrial inclusiva y focalizada.
Que destinaron inversiones multimillonarias a la investigación y al desarrollo de mano de obra altísimamente cualificada en el sector tecnológico, mediante transferencias directas a los centros educativos.
Que alinearon a empresarios locales para que formaran fondos de CAPITAL DE RIESGO, dispuestos a financiar IDEAS.
Que el Estado aceleró el desarrollo de las startups locales mediante la compra pública.
Que eliminaron la excesiva regulación del Estado y crearon paquetes de incentivos agresivos para la creación y llegada de empresas de base tecnológica.
Que incentivaron la llegada de startups y talentos de fuera, mediante la construcción de centros de innovación tecnológica sin costo, además de suelo corporativo, con la única obligación de compartir sus conocimientos con el ecosistema de emprendedores locales.
Que mejoraron la seguridad, la conectividad y los servicios públicos de manera radical.
Y sobre todo, que quienes por parte del estado, lideraron la construcción de dicha visión, fueron los más destacados profesionales a nivel técnico y no, los burócratas de siempre, amigos o compadres.
Teniendo en cuenta lo anterior, ¿alguna de las acciones de nuestro actual gobierno pareciera realmente estar encaminada a convertirnos en un Silicon Valley?
¿Nuestros funcionarios encargados de articular dicha visión, son realmente los más destacados profesionales en dichas áreas del conocimiento?
¿Se está impulsando la creación de una sólida base nativa de startups?
¿Se destinó en el presupuesto Estatal una cantidad de recursos realmente acorde a dicha visión?
¿Se abrió la compra pública para incentivar la llegada o desarrollo de startups?
¿Se presentó algún paquete de incentivos agresivos para estimular la llegada de talento y/o empresas de base tecnológica?
O al menos ¿se les ha preguntado a empresas como Amazon y Alibaba por qué establecieron sus centros de datos en Querétaro y no en Puebla?
Si no somos capaces de responder de manera categórica, alguna de las anteriores interrogantes, es que definitivamente, no está pasando.
Mientras en Puebla no tengamos en primera instancia, un ecosistema tecnológico nativo medianamente desarrollado, que reduzca nuestra brecha en cuanto a competencias productivas de alto valor añadido, será imposible atraer y retener talento y ni qué decir, de convencer a las empresas tecnológicas de que se establezcan en Puebla.
Y sin talento y empresas/startups que desarrollen innovaciones, no hay paraíso o mejor dicho, no habrá Silicon Valley Poblano.
Con lo anterior, no pretendo ser pesimista o descalificar a nadie, por supuesto que Puebla puede convertirse en un Silicon valley, pero no será en 6, ni 12 o quizá ni en 20 años, y eso ni siquiera es lo más relevante, lo que verdaderamente importante es que se comience a sembrar de manera decidida, desde ya, entendiendo que para llegar al 10, primero hay que comenzar a transitar desde el 1 y dejar de soñar en que podemos pasar del simple armado de vehículos, al diseño y fabricación de micro chips, solo por decreto, sin antes desarrollar bien nuestros músculos, dejar que crezcan lo suficiente nuestras extremidades y sobre todo, que nuestros cerebro, comience a entrenarse y a desarrollar más y mejores habilidades de manera progresiva y sostenida.
Así es como se han creado los distintos Silicon Valley del mundo, ni más, ni menos…
Nos vemos cuando nos leamos.

Excelente columna!!
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