
Sebastián Godínez Rivera
Camerún es un país situado en el África Central que perteneció a Francia y se independizó en 1960. Es una de las naciones más pobres, sin embargo, sus problemas no solamente se enmarcan en lo económico, social y cultural, sino que parte de estos tienen un marcado tinte político. El país sólo ha tenido dos presidentes desde que se independizó en los años sesenta y se unificó en 1984; su primer presidente fue Ahmadou Ahidjo, gobernó desde 1960 a 1982 cuando por problemas de salud tuvo que dejar el cargo.
A este le sucedió Paul Biya quien fue Primer Ministro del país de 1975 a 1982 y luego asumió la presidencia del país hasta hoy en día. El ejecutivo se ha hecho conocido porque con 92 años aspira a contender por otro mandato presidencial, luego de ejercer el poder desde hace 42 años. Enfrentó un intento de golpe de estado en 1984 impulsado por su predecesor Ahidjo, pero éste fracasó, en consecuencia Biya impulsó una purga entre el ejército para consolidar la lealtad y su poder.
Desde que asumió el poder, impulsó un programa de desregulación económica, privatizaciones y reducción del gasto social; como varias naciones del mundo en ese momento el Consenso de Washington a través del Fondo Monetario Internacional y el Banco Mundial impusieron su proyecto económico. Biya se negó a celebrar elecciones desde 1982, pero en 1990 la comunidad internacional presionó para que Camerún tuviera comicios en los cuales resultó vencedor.
Cabe destacar que el mandatario se ha mantenido en el poder debido al apoyo y la influencia de Francia en la economía de dicho país. Como una ex colonia, Camerún mantuvo una dependencia con la metrópoli así como otras naciones africanas; la dependencia económica nunca se fue. Esta dependencia es muestra de lo que los teóricos como Ruy Mauro Marini, Theotonio Dos Santos y Vania Bambirra cuestionaron las condiciones en las cuales países del tercer mundo se insertaron al modelo capitalista.
Biya se ha mantenido en el poder a través de la violencia, la corrupción y sobre todo, con su modelo de “democracia desde arriba”, implantado en 1990 cuando disturbios sociales y la oposición pedían su dimisión. Este modelo se caracterizó por celebrar elecciones que no eran limpias, transparentes, ni íntegras al contrario, solo servían para legitimar la permanencia del presidente en el poder.
Se erigió un sistema multipartidista para 1992, se llevaron a cabo elecciones parlamentarias en las que la oposición ganó la mayoría y nombró a un primer ministro opositor, Bouba Maigari. En octubre de ese mismo año se celebraron comicios presidenciales en los cuales resultó vencedor; el presidente optó por frenar la transición a la democracia y restablecer el autoritarismo. Para 1996 se aprobó una nueva Constitución en la cual extendió la duración del mandato de cinco a siete años.
Para 1997 ganó su tercer mandato en medio de persecuciones políticas, hostigamiento a la oposición y comisión manchados por el fraude. Piya para reducir la tensión optó por ceder algunos espacios a miembros de la oposición en su gobierno, lo cual fue denominado como apaciguamiento. Luego en 2008 ganó otros comicios con los cuales se ha afianzado en el poder como el segundo hombre más longevo en el poder; el primer lugar lo tiene el presidente de Guinea Ecuatorial, Teodoro Obiang, de 83 años de edad, quien gobierna con mano de hierro desde 1979.
En 2017 enfrentó uno de los momentos más tensos en el gobierno, algunos líderes separatistas anglófonos declararon la independencia de las dos regiones del país, llamando al nuevo estado Ambazonia. La situación detonó un conflicto armado abierto entre los separatistas y las fuerzas gubernamentales que se prolongó durante años. Biya lanzó un diálogo nacional en 2019 en un intento por poner fin a la agitación; de este evento surgió la creación de una designación de estatus especial para las dos regiones anglófonas, que ostensiblemente les proporciona un mayor nivel de autonomía.
Piya ha envejecido junto con todo su gabinete y el congreso, cerrando la mayoría de los espacios para otros actores políticos de mayor vitalidad. Camerún se ha transformado en una tiranía gerontocrática, es decir, un régimen autoritario con ancianos a la cabeza. La permanencia de estos abre la puerta a la inestabilidad, puesto que a pesar del desgaste físico, otras fuerzas presionan para hacerse con el poder, lo cual puede derribar al gigante con pies de barro.
Camerún es una de las naciones atípicas en las que un presidente se mantiene en el poder sin que un golpe de estado lo deponga. No obstante, la autocracia piyanista no está hecha de acero, al contrario, la historia ha demostrado que estos regímenes envejecen a la par que sus líderes. Así como la Unión Soviética se suavizó tras la muerte de Stalin; el castrismo en Cuba intenta sobrevivir tras la muerte de Fidel Castro; el sandinismo en Nicaragua envejece de la mano de la dupla Ortega-Murillo; o la vitalidad se esfuma de Guinea Ecuatorial junto a Obiang.
Camerún no será la excepción, porque a pesar del férreo control que mantiene Piya sobre el sistema político, lo cierto es que no hay personajes que puedan darle continuidad por dos razones: 1) no se han formado los cuadros políticos para un relevo; y 2) el régimen carece de una ideología que cohesione a políticos; si bien existe una mentalidad autoritaria como escribió Juan Linz, la cual es más endeble y carece de elementos rígidos para mantener el poder, a diferencia de una ideología.
Incluso el país por sus características puede ser catalogado como un régimen sultanístico de acuerdo a Linz y Stephan “la realidad esencial en un régimen sultanístico es que todos los individuos, grupos e instituciones están sujetos permanentemente a la impredecible y despótica intervención del sultán, y en consecuencia, todo pluralismo es precario”. Piya tiene el control de los espacios de representación, opinión pública y la administración pública, pero no así de la vida privada.
Un régimen carente de ideología que solamente aspira a mantenerse en el poder a través de las urnas sin relevos, sin crecimiento económico, presionado por lógicas independentistas y con una gerontocracia autoritaria. Este es el Camerún de Paul Biya, el sultán que se presentará a los comicios del 12 de octubre de este año, por un octavo mandato.
