
Gerardo Fernández Noroña, político mexicano y presidente del Senado, es señalado por su hipocresía al traicionar los ideales de austeridad que alguna vez defendió. Mientras predicaba justicia social y lucha por los desposeídos, hoy gana más de un millón de pesos mensuales y disfruta lujos como salas VIP en aeropuertos, compras en supermercados de élite y viajes en primera clase. Este cambio de narrativa, donde ahora defiende su “libertad” de gastar, indigna a quienes ven su incoherencia. El texto lo acusa de dar la espalda a López Obrador, su antiguo aliado, para reposicionarse rumbo a 2030, ante el creciente poder de Claudia Sheinbaum y posibles investigaciones contra políticos cercanos al ex presidente. Noroña, según el autor, protege a los hijos de AMLO mientras critica selectivamente a otros, mostrando un doble discurso. Además, se le reprocha su actitud arrogante: desde agredir verbalmente a ciudadanos que lo confrontan hasta exigir disculpas públicas a detractores, evidenciando un abuso de poder. Su reciente negación de las desapariciones forzadas en México, contradiciendo informes de la ONU, minimiza el dolor de víctimas y colectivos como las madres buscadoras, traicionando su supuesto compromiso con la justicia social.El texto lo compara con los cerdos de Rebelión en la granja de Orwell, acusándolo de ser un oportunista que, al llegar al poder, olvida sus promesas con un simple “cambié de opinión”. Su comportamiento—mentiras, excesos y narcisismo—lo pinta como un político incoherente que prioriza intereses personales sobre el bienestar del pueblo. México, concluye el autor, merece líderes congruentes, no oportunistas que cambian de bandera cuando el viento político cambia.
