
Deshilar la vida no es sencillo, sobre todo cuando se recapitula hacia esos momentos recientes, donde se dio una lucha digna, hasta el final.
Una de las mujeres que formaron parte de ese movimiento de resistencia judicial es la jueza Marlen Ángeles Tovar quien, con 22 años en la carrera judicial se siente satisfecha de su batalla personal que libró desde su peligroso Culiacán, Sinaloa y luego desde la Ciudad de México, donde se sumó al resto de sus compañeros.
Soy una persona que día a día se está construyendo. No me gusta etiquetar a las personas ni que me etiqueten, porque a partir de las circunstancias es importante tener la flexibilidad para enfrentar los retos que se nos presentan. Creo en la capacidad de evolucionar, no quedarnos estáticos. Hoy cuando hago un análisis de todo lo que hemos vivido quienes participamos en la resistencia por la defensa de la autonomía del poder judicial, puedo decir que no soy la misma.
De manera personal, considero que seguimos enfrentado una situación difícil, porque la gente sin conocernos nos juzgó, nos sentenció, sin que se respetara ninguna formalidad mínima. No nos llevaron a juicio, a un procedimiento, hemos recibido calumnias, nos han gritado en la calle, en redes sociales nos insultan. La gente nos dice que no hacemos nada, que somos corruptos, por lo que ha sido un reto para mí, tener claro quién soy. Y puedo decirlo y gritarlo, soy una mujer con dignidad que lucha por la justicia, porque estoy convencida que México, merece vivir de otra manera.
En Sinaloa he visto que tenemos gente trabajadora, solidaria que se las ingenian para salir adelante día a día por sus hijos y para satisfacer las necesidades de salud, de seguridad como las que enfrentamos en Culiacán, pero a pesar de todo esto, buscamos reinventarnos día a día.
Un matriarcado de mujeres fuertes y luchonas
Vengo de un matriarcado de mujeres que han luchado mucho. Mi abuelita nació en una comunidad de Tlaxcala donde nunca aprendió a leer ni a escribir, pero a pesar de eso, a los 12 años llegó a la Ciudad de México para trabajar en una casa. Ella deseaba una mejor vida para sus hermanas, y las fue apoyando para que también encontraran trabajo en la capital.
Mi mamá conoció a mi papá a los 15 años y fue un shock para ella, porque aún era una niña. Mi papá se desentendió de nosotros y mi mamá fue quien con dos trabajos logró sacarnos adelante. Es por ello que a mí me define esta lucha de género donde cada una ha puesto de su parte para tener un futuro diferente.
Lo que aprendí de las mujeres de mi casa es que nosotras podemos aportar a la sociedad. A mi mamá y a mi abuelita les tocó vivir tiempos donde las mujeres no tenían voz. Se criticaba ser madre soltera y a pesar de todo eso, ellas salieron adelante, por lo que puedo decir que me inculcaron el amor por el conocimiento. Para mí es un orgullo venir de mujeres súper valientes que se enfrentaron a un mundo construido para hombres. Rompieron estereotipos de género porque se dedicaron a profesiones que no eran habituales. Mi mamá y mi madrina desde los 12 años empezaron a practicar taekwondo.
¿Cuál fue la mejor enseñanza que dejaron en tu niñez, estas mujeres que rompieron estereotipos?
El amor por el conocimiento. Mi mamá siempre nos habló con realidades a pesar que éramos niños, y eso generó una consciencia social en nosotros. Nos decía no tengo dinero para comprar los útiles escolares, pero vamos a vender algo y podremos comprarlos.
Mi hermano y yo íbamos al tianguis a vender naranjas y chiles. Vendíamos en un tianguis que está a un costado del mercado de bola en la alcaldía Coyoacán.
Y con esa consciencia social que mi mamá nos fomentó, quise estudiar, prepararme para salir adelante y ayudar a mi familia. Ninguno de ellos era profesionista, pero me decían que el estudio era la gran herramienta. Obtuve becas en la secundaria y en la prepa. Me preparé para hacer mi examen en la UNAM con una guía prestada que consiguió mi mamá y solita me puse a estudiar para entrar a la facultad de derecho.
Desde la secundaria tuve claro que quería estudiar derecho porque escuchaba que así podías defender a las personas.
Me tocó ver varias arbitrariedades con la gente que vivía en el barrio como desalojos. Mi mamá trabajó muchos años en una lechería de Liconsa y había muchas mujeres que enfrentaban violencia.

Es un orgullo venir de mujeres súper valientes que se enfrentaron a un mundo construido para hombres. Rompieron estereotipos de género.
“Amparar” contra las injusticias
Desde hace dos años y medio, Marlen es jueza de amparo, una responsabilidad que ha sido no sólo su profesión, sino una misión de vida para que, a través de la justicia, muchos ciudadanos hayan tenido la posibilidad de tener derecho a vacunas, medicamentos y otros beneficios sociales y jurídicos.
Ser jueza de amparo me ha permitido proteger los derechos de muchísimas personas que enfrentan situaciones similares a las que vi en mi niñez. Con el amparo se tiene la facultad de obligar a una autoridad a dar atención médica a una persona. Todas mis horas de trabajo han valido la pena, pues a pesar que estoy cesada, creo que esto me ha mantenido al saber que puedo aportar algo a la sociedad con mi trabajo como proteger los derechos y libertades de personas.
Mi responsabilidad como jueza de amparo me la arrebataron con una reforma judicial donde a los políticos no les interesó escucharnos.
Con una perspectiva muy social, la jueza Marlen refiere la lucha en la que participó para que los niños migrantes que nacen en territorio nacional, tengan una seguridad jurídica a través de contar con sus actas de nacimiento.
La defensoría pública promocionó un juicio de amparo por omisión legislativa, ya que no se ha creado una ley que establezca que los niños hijos de padres migrantes nacidos en México, tengan derecho a ser registrados de manera ágil y sencilla.
Esto es sumamente grave porque sin un acta de nacimiento no existes. Es decir, no tienen derecho a la salud, a la protección. Las propias autoridades trataron de que el juicio fuera improcedente.
Esta homologación no se ha hecho porque argumentan que “no presentan a un niño concreto, pero cómo hacerlo, sino cuentan con acta de nacimiento. Esto está establecido en la Constitución, sobre todo para los grupos vulnerables. Y entonces, buscamos decirles que sí hay un interés legítimo porque la defensoría pública desde la Constitución tiene ese mandato de proteger a los más vulnerables y esa es la idea de que puedan ir al juicio de amparo para defender sus derechos y que les den el acta de nacimiento.
Después de tantos obstáculos de parte de las autoridades, se logró esa determinación para que el congreso apruebe una ley que homologue en todos los estados del país los requisitos que les piden a los padres para obtener un acta de nacimiento. Sin embargo, esto no se ha cumplido porque la ley no se ha expedido. Las autoridades buscaron sobreseer el asunto, pero no lo lograron. La justicia de la Unión ampara y protege a los niños migrantes.
Esta sentencia me marca mucho, porque yo misma fui una niña con carencias, que viví pobreza, miseria y marginación. Por ello, esta lucha por los niños migrantes ha sido una reivindicación no sólo hacia ellos, sino hacia mi propia historia.
En un ejercicio de autocrítica, la jueza Marlen habla de la impunidad, la corrupción y la falta de transparencia en un poder judicial que debió enfrentar en su momento todos los señalamientos ante una sociedad que desconoce aún, la organización y diferencias entre juzgadores, magistrados, ministros y las atribuciones de policías, jueces locales y fiscalías.
La política anticorrupción la debimos impulsar a través de trasparentar las acciones concretas para que la sociedad no tuviera dudas en las conductas que se estaban denunciando. Creo que toda la política anticorrupción se debió transparentar e invitar a la sociedad civil como observadora para que no quedara duda que estamos en contra de la corrupción y el nepotismo.
Hay que aclarar que la política del nepotismo parte de una autocrítica del poder judicial porque el estudio donde se detectaron casos de nepotismo, lo mandó a hacer el consejo de la judicatura y el responsable de elaborarlo fue Felipe Borrego Estrada, consejero.
Ante la ola de ataques diarios en la mañanera nos faltó comunicar y que se diferenciara el trabajo de las fiscalías, de los juzgados locales y federales. No estoy de acuerdo en que se nos ponga al mismo nivel de los juzgadores locales. Con todo respeto no somos iguales, pues en algunos juzgados de Sinaloa, por ejemplo, muchos de los que son titulares, están porque los puso el gobernador en turno y no por la carrera judicial.
También creo que faltó una coordinación entre poderes, pues no hay canales de comunicación entre quienes estamos involucrados en materia de seguridad, procuración e impartición de justicia. Eso es fundamental porque tenemos retos no sólo nacionales, sino internacionales como delincuencia trasnacional, cambio climático y migración.
Fuimos el villano favorito del sexenio anterior y lo seguimos siendo.
Nos faltó comunicar bien y oportunamente
Creo que la labor de difusión se intentó muy tarde. Fue muy ingenuo pensar que nuestras sentencias hablan por nosotros y que no necesitábamos salir a los medios a hacer aclaraciones, lo que fue un error. También debimos haber evolucionado. Fuimos el villano favorito del sexenio anterior y lo seguimos siendo.
Hay una tendencia en contra de los jueces, pues al poder nos le gusta que lo frenen. Debimos salir con una política renovada de comunicación social de una manera distinta a lo que hacemos. Aclararle a la sociedad cualquier duda que tuviera sobre la actuación de un juez o magistrado.
¿Cuáles fueron los momentos que más recuerdas en la lucha por la defensa de la autonomía del poder judicial?
Uno fue en Culiacán, en ese entonces ya había ocurrido la detención de El Mayo Zambada y el asesinato de Héctor Melesio Cuén Ojeda. Aún y con todo ese ambiente de temor, salimos a la calle a hacer brigadas de información y a hablar con colectivos, universidades y logramos armar una marcha distinta donde reflejamos la defensa de esa justicia para quienes nos acompañaron como las madres buscadoras y sabuesos guerreros.
Cuando llegamos a la culminación de la marcha, le dimos la palabra a una madre buscadora quien me pregunto ¿qué digo?, le respondí que lo que sintiera, lo que quisiera. Me dijo que nunca las habían tomado en cuenta, cuando ellas son las víctimas y tienen que ser las más escuchadas en este país. Fue una marcha para enviar un mensaje de esperanza.
El segundo momento que recuerdo fue el encapsulamiento a las afueras del autódromo Hermanos Rodríguez.
Fue el fin de semana cuando se realizó la Fórmula 1 y mis compañeros dijeron que llevarían brigadas de información.
De pronto camino al autódromo, algunos compañeros en los chats dijeron que los policías los estaban encapsulando, aunque eran muy pocos.
Ya estaba cerca y cuando llegué, eran muy poquitos como unos doce. Y aunque estaban en una esquinita, en la banqueta y tenían una manta en el poste, me impactó. Empecé a buscar al encargado del operativo para preguntarle por qué tenían encapsulados a mis compañeros. Los policías no me dijeron ni una sola palabra y traté de acercarme a mis colegas para tomarles sus nombres y promoverles un amparo, pero de la nada, yo también ya estaba encapsulada.
Vimos cómo llegó una tanqueta y más policías, lo que fue impactante para el número de personas que éramos. Además, no estábamos obstaculizando el tránsito a vehículos o peatones, pues el objetivo fue hacer sólo brigadas de información.
A los policías les dije que estábamos ejerciendo nuestro derecho a la libertad de expresión, les leí la Constitución y nos les importó. Fue impactante. Y les dije, soy jueza de amparo, esto no lo pueden hacer. Me dejaron ahí como dos horas. La presidenta Claudia Sheinbaum dijo que fueron unos minutos y no fue así.
¿Quiénes consideras que fueron los principales personajes que traicionaron al poder judicial mexicano?
Alberto Pérez Dayán y Arturo Zaldívar, fueron los primeros y los peores, porque hay gente de la política y la sociedad que desconocen lo que hacemos, pero ellos no. Se vieron beneficiados por el trabajo de la carrera judicial. Zaldívar cambió su discurso y Pérez Dayán negoció un cargo político o la impunidad.
¿Dentro de algunos años, cómo les contarás a los jóvenes lo que ocurrió con la reforma judicial?
Les diré que al grupo político mayoritario en México no le importó la justicia, lo que le importó fue cooptar a todos los poderes, para buscar impunidad, contrataciones públicas, callar a quienes piensan diferente, concentrar todo el poder político para que no hubiera contrapesos. Es más sencillo decir que el poder judicial es malo, villano y que todo es corrupción. Les diría que una gran parte de la sociedad se quedó sentada en el silencio, porque estaban cómodos recibiendo sus programas sociales que no les resolvían la vida. A esos jóvenes les contaría cómo con un discurso de “primero los pobres” lograron llegar al poder para ir eliminando autonomías y libertades.
Que la vergüenza cambie de bando y esté de lado de los que oprimen, que pisotean, que no les importa la dignidad de las mujeres y que son violentadores. En nosotras está la dignidad, la valentía, el orgullo.
¿En la lucha por la defensa del poder judicial, sientes que te faltó algo?
Siento que di todo, dejé alma y corazón, tengo la consciencia tranquila porque hice lo que estuvo en mis posibilidades. Busque tener un diálogo con la sociedad. Puse en riesgo mi integridad en un estado como Culiacán donde a pesar de eso salí a protestar y a alzar la voz.
Me siento frustrada de no haberle dado más importancia y tiempo a las redes sociales. Me faltó sumarme al esfuerzo que ya estaban haciendo algunos compañeros, pero mi tiempo estaba entre el trabajo, los colectivos, los universitarios haciendo brigadas. Siento que me faltó sumarme con más firmeza a esa estrategia que surgió de mis compañeros y que tampoco se impulsó desde el Consejo de la Judicatura.
¿Hacia dónde ves el rumbo de México?
Veo un rumbo complicado por las presiones internacionales, pero también espero ver los resultados de esos programas sociales con los que dicen se ha combatido la pobreza. Es urgente replantear una estrategia para cambiar la calidad de vida de las futuras generaciones. Vienen tiempos difíciles en la justicia social de la que tanto se habla, pero sí veo un riesgo de que los jóvenes del futuro enfrenten etapas de una gran pobreza.
¿Qué le dirías a esas mujeres que hoy en México también están librando otro tipo de luchas?
A las mujeres periodistas, feministas, madres buscadoras, juezas, les diría que es un honor compartir esta lucha y que vamos honrando el legado de esas mujeres que lucharon desde la cárcel, a quienes desde las fábricas se levantaron para tener mejores condiciones de trabajo, a las mujeres indígenas que están en Los caracoles en Chiapas y están buscando una organización autónoma que les dé una mejor calidad de vida. Yo creo que estamos honrando a todas esas mujeres. Y me siento muy orgullosa de haber alzado la voz, de no quedarnos calladas, porque hemos buscado ser sororas.
Que la vergüenza cambie de bando y esté de lado de los que oprimen, que pisotean, que no les importa la dignidad de las mujeres y que son violentadores. En nosotras está la dignidad, la valentía, el orgullo. Estamos tomando la batuta de todas esas mujeres que han luchado históricamente, lo estamos haciendo a nuestra manera y me siento orgullosa de eso.
¿Esto ya acabó o vas por una nueva resistencia personal?
La resistencia fue ante el embate de poder que sigue, pero voy a evolucionar, ahora me toca sumar con la sociedad civil para construir proyectos y ver de qué manera, por ejemplo, puedo ayudar a las madres buscadoras. Hay mucho que hacer en este país. También pretendo ir a la academia porque creo que toca formar y trasmitir a mi manera, el conocimiento y la experiencia adquirida en estos 22 años.
Es hora de pasar la batuta a las nuevas generaciones y buscar un nuevo pensamiento crítico en la sociedad.









