
Por Ruby Soriano
Los méritos de las mujeres deben reconocerse sobre todo cuando en la multiplicidad de funciones, demuestran que la compatibilidad entre la vida personal y las responsabilidades profesionales, se pueden lograr con un propósito: Disfrutar hacer y ser lo que por decisión propia elegiste.
La jueza Martha Alanís es una mujer que en cada palabra refleja la firme convicción de haber elegido bien una profesión que dignifica mirando hacia esas mujeres que encaran vulnerabilidad por enfrentar violencias, marginación o el implacable olvido de la sociedad.
Soy Martha Alicia Alanís Sánchez, nací en Tampico, Tamaulipas. Mis padres son Conrado Alanís Gómez y María de la Luz Sánchez Badillo. Fui hija única y crecí en un pueblo que se llama Congregación Anáhuac, Veracruz, situado cerca del municipio de Pueblo Viejo. Fui muy feliz en ese lugar. Amo mi tierra, pero no me gustaba la realidad que ahí se vivía, por ejemplo, muchas niñas no estudiaban, las escuelas no tenían una cancha, ni existía la infraestructura para que los estudiantes se desarrollaran. Por lo tanto, las jóvenes se casaban y hasta ahí llegaban.
Martha fue visionaria porque esa resistencia a seguir el patrón de las niñas del lugar, la impulsó a mover el instinto de los sueños para convertirlos en proyecciones de una adolescencia y juventud donde siempre contó con el respaldo y cobijo de sus padres.
Desde que tenía 3 años recuerdo a mi papá en su oficio como lanchero. No teníamos vehículo y él nos llevaba a cargar gasolina a un lugar cerca del río donde estaban los barcos camaroneros que salían al Golfo de México.
Para mí era divertido estar con mis papás, porque íbamos a todos lados, a la playa, al río. Aprendí a nadar en el Río Pánuco y todos esos recuerdos hoy me hacen valorar una infancia a plenitud, donde mis padres siempre estuvieron ahí, cerca de mí.
Uno de los grandes dolores que experimenté en mi niñez fue la pérdida de mi bisabuela. Ella vivía en Reynosa y cada mes me iba a ver para llevarme regalitos del mercado de la pulga, donde compraba cosas para vender. Fue una matriarca porque nos cuidaba a sus nietos y también tuvo ese sentido social para ser una mujer fuerte, que salió adelante con su propio esfuerzo y que le dio para ayudar a los demás.
En esta madurez que hoy vivo puedo decir con seguridad que tuve una infancia feliz que valoro mucho porque los recuerdos siempre te marcan como niña y esa atención que recibí de mis padres, es resultado de su entrega y amor incondicional. No vivíamos con lujos, teníamos una casa de madera, pero eso sí, mi mamá siempre la tuvo limpia y ordenada, para que vivir ahí fuera bonito.
Mis objetivos nunca tuvieron límite de tiempo
La Jueza pensó en algún momento ser Doctora para curar el cáncer, ya que esta enfermedad se llevó a su abuela, esa figura de protección que marcó su infancia rodeada de cariño. Su profesión la fue delineando con el rumbo que tomaron sus estudios, hasta que la vida le cambió los planes y muy joven se convirtió en madre, lo que para ella representó un gran reto, pero también el desafío de seguir con pasos firmes su camino hacia la carrera judicial.
Cuando mi abuela murió de cáncer pensé en estudiar medicina para encontrar la cura para esa enfermedad, pero no había dinero suficiente para una carrera tan cara y que bueno que no fue así, porque hoy amo y disfruto lo que hago.
Soy jueza de distrito desde el 1 de marzo del 2024, resultado de una acción afirmativa del Consejo de la Judicatura Federal donde salimos vencedoras 86 mujeres. Pero para llegar hasta aquí, inicié como oficial judicial en el juzgado noveno de distrito en Tampico, Tamaulipas en el 2002.
Nunca supe lo que fue ser meritoria, siempre tuve un nombramiento. Entendí que para realizarte de manera profesional no hay límite de tiempo y en esa etapa de mi vida, asumí conscientemente que deseaba darle prioridad a mi desarrollo como mujer y madre.
En el 2002 me casé, tres años más tarde nació mi primera hija y a los 29 años di a luz a la segunda.
La realización de las mujeres se puede lograr perfectamente cuando tienes claros los objetivos de vida. Y en mi caso, disfruté tener a mis hijas, sin perder de vista que mi ruta profesional no se debilitaba, por el contrario, adquiría más fuerza para consolidar mis propósitos y metas en mi carrera. Antes que naciera mi primera hija pasé mi examen de actuario, el de secretaria no lo pasé a la primera.
La realización de las mujeres se puede lograr perfectamente cuando tienes claros los objetivos de vida. Disfruté tener a mis hijas, sin que mi ruta profesional se debilitara
Una Jueza multifuncional
¿Qué fue lo más complicado de ser mamá, esposa y continuar con tu carrera judicial?
Los horarios porque estaba recién casada y salía todos los días a las 3 de la madrugada. Era un cúmulo de mucho trabajo. Ahí aprendí que no se trata de las cantidades, sino de la forma en que te organizas en tu juzgado.
Te puedo decir que quise ser jueza de distrito para demostrar que sí se puede compaginar la vida personal con esta noble labor que tenemos como servidores públicos.
En el desarrollo profesional creo que las mujeres tenemos esa sensibilidad, pero también congruencia para ejercer los cargos con la humildad y empatía. Nunca debemos perder de vista que quienes colaboran con nosotros son seres humanos que tienen sus problemas, sus propias historias de vida y que en ningún momento pueden ser tratados como robots, aunque tengamos jornadas largas de trabajo.
El primer día que llegué como jueza les dije a mis colaboradores, estoy aquí para que entre todos hagamos equipo y cumplamos con nuestra misión de servirle al justiciable.
Lograrlo siempre representa un reto antes que nada con la sociedad, con las personas que están esperando sentir los efectos de esa justicia que existe pero que a veces no la notan.
Recuerdo como de esas sentencias muy complicadas, la que se presentó cuando era Secretaria en Xalapa, Veracruz, donde por violación al procedimiento, tuvimos que conceder amparo a una persona que tenía un auto de formal prisión. Me costó mucho, pues el delito era por abuso sexual.
Y no es como luego nos dicen que nos encanta soltar delincuentes, también somos sensibles. Y ahora que estoy como jueza, los asuntos que más me cuestan son los de convivencia familiar, donde los pleitos de adultos repercuten en la vida de los menores.
De pronto también tienes el reto de explicarles que como adultos debemos buscar mediaciones porque a final de cuentas, ellos siempre serán los padres de los menores que están en una disputa legal y que en la mayoría de los casos, son quienes terminan siendo víctimas de sus progenitores.




Nosotros nunca fuimos políticos, no sabíamos de política. Es muy fuerte decirlo, pero la sociedad sigue desconociendo cuáles son nuestras competencias y responsabilidades.
Sin soberbia y con amor al Poder Judicial
Tuve el privilegio que me formara un Secretario en un juzgado y ahí aprendí a amar al poder judicial. Pero en la necesidad de hacer bien el trabajo, a él se le olvidó que éramos seres humanos. El día que se retiró, nos pidió disculpas por el trato y las circunstancias que muchas veces, con poca empatía, enfrentábamos para cumplir diariamente nuestro trabajo.
Y es como ocurre en otras esferas profesionales, cuando llegas a un puesto de poder, se te olvida el origen, es decir que alguna vez fuiste chofer, secretaria, asistente.
La carrera judicial demanda una preparación permanente porque no sólo es el compromiso con nosotros mismos, sino con los justiciables, quienes merecen que tengamos los conocimientos y la preparación para hacer bien nuestro trabajo.
Antes que se consumara la reforma enfrentábamos las críticas donde se nos etiquetaba de elitistas, de soberbios, de mandarnos solos. Eso no es verdad.
En el poder judicial somos sujetos de un escrutinio y rendición de informes que son resultados de las revisiones que cada seis meses se hacen a cada órgano jurisdiccional. Hay que seguir procedimientos, presentar nuestras declaraciones patrimoniales, es decir, transparentar lo que hacemos, cómo lo hacemos y qué resultados damos.
Haciendo un recuento de las acciones que hace un año juzgadoras, juzgadores, magistrados y trabajadores del Poder Judicial emprendieron para reprobar la reforma, es conveniente mencionar las voces que criticaron la tardía reacción de un gremio. La jueza Martha recapitula y pondera que la responsabilidad de su gremio era hacer justicia, no política.
Nosotros nunca fuimos políticos, no sabíamos de política. Es muy fuerte decirlo, pero la sociedad sigue desconociendo cuáles son nuestras competencias y responsabilidades. Nos siguen confundiendo con procuradurías, fiscalías, ministerios públicos y con jueces de paz que nada tienen que ver con el poder judicial y menos con el poder judicial federal.
Hay quienes nos confunden con el poder judicial de los estados, que es quien juzga a personas. Nosotros juzgamos actos de autoridad. Defendemos los derechos humanos, pues aun cuando seas delincuente o sentenciado, tenemos que cuidar los pocos derechos que les queden, para hacerlos valer.
De pronto, convenientemente a la gente que gobierna el país se le olvidó que hay división de poderes, procuración e impartición de justicia. Los jueces de distrito lo que hacemos es ver si la autoridad actuó conforme a derecho y sino, tenemos que reparar esa acción.
Un ejemplo es el tema de la prisión preventiva oficiosa, donde le decimos al juez que le regresamos el asunto para que revise si realmente está justificado que la persona permanezca en prisión para que lleve al cabo su proceso.
¿Cuáles fueron esos momentos que sigues recordando como parte de esa resistencia a la reforma judicial?
Sin duda el momento icónico que siempre recordaré fue el día que marchamos con togas al Ángel de la Independencia porque me tocó hacerlo del brazo del que alguna vez fue mi jefe en 2014, el magistrado Ricardo Domínguez Ramírez. Esa misma tarde, también me encontré a quien fue mi sinodal en mi examen para ser jueza. Ella es una persona que recuerdo mucho y esa tarde alguien se acercó para presentármela, pensé que no se acordaría, pero me identificó y me dijo que sabía que también estaría en esa marcha.
Esa tarde la emoción nos invadía a todos los que estábamos ahí, era un ambiente de esperanza, pero también de mucha unidad.Para mí en particular fue muy significativo marchar al lado de mi ex jefe y de mi sinodal, a quien le decíamos “la señora bonita”.
Esa tarde noche había una luna enorme, que de alguna manera iluminó el camino de esos deseos que todos en el fondo deseábamos se hicieran realidad, aunque fueran prácticamente imposibles. Rentamos nuestras togas porque queríamos que la gente nos viera. No sé si en algún momento tomaron consciencia de lo que en ese momento estábamos defendiendo. La esperanza y la unidad se sintieron esa noche, quizá todos esos gritos, nos sirvieron para tomar fuerza y recibir la estocada final.
Las mujeres sólo fuimos una bandera de campaña
Las mujeres fuimos una bandera de campaña. El ex presidente de la Corte, Arturo Zaldívar nos vendió la idea de que sí podíamos romper esos techos de cristal y cuando ya no le fuimos convenientes, se olvidó de sus discursos, porque nunca nos defendió.
Cuando empezamos con la lucha de resistencia éramos mil 800 juzgadores de los cuales 400 éramos mujeres. Si su intención real hubiera sido ayudarnos a estas mujeres que tenemos carrera judicial sin deberle favores a nadie, lo hubiera hecho.
Nosotros dejamos a nuestros hijos e incluso a nuestras familias, para invertir la mayor parte de nuestro tiempo en ser juzgadoras.
En México no se cumple con la obligación de paridad en el poder judicial de la federación. Si realmente se hubiera comprometido con las mujeres del poder judicial, a estas 400 mujeres se nos hubiera reconocido el trabajo y méritos dentro de nuestra trayectoria en la carrera judicial.
No debemos olvidar que los ministros siempre fueron políticos. Y hay que decirlo, anteriormente el presidente los ponía. Sólo hay que ver a cuántos nombró el ex presidente Andrés Manuel López Obrador.
Nosotros llegamos a ser jueces y magistrados a través de concursos de oposición y ahora resulta que quien haga más tik toks o presente más acordeones tiene el derecho a ser juzgador.
La esperanza y la unidad se sintieron esa noche, quizá todos esos gritos, nos sirvieron para tomar fuerza y recibir la estocada final.
Un capricho personal con misoginia
La Jueza Martha consciente de que ese movimiento de resistencia alentado por su gremio, ya es parte de la historia del país, considera importante reconstruirlo de manera puntual para narrarlo a esos jóvenes que deberán conocer los hechos en las voces de muchas mujeres que, como ella, estuvieron en la primera línea de batalla.
A los jóvenes del futuro les contaré que esta reforma judicial es resultado de un capricho personal. Les diré que le estorbábamos al oficialismo, para ser lo que están haciendo hoy, es decir, crear normas para violarlas y luego acomodarlas como mejor les parece.
Y como feminista, les contaría que fue el berrinche de un hombre, de un macho misógino que no soportó que la primera presidenta de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, no le hiciera una reverencia, cuando no tenía por qué, pues había una división de poderes. Fue una venganza, en eso lo resumiría.
¿En un ejercicio de autocrítica qué consideras te faltó hacer por la defensa del poder judicial?
Me faltó ir casa por casa para decirle a la gente que defendiera sus derechos y que exigiera a los legisladores dejar de ser lacayos del gobierno; que hicieran su trabajo en favor de la gente que votó por ellos, no respondiendo a berrinches personales.
Me faltó explicarle a la gente qué hacemos los jueces de distrito y magistrados de circuito y que entendieran la importancia de tener una Corte autónoma, porque ahí es donde se determina la constitucionalidad o inconstitucionalidad de una ley.

Presidenta Claudia, te obligan a mentir, a someterte e ir contra tus ideas. Fuiste, luchadora, revolucionaria, pero en qué momento permitiste que te cortaran las alas.
El reproche no es personal o del poder judicial, pero creo que te estás fallando a ti misma como mujer.
Claudia enfrenta violencia de género pasiva
Si en algún momento tuviera un encuentro fortuito con la Presidenta Claudia Sheinbaum le diría:
Claudia, de mujer a mujer no llegamos todas, pero te puedo decir que si decides dignificar el lugar que mucha gente te dio, cuentas con muchas mujeres muy valiosas que estamos en el poder judicial de la federación y en la sociedad. No tengas miedo porque sé que estás sufriendo violencia de género pasiva, tu rostro refleja lo que estás enfrentando. Te obligan a mentir, a someterte e ir contra tus ideas. Fuiste, luchadora, revolucionaria, pero en qué momento permitiste que te cortaran las alas. El reproche no es personal o del poder judicial, pero creo que te estás fallando a ti misma como mujer.
¿Esto ya acabó o es el inicio de una nueva resistencia personal para ti?
No soy religiosa pero sí creyente y siempre he pensado que Dios tiene el control. El enemigo puede destruir todo lo que tienes alrededor, pero no te quitará ni la voluntad ni la vida, porque ambas le pertenecen a él. Dios provee.
A las mis compañeras de gremio y al resto de las mujeres que en este país están dándolo todo desde diferentes frentes de batalla, les digo que no perdamos la esencia por cada una de nosotras, desde su metro cuadrado pueden iniciar pequeñas revoluciones que cambian vidas.
No renuncien a sus sueños, no traicionen sus ideales ni convicciones, confíen en que siempre se encuentran las herramientas para concretar los sueños.
La jueza Martha Alanís sigue trabajando en lo suyo, pues hace unos días, emitió una suspensión provisional en contra del Protocolo Estatal de Actuación Gubernamental para la Prevención de Manifestaciones y/o Protestas Desarrolladas en Baja California, con relación a la solicitud de un amparo federal.
Dicha resolución tendrá efecto sólo a favor de quienes solicitaron el amparo. Sin embargo, hasta el momento se han promovido cerca de 15 amparos por parte de 35 organizaciones civiles en esa entidad.









