Sebastian Godínez Rivera

Atención: léase con irreverencia porque lo que ocurre en México no es para menos.

Luego del festival celebrado en el Zócalo el 1 de septiembre que inauguró el sometimiento de todos los poderes de la unión ante Morena, Mexiquito se ha hecho presente. Un espectáculo delirante con ministros y ministras hincados, recibiendo bastones de mando y rezándole a Quetzalcóatl.

Violando la laicidad y utilizando a los pueblos originarios como escenografía los nuevos integrantes de la Suprema Corte optaron por el pan y el circo. Hasta el cansancio destacaron al pueblo, a los desprotegidos y criticaron “los excesos” del pasado. Con la demagogia oficial que se institucionalizó desde el sexenio pasado, los integrantes del tribunal constitucional decidieron participar en un festival.

Para el asombro de todo el país, Quetzalcóatl, la serpiente emplumada, fue la protagonista de la ceremonia, cuando le pidieron que guíe a la nueva Corte. Mexiquito de la 4T es muy surrealista; así lo dijo el famoso pintor Salvador Dalí, cuando declaró que no volvería a México porque “es más surrealista que mis pinturas”. La justicia de rodillas, con togas guindas y ahora encomendada a una deidad prehispánica.

Una cosa es pedirle a una deidad en público, sin embargo, cada uno de los integrantes de la Corte, seguramente tiene tiene sus plegarias.  A continuación una serie de peticiones que seguramente pasaron por la cabeza de los nuevos impartidores de justicia.

Que nunca falten los restaurantes franceses y elegantes para los jueces del pueblo, esos a los que las masas nunca accederán. Te lo pedimos Quetzalcóatl. Te imploramos por la justicia y ya no por la ley, oh gran serpiente emplumada. Que en Mexiquito nunca se separen los poderes, la presidentita, el congresito y ahora la cortecita. Te lo pedimos Quetzalcóatl. 

Que suenen los acordeones (no los instrumentos) dentro del tribunal constitucional, porque gracias a ellos somos jueces populares.Te lo pedimos Quetzalcóatl. Que las curvas de aprendizaje no sean tan largas; te lo pedimos Quetzalcóatl. Que las togas ya no sean emblema de corrupción, sino de revolución; como en la lejana Burkina Faso, donde los jueces ya no son “Imperialistas”, sino patriotas.Te lo pedimos Quetzalcóatl.

Que nuestra Corte no sea la hazmereir de todo el mundo, porque por algo nadie vota jueces y tampoco participan en festivales. Te lo pedimos Quetzalcóatl. Que la laicidad, la ley y la Constitución no puedan más que la justicia para el pueblo.Te lo pedimos Quetzalcóatl. 

Que haya más festivales en la Corte para visibilizar la incapacidad técnica y que nunca falte la vena populista. Te lo pedimos Quetzalcóatl. Que la demagogia institucionalizada sea suficiente para satisfacer a las masas, pero nunca para dar resultados como ocurre con todo el gobierno federal. Te lo pedimos Quetzalcóatl.

Que el nepotismo neoliberal se acabe, para dar paso al nepotismo del bienestar. Te lo pedimos Quetzalcóatl. Que nunca falte miel, azúcar y chocolate bienestar en las oficinas de la Corte. Te lo pedimos Quetzalcóatl. Asimismo, te pedimos por Rosario Murillo (codictadora de Nicaragua) quien destruyó la carrera judicial por considerarla antirrevolucionaria. Te pedimos por la 4T, sin ella nunca hubiéramos llegado a un asiento en la Corte. Te lo pedimos Quetzalcóatl.

Que así como en Polonia y Hungría, el Tribunal de Disciplina sea inquisidor con quienes desafían la demagogia oficial. Te lo pedimos Quetzalcóatl.Finalmente, que se acaben los escándalos, las críticas y los ataques contra la Suprema Corte de Justicia del Acordeón. Te lo pedimos Quetzalcóatl.

Lo que pasa en México no es normal, el poder absoluto para un partido que solo sabe movilizar masas, pero no dar resultados. El país ha edificado los cimientos del autoritarismo y la hegemonía que hubo en el siglo XX, sin embargo, carece de instituciones que desean depositarias del poder; el rumbo es incierto porque no adentramos al ocaso del pluralismo y el nacimiento de la autocratización.