Alejandro Guillén Reyes

Si alguna palabra ha sido corrompida por la demagogia criminal, esa ha sido la palabra patria.

Reflexionando la expresión “amor a la patria”, Norberto Bobbio recordó con Maurizio Viroli que el fascismo -ese movimiento criminal encabezado por Benito Mussolini que gobernó tiránicamente Italia de 1922 a 1943- también hablaba de la patria, la cual había que defender y dar la vida por ella. “Los que tienen el poder suelen emplear el término ‘patria’ de forma engañosa”, dijo Bobbio y, citando a Piero Calamandrei, remató: “Una de las culpas más graves del fascismo ha sido matar el sentido de la patria” (Norberto Bobbio y Maurizio Viroli, Diálogo en torno a la república, Tusquets Editores, 2002)

La palabra patria proviene de la expresión latina terra patria y hace referencia a la tierra de los padres. La patria es, ante todo, un territorio.

El tomo V del Diccionario de Autoridades (publicado por la Real Academia Española entre 1726 y 1739) definió la palabra patria como “el lugar, ciudad o país en que se ha nacido” (ver https://apps2.rae.es/DA.html). Actualmente, el Diccionario de la Lengua Española tiene como primera acepción de la palabra patria la “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos”.

En un artículo titulado “Usos (y abusos) de la patria”, Jesús Hernández Jaimes describe cómo la palabra patria fue adquiriendo significados distintos en el discurso de las élites políticas en la Nueva España y posteriormente en México. De la mano de este historiador distinguimos tres etapas:

1. Durante la época del imperio español y sus rivalidades con otros imperios, la élite gobernante buscó que los súbditos se identificaran con el poder público y ampliaron el significado de la palabra patria al territorio y a la comunidad política del imperio. Desde mediados del siglo XVIII, el filósofo Benito Jerónimo Feijoo condenó las guerras en las que morían miles de personas en nombre de una “deidad imaginaria” llamada patria y hacía referencia al uso demagógico de esta palabra: “el príncipe o magistrado sobre estar distante el riesgo, obra, no por mantener la república, sí por conservar la dominación” (Jesús Hernández Jaimes, “Usos -y abusos- de la patria”. Revista Relatos e Historias de México. Año IX, número 97. Editorial Raíces. México, septiembre, 2016. P. 51).

2. A principios del siglo XIX, durante las guerras de independencia, realistas e insurgentes se hacían llamar “patriotas”. Sin embargo, la patria a la que apelaban era distinta. Los realistas hablaban del territorio de todo el imperio gobernado por la corona española, mientras que los insurgentes se referían solo a la porción territorial del virreinato (Ibid, pp. 52-53).

3. En el siglo XIX, se reafirmó la idea de la “madre patria” (que viene también del periodo virreinal): “…el amor a la patria se homologó al amor a la madre, uno de los sentimientos primitivos más fuertes en el ser humano y del cual se esperan las acciones más radicales, incluido el martirio. Durante el siglo XIX también se reforzó el anclaje de la patria a la tierra, es decir, al hogar en cuyo seno se nace. Así, la patria se hizo equivalente al regazo materno, pero también al calor del sagrado hogar y, por tanto, a la familia. La patria, como la madre, como la tierra, es fuente de vida. Por tanto, el sacrificio más sublime es morir en su defensa; y el acto más nefando, traicionarla” (Ibid, p. 54). Defender a la patria significa “defender el suelo nacional de enemigos externos que pretendan mutilarlo” así como “la obligación de garantizar la independencia, unidad y soberanía de la comunidad política llamada nación” (Ibid, p. 57)

Hernández Jaimes se pregunta si en el siglo XXI este sentido materno de la palabra patria sigue presente, pero nos recuerda que lo que sí está jurídicamente vigente es el delito de “traición a la patria” que se encuentra tipificado en los artículos 123 al 126 del Código Penal Federal (ver https://mexico.justia.com/federales/codigos/codigo-penal-federal/libro-segundo/titulo-primero/capitulo-i/)

Junto con lo anterior, lo que también sigue vigente y se ha puesto de moda al menos en los últimos tres años es el uso demagógico de la palabra patria.

Un pasaje grotesco de este abuso de la palabra patria lo encontramos en el manifiesto que firmó un grupo de senadores el 15 de febrero de 2022 en el que manifestaron que el entonces presidente de la República Andrés Manuel López Obrador “encarna a la nación, a la patria y al pueblo”.

Esta demagogia rancia se ha radicalizado a tal grado que legisladores de la oposición y críticos del régimen han sido acusados de “traición a la patria” por la clase política gobernante, ya sea por votar en contra de una reforma impulsada por el gobierno o por manifestar que haya una mayor cooperación con Estados Unidos (el histórico “extraño enemigo” por excelencia) para combatir a la criminalidad organizada que no ha dejado de azotar distintas partes del territorio nacional. Todo esto sin dejar de amagar con aplicar el artículo 123 del Código Penal Federal.

Uno de los actos más radicales de esta demagogia rampante fue el haber exhibido como “traidores a la patria” las fotos de los legisladores que votaron en contra de la reforma eléctrica impulsada por el gobierno en abril de 2022. Fue un acto a todas luces fascista sin precedentes en el México contemporáneo.

Por otra parte, no deja de llamar la atención que cada vez que el gobierno norteamericano o que las voces de la oposición en México hablan de una mayor cooperación entre ambos países para combatir a los criminales, la clase política gobernante (comenzando por la presidenta) salen en defensa de “la patria” y la “soberanía nacional”.

Ahora que los escándalos de corrupción están a flor de piel en la opinión pública y que la criminalidad organizada sigue haciendo de las suyas en territorio nacional, tal vez valga la pena pensar en cómo podemos enriquecer los artículos 123-126 del Código Penal Federal. Aquí algunas preguntas para reflexionar sobre el asunto:

Los criminales organizados ya son transnacionales y son mexicanos que hacen pactos con criminales de otros países. Hay extranjeros en sus filas. Estas organizaciones cobran “derecho de piso”, chantajean a comerciantes y a empresarios, incendian negocios, cobran “impuestos” por comerciar incluso productos de primera necesidad como el aguacate y el limón; asaltan, martirizan o asesinan a transportistas de carga o de pasajeros, roban con violencia o sin ella, secuestran o “desaparecen” a sus víctimas, en pocas palabras, no dejan trabajar a las y los mexicanos en su propia patria ¿acaso estos actos no constituyen una violación a la soberanía nacional y por ende se comete el delito de traición a la patria por parte de sus ejecutores? Y sus cómplices incrustados en los gobiernos federal, estatales y municipales ¿no cometen el mismo delito? Y quienes vendieron la patria a los criminales a cambio de votos ¿no es otra forma de traicionar a la patria? Y el gobernador que “no sabe” que su secretario de seguridad es líder de un grupo criminal y lo dejó actuar a sus anchas ¿no está en el mismo supuesto? ¿Y qué decir del encargado de la oficina del gobierno que a través de su casa de bolsa “lava” un dinero que es “dinero de sangre”? ¿Y todos los implicados en el contrabando de combustible que constituye un acto de corrupción sin precedentes en México provocando al erario una sangría de dinero que no tiene parangón alguno (¡más de 500 mil millones de pesos!) en donde incluso corrompieron a altos mandos de una de las instituciones más nobles y leales a la patria? Y el corrupto gobernante que toleró todo esto por acción o por omisión ¿no es un traidor a la patria? Y quienes siguen creyendo que este personaje es una encarnación de la patria ¿no están matando el sentido de la patria como lo hicieron los fascistas en Italia? Quedan todas estas preguntas para la reflexión.

Mientras tanto, a usted que demuestra todos los días su amor a la patria al ejercer su ciudadanía y al participar con acciones concretas -en la medida de sus posibilidades- en los asuntos públicos para que este país siga siendo habitado por mujeres y hombres libres, le dejo la siguiente frase del guatemalteco Luis Cardoza y Aragón, citada por Ángeles Mastretta en su artículo Fiera Patria (Nexos, 15 de septiembre de 1995):

“La patria es el sabor de las cosas que comimos en la infancia”.