Fer Valdés critica la celebración del 16 de septiembre en México, calificándola como una festividad vacía y ridícula, desprovista de significado debido a la falta de separación de poderes y a un gobierno que, según el autor, deshonra los símbolos patrios. Se señala el uso político de gestos como el vestido morado de Claudia Sheinbaum, interpretado como un guiño superficial al feminismo, mientras se reprime a manifestantes. También se critica la escolta femenil presentada como novedad, cuando ya había ocurrido en 2018, y el desfile militar con soldados disfrazados de guerreros aztecas, visto como una burla que no representa a las comunidades indígenas. El autor denuncia la inseguridad, la represión de protestas (como en Santa Catarina y Poza Rica), la corrupción, la falta de insumos médicos y la impunidad de grupos criminales, argumentando que no hay independencia real que celebrar. Se menciona el mal uso de símbolos patrios, como una bailarina portando la bandera de manera irrespetuosa, y problemas estructurales como accidentes viales por infraestructura deficiente. El texto concluye exigiendo una verdadera independencia de la corrupción, la inseguridad y la manipulación, afirmando que, hasta lograrlo, el 16 de septiembre no será una fiesta, sino un acto de resistencia.