Sebastián Godínez Rivera

La teoría clásica de la Administración Pública establece que los servidores públicos mantienen su independencia del terreno político. Esto se debe a que sus funciones técnicas persisten y son esenciales para el Estado a diferencia de los perfiles electos. Autores como Alexis de Tocqueville en El antiguo régimen y la revolución, sostienen que lo que pudo reconstruir a Francia tras el derrumbe del absolutismo fue la burocracia.

Para Max Weber el Estado Prusiano (antigua Alemania) era el modelo ejemplar de la eficiencia, la eficacia y la efectividad de los burócratas. En Estados Unidos Woodward Wilson y Dwight Waldo analizaron la administración de Estados Unidos, llegando a la conclusión de que los burócratas no participan en política.

Sin embargo, no es posible entender a la Administración Pública sin otras ciencias como la Política. Es importante destacar que los burócratas (sin afán peyorativo) deben guardar la tecnicidad y el respeto a la investidura. El elemento característico de una burocracia eficiente es la profesionalización como lo ha investigado Rafael Martínez Puón; sin embargo, en años recientes algunos personajes políticos han intentado socavar la administración pública.

Mediante la designación de perfiles no técnicos, sin experiencia en el puesto a desempeñar y ligados a la política se busca debilitar a la burocracia. Es importante comprender que así como la transitología estudia los procesos de cambio o retroceso de los países; la salud de la Administración Pública también es un área de estudio y competencia de esta. Sobre todo, porque esta como se ha estudiado en varias partes del mundo puede ser un contrapeso a los autoritarismos, pero también puede ser permisiva.

A las pruebas me remito, Guillermo O´Donnell identificó que había países autoritarios donde no solamente los militares ejercían el poder. En algunos casos estos se asociaron con economistas y especialistas para impulsar un proyecto económico, como en Chile o Argentina. A esto se le denominó Estado burocrático-autoritario. Algunos otros politólogos como Haile Asmeron, Douglas Yates, Kenneth J. Meier and Laurence J. O’Toole han estudiado el papel de las burocracias en democracia como implementadores y evaluadores de políticas públicas.

Los tiempos han cambiado y una distinción entre los nuevos y los viejos autoritarismos es que los primeros mantenían a la burocracia como eje de funcionamiento. Incluso los servidores públicos no tenían la necesidad de manifestarse porque a diferencia de los políticos, opositores y estudiantes, estos seguían trabajando. Empero, los autoritarios del siglo XXI se han enfocado en dinamitar a la burocracia con diversas técnicas.

Desde mermar su operatividad con recortes presupuestales, pasando por ataques directos contra las instituciones y la designación de perfiles políticos en vez de técnicos. La burocracia que en su momento era un elemento poco relevante para colonizar, hoy se ha vuelto un botín para los autócratas, populistas y tiranos que ven en ella una amenaza. A través de reformas en la estructura, la persecución con procedimientos administrativos y el recorte presupuestario.

El caso más emblemático ha sido contra los perfiles técnicos de los poderes judiciales de todo el mundo. Los países que han implementado cambios regresivos como Polonia, Hungría, México, Nicaragua, Eslovaquia y Venezuela. No solo se ha politizado y partidizado la justicia como se ha destacado en la opinión pública y la academia.

Estos cambios impactan en la estructura administrativa porque obligan a que los técnicos del derecho se someten a políticos togados. En algunos casos como Nicaragua, la carrera judicial fue desaparecida por ser considerada “burguesa y anti revolucionaria”; mientras que en naciones como Polonia, Hungría y México esto se ha traducido en la llegada de perfiles sin experiencia que integran las ponencias, lo que es exhibido en las discusiones del pleno.

El sometimiento del tecnicismo judicial a la política se aprecia a corto plazo con jueces que carecen de elementos analíticos, pero en el mediano y largo plazo, la burocracia va siendo carcomida por la ideología y los acuerdos políticos. Además, la coerción se ha sofisticado y mediante órganos administrativos se han puesto candados las decisiones del rubro administrativo, de esta forma el gobierno en turno mantiene el control sobre la estructura.

Otra forma de mermar a la administración es con los recortes presupuestales como ha sucedido en varias naciones como México, Argentina, Ecuador y El Salvador.  Ahora bien, esto no debe confundirse con la reducción de un Estado obseso; pero líderes de estos países han utilizado la reducción de fondos, bajo el argumento del ahorro, para mermar las capacidades técnicas.

Bukele despidió a 300 empleados del Ministerio de Cultura, prometiendo un ahorro; sin embargo, él mismo declaró que fue por promover la ideología de género. En Argentina y Ecuador, Javier Milei y Daniel Noboa respectivamente han propuesto la reducción de ministerios y secretarías para reducir el costo del estado, pero también porque consideran que la burocracia de esos no solamente impiden el progreso, sino que son vestigio de los gobiernos saqueadores del pasado.

En México López Obrador intentó reducir la estructura del órgano electoral y desaparecer los Organismos Públicos Locales Electorales, porque los consideró burocracia dorada e innecesaria. La actual presidenta, Claudia Sheinbaum ha cuestionado el costo del sistema nacional electoral y en vísperas de una reforma electoral ha propuesto la desaparición y reducción de la estructura. Además, desde 2019 se ha reducido el presupuesto para el Instituto Nacional Electoral, lo cual ha mermado su capacidad operativa.

La cooptación de instituciones clave que incomodan al gobierno, es otra técnica para someter a la burocracia. Si se designan políticos al frente, entonces la burocracia queda a expensas de lo que la cabeza decida. La estructura continua funcionando, pero la institución en cierto aspecto deja de cumplir con su cometido.

Esto se ha utilizado para someter órganos técnicos en materia económica, protección de derechos humanos, combustibles y transparencia. La designación de cabezas políticas, es una forma de evitar incomodidad al gobierno en turno. Es una forma discreta, pero efectiva porque la estructura debe respeto a la cabeza de la institución; por ende, las decisiones dictadas en el poder y estos personajes que fungen como correas de transmisión tienden a neutralizar el trabajo técnico.

Por último, algunos presidentes han declarado una guerra contra la burocracia o “Deep State” porque consideran que es un entramado que impide los cambios en el país. Principalmente Donald Trump ha dicho que los burócratas no cumplen con lo que él quiere, esto ha llevado a que despida a perfiles técnicos en áreas como defensa, seguridad interior, economía y otras dependencias. Incluso el actual cierre del gobierno de Estados Unidos, por falta de consenso entre republicanos y demócratas ha generado que empleados trabajen sin paga o sean suspendidos.

En conclusión, existen diversas formas en la que los políticos someten a la burocracia para hacerse con el control de ella. Sin embargo, esto también es parte del retroceso autoritario que han tenido diversas naciones puesto que debilitan la estructura estatal para llevar a cabo sus proyectos de gobierno. Por otro lado, aspiran a someter y debilitar la administración pública, porque la consideran un factor de bloqueo y en algunos casos hasta opositores, cuando esto no es así.