
Rúbrica
Por Aurelio Contreras Moreno
Las declaraciones de Pablo Gómez, el operador de la reforma electoral de la presidenta Claudia Sheinbaum, no dejan lugar a dudas: “un órgano administrativo como el INE no puede ser autónomo”. Con esa frase, se desnuda –aunque tampoco era algo que no se supiera- la verdadera intención detrás de la iniciativa: desmantelar el único contrapeso que ha garantizado elecciones libres en México durante las últimas tresdécadas y hacer retroceder al país a un estadio de partido cuasi único.
El Instituto Federal Electoral (el antecedente del INE)no nació de la benevolencia de los gobiernos. Fue producto de la presión social tras décadas de fraudes, simulaciones y un partido hegemónico que había llegado a su límite tras las elecciones de 1988 y la “caída del sistema” instrumentada por el entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett Díaz, a quien no falta el imbécil expriista neomorenista que hoy lo erige como “luchador social”. ¿Verdad, Alejandro Armenta?
La autonomía del órgano electoral fue la condición indispensable para que la transición a la democracia fuera posible, para romper con la “dictadura perfecta” del PRI y para que la ciudadanía pudiera confiar en que su voto sería contado sin manipulación, sin trampas. ¡Ah! Y para que políticos como Pablo Gómez accedieran a cargos legislativos por la vía plurinominal, la cual también pretenden cancelar.
Negar la autonomía del Instituto Nacional Electoral como elemento inseparable de su independencia y su eficacia temprana –antes de que lo tomaran por asalto los porros neopriistas en Morena- para organizar elecciones confiables, y para que se concretaran tres alternancias políticas en la Presidencia de México, equivale a borrar de un plumazo la conquista democrática más importante de la historia de este país.
El discurso de Pablo Gómez -beneficiario directo de esas conquistas democráticas, y que ahora quiere ser su enterrador- no es una casualidad. Forma parte del mismo diseño del obradorato que sepultó la transparencia y el acceso a la información, que destruyó la división de poderes y dejó a los mexicanos en la indefensión jurídica con la toma del Poder Judicial, con un solo objetivo: el control políticoabsoluto por parte de un régimen autoritario que paulatinamente ha ido cancelando libertades, que persigue a los críticos y a los opositores, y cuya colusión con el crimen organizado es cada vez más evidente.
Al afirmar que el INE “no puede ser autónomo”, Gómez reduce la institución a una oficina administrativa subordinada al poder en turno, despojándolo de independencia presupuestal y operativa y convirtiéndolo en un apéndice del Ejecutivo, abriendo la puerta a elecciones controladas desde Palacio Nacional. Exactamente como sucedía de 1988 hacia atrás, cuando la Comisión Federal Electoral organizaba las elecciones, en las que el único voto que valía era el del gobierno.
Que el organismo electoral pierda su condición de autonomía, pero que mantenga la “independencia” en las resoluciones, como farfulló Pablo Gómez, es una falacia, una pendejada mayúscula con la que el exdirigente estudiantil del movimiento de 1968 pretende engañar al país y se traiciona a sí mismo, si es que alguna vez tuvo convicciones democráticas en realidad: sin autonomía financiera y organizativa, cualquier decisión del INE puede ser condicionada, retrasada o simplemente anulada. De por sí, ya no queda mucho de lo que algún día fue.
Estamos en la antesala del mayor retroceso de la historia democrática del país. Si la reforma se apruebaen los términos que ya la están perfilando, se cancelará de un porrazo la posibilidad de elecciones libres, reinstalando la lógica del partido hegemónico.Incluso, la del partido único, más acorde con el estalinismo que les brota de manera natural y cada vez más feroz. Solo hay que ver el vergonzoso apoyo del morenato a dictaduras gorilescas y asesinas.
Lo que está en juego no es un debate sobre el significado de la “autonomía” o la “independencia”, sino la supervivencia misma de la democracia. Si matan al INE, ya ni siquiera tendrá sentido salir a votar.
Y México se convertirá en una dictadura de pleno derecho.
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