
Sebastián Godínez Rivera
Mary Shelly escribió Frankenstein o el moderno Prometeo en 1818 en el que retrata la voracidad humana, la soberbia intelectual y los peligros de ignorar la ética científica. El Dr. Frankenstein crea un monstruo con partes del cuerpo de diversas personas y cuando este cobra vida reclama respeto y cariño de su creador. La esencia de la novela es la rivalidad entre la ciencia y Dios, donde la realidad se confronta con la divinidad producto de la ambición humana, pero ¿Qué pasa cuando la política se ejerce sin ética y sin coherencia?.
El primer semestre de 2026 estará marcado por la presentación de la propuesta de iniciativa de la reforma electoral de Morena. El gobierno decidió crear una comisión para supuestamente escuchar las opiniones y sugerencias de la ciudadanía, sin embargo, desde que López Obrador presentó el 5 de febrero de 2024 un paquete de 20 reformas y que fue heredado a Claudia Sheinbaum, ésta ya se había definido.
La Comisión Presidencial de la Reforma Electoral es presidida por Pablo Gómez Álvarez, quien no es un personaje menor en la historia de México y que hoy juega el papel de sepulturero de la democracia. Desde los estudios politológicos y sociológicos se ha destacado la importancia de la formación y los procesos de socialización de las personas para entender su actuar en el presente. Gómez es un Frankenstein formado por diversas piezas ideológicas como el estalinismo, la socialdemocracia y la izquierda autoritaria.
Gómez tiene una larga trayectoria en la lucha social y es conocido por su participación en las movilizaciones estudiantiles de 1968 y 1971 cuando el régimen hegemónico del PRI aún era sólido. Tuvo desencuentros con la periodista Elena Poniatowska por su libro La noche de Tlatelolco, el exlíder estudiantil acusaba a la escritora de publicar y lucrar con las muertes sin haber estado ahí.
A finales de los setenta se afilió al Partido Comunista Mexicano que desde los años treinta simpatizaba con el estalinismo, para el momento en que Pablo Gómez empezó a militar con los comunistas este había heredado la ideología de la Revolución Cubana y los movimientos de liberación nacional que estaban en auge. El exlíder estudiantil tiene una clara afinidad con los movimientos nacionalistas-izquierdistas latinoamericanos producto del momento histórico que vivió, pero no fue la única ideología que abrazó.
Para la década de los ochenta, presidió el Partido Socialista Unificado de México nacido como la fusión de diversos movimientos de izquierda, por lo tanto, mezcló corriente como en neomarxismo, maoísmo, socialdemocracia y la extrema izquierda. Ante esa mezcolanza Gómez retomó postulados de diversas corrientes que fueron marcando su pensamiento en el tema social, económico y político.
En la década de los noventa se acercó al Partido de la Revolución Democrática (PRD) que surgió de la corriente democrática del PRI y que fue encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, Ifigenia Martínez y Porfirio Múñoz Ledo. Esta facción se caracterizó por cuestionar al libre mercado y dejar atrás el desarrollismo que había caracterizado a México. Debido a esta convergencia de ideas, el estatismo es parte fundamental del pensamiento de Gómez, quien considera al petróleo como motor del desarrollo económico.
Mientras tanto en el terreno político este presenció la apertura del sistema político mexicano y a su vez el endurecimiento del viejo socialismo en Europa del este. Pablo Gómez como seguidor del socialismo, mostró simpatía por otros modelos que no necesariamente pugnaban la democratización. Desde 1991 hasta 2015 fue militante activo del otrora PRD donde ocupó diversos cargos como asambleísta, diputado federal y senador de la república.
Hasta este punto Gómez osciló entre los ideales de la izquierda que floreció durante la transición democrática (1997-2018) con una doctrina socialdemócrata y la izquierda radical que pugnaban por un cambio de fondo. En 2013 como senador fue impulsor del Pacto por México de Enrique Peña Nieto, este evento detonó la salida de López Obrador de dicho instituto político y lo llevó a consolidar Morena.
La democratización no lo convirtió en demócrata, pero le permitió presenciar todos los cambios a la ley electoral de los últimos treinta años. Se mimetizó con los tiempos de la alternancia como un camaleón en los árboles, pero su autoritarismo salió a relucir desde que Morena se erigió como la primera fuerza política. En 2018 se unió a las filas morenistas y en 2021 el expresidente López Obrador lo nombró titular de la Unidad de Inteligencia Financiera (UIF) donde se dedicó a perseguir opositores.
Su talante autoritario se hizo presidente como diputado cuando declaró que los integrantes del Consejo General no eran independientes, sino miembros de partidos y cuestionó la importancia de dicho órgano. Se radicalizó con la persecución de opositores al puro estilo del viejo PRI o de los regímenes comunistas de Europa Oriental. En 2025 Gómez dejaría la dependencia para encabezar la Comisión de la Reforma Electoral con el objetivo de dinamitar la democracia.
Sus declaraciones ya no ocultan su gusto por imponer la mayoría y aplastar a quienes están enfrente. Desde decir que “el INE no debe tener autonomía, solo independencia en sus decisiones”, pasando por “la reforma no será por consenso” hasta “tenemos la mayoría y no tenemos que consultar con nadie”. Para Gómez el diálogo es un estorbo, lo que cuenta es la capacidad de imponerse, como en los viejos tiempos del PRI o durante el apogeo de los autoritarismos de la Guerra Fría.
Hoy Pablo Gómez está unido por diversas ideologías que disfrazan el autoritarismo que pregona, como un Frankenstein político recoge ideas del socialismo real, el estatismo o la socialdemocracia. Ahora es el encargado de asfixiar la pluralidad del país con una propuesta de reforma electoral que todos conocemos. Esta surgirá del Plan A rechazado en 2021, del Plan B que fue invalidado por la Suprema Corte y el Plan C presentado por López Obrador en 2024.
La propuesta será la unión de diversos puntos que no han sido analizados, osea surgirá el monstruo Frankenstein, producto del Dr. Frankengómez. Así como en la novela de Mary Shelly, el monstruo será la reforma, pero tendrá un creador, Pablo Gómez. Cuando la política con soberbia desafía el consenso y la ética, nada bueno nace de ello.
