Sebastián Godínez Rivera

En política no hay sorpresas, sólo sorprendidos y luego de un sexenio del partido guinda es de conocimiento público que la libertad de investigación no es algo que les agrade. Ataques contra académicos, el sometimiento del Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), asfixia presupuestal a la UNAM y propagandistas en vez de científicos con los rasgos característicos de la 4T.

El nuevo capítulo contra la libertad de cátedra lo inauguró la diputada Gabriela Jiménez quien en un post de X declaró que a través de una solicitud de transparencia pediría el costo por la publicación del libroLa inconstitucionalidad de la sobrerrepresentación excesiva en el Congreso de la Unión, así como el sueldo que percibe Lórenzo Córdova. En Morena la inteligencia no es lo suyo, pero deberían tomar nota y entender que es de muy mala educación hablar con el cerebro vacío.

No es la primera vez que el oficialismo intenta amedrentar a la máxima casa de estudios, lo hizo en 2025 tras la publicación del libro Análisis técnico de las 20 reformas constitucionales. La persecución contra investigadores no es nueva, ni exclusiva de México, sino que varios países con liderazgos autoritarios recurren a estas prácticas como mecanismo de coerción, por ejemplo, Viktor Orbán en Hungría, Erdogan en Turquía, Rodrigo Duterte en Filipinas o la Cuba castrista.

La aberración que los autoritarios tienen hacia los libros no es casualidad, sino que es muestra de su intolerancia y exhibe sus deseos de lo que el politólogo Juan Linz señaló como mentalidad autoritaria. El acoso a los libros tiene raíces muy antiguas, pero el linchamiento de estos objetos fue retratado por Ray Bradbury en su obra Farenheit 451 en la que la sociedad estadounidense ha prohibido los libros.

Existe un cuerpo de bomberos encargados de incinerarlos y arrestar a todos aquellos que osan leer o proteger libros. El protagonista de la novela es Montag, miembro del cuerpo de bomberos que se ve seducido por el conocimiento y las páginas de todos esos autores que tuvieron la valentía de publicar sus obras. En el transcurso de la novela, el personaje se enamora de Clarisse, una mujer que vive a un costado de su casa y que le enseña el valor de la literatura.

Al final Montag huye de la ciudad y forma una resistencia junto a otras personas quienes se encargarán de transmitir el conocimiento de los libros a las nuevas generaciones e inculcar la cultura del cuidado a los libros. Fahrenheit 451 no es una novela que retrata un mundo distópico y apocalíptico, sino que la ficción supera la realidad cuando se trata de sofocar el conocimiento como ocurre actualmente. Quienes cuestionan la libertad de cátedra y el trabajo de los investigadores no lo hacen con argumentos sino con afán de persecución.

La historia está plagada de eventos en los que los libros fueron las víctimas, pero también vaticinaban el devenir de las sociedades. Por ejemplo, la quema de libros de 1933 en Alemania, antesala del Tercer Reich, la censura contra Solyenitzin en la Unión Soviética o Estados Unidos durante el McCartismo cuando se acusó a escritores de comunistas para que sus obras fueran censuradas. En México también ocurrió en 1929 con Martín Luis Guzmán que fue perseguido por el régimen posrevolucionario debido a la publicación de La Sombra del Caudillo en el cual señalaba todos los vicios de la clase gobernante.

José Revueltas publicó Los Días Terrenales (1949)en el cual realizaba una crítica al Partido Comunista Mexicano y su corriente stalinista. El antropólogo Lewis Carroll publicó Los hijos de Sánchez (1961) en el cual retrató la pobreza de las familias durante el periodo del Milagro Mexicano (1948-1970) desmitificando el progreso social y material de la Revolución Mexicana. El gobierno de Gustavo Díaz Ordaz en 1964 ordenó la censura de este texto que había Sido publicado por el Fondo de Cultura Económica.

Otro escándalo por un libro se dio en 2001 con el libro Aura de Carlos Fuentes, cuando el entonces Secretario del Trabajo, Carlos Abascal, encontró a su hija leyendo dicho texto. El funcionario consideró que no era un libro apropiado para jóvenes de secundaria, lo que generó un debate entre autores y miembros del gobierno. Como podemos ver, ningún partido ha estado exento de escándalos, pero han sido los morenistas quien han personalizado dichas descalificaciones y persecuciones.

Lamentablemente lo que hace el oficialismo no son hechos aislados, sino que configuran una estrategia multifacética que aspira a mermar la investigación, presionar a las y los investigadores y con ellos someter a la universidad. No es un escenario fantasioso tomado en cuenta que Morena ya tiene la presidencia, el legislativo, gobiernos estatales, el poder judicial y está en proceso la captura del Instituto Nacional Electoral (INE), sería iluso pensar que la UNAM será respetada.