Sebastián Godínez Rivera

El 2026 será un año de redefiniciones y presiones para América Latina, cortesía de su vecino Estados Unidos. El año pasado la Doctrina Monroe 2.0 de Donald Trump no fue solo un aviso, sino una probada de lo que su administración hará y aspira a que haya colaboración con los buenos gobiernos. La derecha ganó terreno en el subcontinente, mientras que las izquierdas fueron derrotadas en Bolivia, Honduras y Argentina.

El progresismo que hoy gobierna Brasil con Lula Da Silva y la Colombia de Gustavo Petro irán a las urnas este año, lo cual puede modificar el mapa ideológico de la región. Por otro lado, algunas naciones gobernadas por la derecha como Costa Rica con Rodrigo Cháves buscarán un refrendo de su poder, mientras que en el Caribe los Estados Unidos podrían buscar nuevos aliados como Haití, Bahamas y Barbados.

El calendario electoral en América arrancó el 1 de febrero con las elecciones parlamentarias y la primera vuelta para la presidencia de Costa Rica. La constitución costarricense impide la reelección, por lo tanto, Rodrigo Cháves no podrá hacerlo aunque busca que su partido sea la principal fuerza. El ejecutivo se dedicó a confrontarse con el Tribunal Electoral y la Fiscalía General a quienes acusó de interferir en su gobierno, limitar la libertad de expresión y ejercer una “dictadura perfecta”.

A esto se suma que la relación Cháves-Trump ha sido muy cercana porque el país centroamericano ha sido complaciente con la política de repatriación de migrantes. Estados Unidos buscará que un candidato afín a Washington llegue al poder y con ello frenar el ascenso de las izquierdas. En caso de que ninguna candidatura obtenga más del 50% de los votos, se celebrará una segunda vuelta el 5 de abril.

El 12 de abril Perú acudirá a las urnas para elegir la presidencia y al congreso. En el caso del poder ejecutivo, el país se mantuvo bajo el interinato de Dina Boluarte desde 2022 hasta 2025 cuando la Asamblea Nacional declaró una moción de vacancia contra ella y nombró a José Jeri como presidente. La permanencia de Boluarte en la presidencia se debió a una serie de acuerdos con las fuerzas fujimoristas, quienes son la mayoría legislativa; cuando sus antiguos aliados se cansaron de ella, optaron por hacerla caer.

Para estas elecciones el Senado será reinstalado en el país andino, luego de que en 1992 el fallecido Alberto Fujimori disolvió los poderes, llamó a una constituyente y rediseñó el poder legislativo en un órgano unicameral. Los peruanos esperan que el regreso del Senado dote de estabilidad al país y con ello la volatilidad e incertidumbre se reduzcan.

La cámara alta estará formada por 60 escaños y se encargará de aprobar los proyectos de ley provenientes de la Cámara de Diputados, ratificar nombramientos del funcionariado y permitir la salida del ejecutivo del país. Por otro lado, en el caso de que ninguna candidatura obtenga más del 50% de los sufragios, deberá celebrarse una segunda vuelta el 7 de junio.

En los casos de Costa Rica y Perú que son gobernados por la derecha buscarán refrendar estos resultados y mantener alineadas a estas naciones con los Estados Unidos. Sin embargo, los comicios de mayor peso se llevarán a cabo en Colombia y Brasil, naciones que han sido de las más contestatarias a la política exterior de Trump.

El 8 de marzo Colombia tendrá elecciones parlamentarias en las que se renovarán los 103 escaños del Senado y 183 miembros de la Cámara de Representantes. Actualmente, el Pacto Histórico de Gustavo Petro ostenta una mayoría, aunque se ha visto fragmentada al momento de votar proyectos como las reformas a las pensiones, la salud y la reforma agraria. Por otro lado, la absolución del expresidente Álvaro Uribe marcó el inicio del proceso electoral en el que se buscará la derrota de la izquierda. A esto se sumó el asesinato del senador y precandidato del Centro Democrático, Miguel Uribe Turbay.

La política interior se ha convertido en un caldo de cultivo que merma las aspiraciones de la izquierda para mantenerse en el poder con su candidato, Iván Cepeda. Sin embargo, en la política exterior Petro se ha confrontado con su par estadounidense, Donald Trump por temas como las operaciones en el Caribe, el combate al crimen organizado y la relación colombo-venezolana. Para esta primera parte la derecha aspira a derrotar al pacto histórico y con ello preparar el camino para los comicios presidenciales del 31 de mayo.

La disputa por la presidencia colombiana abre la puerta para una mayor colaboración con los Estados Unidos, reconfigurando las presiones sobre Venezuela y frenando el avance de las izquierdas. A finales de 2025 el tirano de Venezuela, Nicolás Maduro, llamó a la conformación de la Gran Colombia como sueño de Bolívar y con ello poner un freno al hambre imperialista de la Unión Americana. Colombia sin duda será un escenario candente políticamente y electoralmente.

El 30 de agosto Haití tiene previstas elecciones presidenciales y legislativas. La nación insular vive una crisis política desde que en 2021 fue asesinado el ejecutivo, Jovenel Moise y luego una ola de inseguridad impidió la celebración de elecciones. A esto se sumó que los últimos senadores, diputados y miembros del poder judicial vieron expirar sus mandatos, dejando al país en la incertidumbre. Derivado de este escenario se formó el Alto Consejo para la Transición, encargado de conducir la política nacional y planear las elecciones.

Haití ha sido catalogado como un estado fallido, sin embargo, Estados Unidos no desaprovecharía la oportunidad de ganar un aliado más en el Gran Caribe y con ello hacer mayor presión sobre Cuba. Durante el siglo XX, los estadounidenses mantuvieron en el poder a la dictadura de los Duvalier, los cuales fueron afines a la ideología de la potencia hemisférica. Sobre todo, porque una Doctrina Monroe 2.0 ningún país es despreciable para cumplir con los objetivos de Estados Unidos.

Por último, el 4 de octubre Brasil acudirá a las urnas para renovar el congreso y la presidencia. El gigante sudamericano fue escenario de disputa desde 2025 cuando el expresidente, Jair Bolsonaro, fue enjuiciado y Estados Unidos hizo lo posible para impedir su encarcelamiento. Trump intentó mediante el retiro de visas a jueces del Tribunal Supremo de Justicia, presiones arancelarias y amenazas que el gobierno de Lula cerrara las investigaciones contra Bolsonaro, pero fracasó.

La sanción contra Bolsonaro ha radicalizado a sus seguidores quienes buscan un candidato competitivo para derrotar al progresismo. A esto se suma que Lula declaró que buscará un cuarto mandato en 2026, lo que ha fortalecido a los opositores quienes tienen bien delineado a su adversario. Un nuevo gobierno del presidente muestra la falta de liderazgos que puedan competir por el Palacio de Planalto y exhibe el dominio personalista del sindicalista sobre el Partido de los Trabajadores.

La llegada de un gobierno derechista a Brasil implicaría el aislamiento de Venezuela y pulverizaría a la izquierda que solo gobernaría Uruguay, México, Nicaragua y Cuba. Los Estados Unidos saben del peso geopolítico de este país y que representaría un triunfo no solo político, sino ideológico sobre los adversarios de Trump.