
Sebastián Godínez Rivera
Venezuela ha dado mucho de qué hablar y sin duda nos dará a los politólogos mucho material para analizar. Un tema poco estudiado versa sobre las diversas facciones dentro del chavismo como ideología y que cohabitan dentro del Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV). Maurice Duverger postuló desde los años cincuenta del siglo XX que los partidos políticos tenían diversas facciones según la corriente de pensamiento.
Es común pensar que los regímenes autoritarios gobernados por un solo partido tienen una sola visión de la política, lo cual es falso. Incluso dentro del hermetismo existen diversas corrientes de pensamiento respecto al partido. Por ejemplo, el socialismo no es un cuerpo monolítico, sino que consta de diversas facciones según su latitud como el leninismo, marxismo, castrismo, socialismo del siglo XXI, etc. Lo mismo pasa con el chavismo en Venezuela.
Cuando se hace referencia al chavismo esta se refiere a la ideología acuñada por Hugo Chávez, la cual encuentra raíces en la teoría del socialismo del siglo XXI de Heinz Drietich. Esta vertiente es la dominante puesto que Chávez fue el fundador del régimen existente en el cual se dinamitó la democracia liberal y se instauró un autoritarismo competitivo. Esta fue una mezcla del bolivarianismo y el socialismo, mezclados con el caudillismo personalista y el populismo de izquierda.
Tras la muerte del apodado “Comandante” surgió una facción que se denominó como chavismo sin Chávez, la cual fue producto de un proceso de deschavización del país. Miembros del partido abrieron el debate sobre seguir el rumbo de la revolución sin el comandante, despersonalizar la política para convertirlo en una serie de postulados revolucionarios que les mantuvieran en el poder. Esto por ende daría paso a nuevos liderazgos que estuvieron eclipsados durante la primera década de los 2000.
Esta corriente no tuvo auge derivado a que Chávez heredó el poder a Nicolás Maduro en 2013, si bien era un perfil conocido no lograba llenar ese vacío. Al contrario, dio paso a la formación de una nueva, el madurismo, que si bien nadie sabe en qué postulados se sostiene esta surge como una necesidad del heredero para mantener el poder. Tras una década de personalismo, Maduro no contaba con una base social propia, por lo que tuvo que erigir una y dar forma a su liderazgo.
El madurismo es una corriente que se basa en la personificación del poder en manos de Nicolás Maduro y que a diferencia de Chávez no cuenta con el carisma necesario para seducir a la población. La principal diferencia entre estos dos es que Maduro recurría a la fuerza bruta para reprimir, descalificar y atacar a quienes no pensaban como él; por otro lado, Chávez utilizaba las mismas fórmulas, pero antes utilizaba el carisma como arma para generar gobernabilidad.
Cuando Maduro ejercía el poder, este apostaba por la simpatía de los actos, es decir, bailar, cantar, contar chistes e incluso recurrir a la religión como raíz de su poder. Incluso la solidez del madurismo es cuestionable, puesto que esta ideología permea solamente a las altas esferas del poder con el objetivo de mantener la lealtad hacia él. Sin embargo, tras su detención el 3 de enero de 2026, se abre una nueva brecha en el país que podría fraccionarse en otras visiones.
La llegada de Delcy Rodríguez al poder como presidenta encargada abre un nuevo capítulo para el socialismo venezolano, no porque haya un cambio en la política, sino por la corriente a la que ella y otros personajes pertenecen. Dentro del PSUV y el gobierno debe haber personajes con una ideología moderada, es decir, que pugnen por un cambio en la forma de ejercer el poder y que estarían interesados en negociar una transición pactada.
Los moderados dentro de los diversos movimientos y partidos políticos tienden a ser ignorados porque representan una amenaza al status quo. Sin embargo, son estos los que consolidan los procesos de transición a la democracia y fungen como puentes de comunicación con la oposición. Hasta el momento estos no han hecho acto de presencia, ya sea porque aún son débiles políticamente o porque aún no inicia el proceso de transición.
Finalmente, están los denominados duros, que no pueden ser catalogados como chavistas o maduristas, sino como perfiles que aspiran a mantener el régimen intacto. Estos se caracterizan por ser radicales en la aplicación y la materialización de los postulados revolucionarios. Aspiran a la defensa del estado de las cosas e incluso son capaces de llamar a una confrontación directa con los adversarios, en aras de mantener el poder.
Personajes ligados a esta corriente son Diosdado Cabello y Vladimir Padrino quienes se encargan de la represión en Venezuela, pero que fueron creciendo bajo el ala de Hugo Chávez. Ambos pertenecen a la élite militar lo que les dota de una visión belicista, encarnada en Carl Schmitt sobre los amigos y los enemigos. Por ahora, estos perfiles están ocupando las posiciones de poder en el país, pero derivado de las negociaciones con Estados Unidos el tablero político puede moverse.
