Sebastián Godínez Rivera

A un mes de la detención de Nicolás Maduro y la asunción de Delcy Rodríguez como presidenta encargada de Venezuela, es pertinente hacer un análisis sobre el devenir de ese país. Las posturas a favor o en contra sobre las acción militar han sesgado visiones en pos de la ideología y relegado la cientificidad.

En la teoría de las transiciones a la democracia la caída del régimen autoritario no genera por sí solo la aparición del pluralismo y mucho menos en los procesos tutelados por una potencia. Al contrario, Marco Rubio, Secretario de Estado, ha delineado que el cambio se dará mediante la economía y aunque se ha enfocado en la pacificación, crecimiento económico y la democratización, se ha ignorado a uno de los personajes del chavismo.

Para la opinión pública la detención no abrió paso a la democracia, no instauró un gobierno con Edmundo González y Maria Corina Machado a la cabeza y tampoco erradicó el chavismo. Hay que remitir a la literatura para entender este largo proceso de cambios que no se dará en uno o dos meses, sino que será tenso por los diversos intereses que están en juego. Rodríguez es la pieza central de las negociaciones entre Washington y Caracas que permitan un cambio paulatino, pero que no implica la consolidación democrática

En el libro Entre Estados escrito por Juan Linz y Yossi Shain se analizan los cuatro tipos de gobiernos interinos que existen y cómo estos pueden dar paso a la democracia. Los autores identifican: 1) liderados por la oposición, 2) poder compartido, 3) liderados por los autoritarios y 4) internacionales encabezados por Naciones Unidas. La administración de Rodríguez encaja con el tercer tipo, porque es producto del descabezamiento del régimen.

Estos se caracterizan porque se enmarcan dentro de las reglas establecidas ante la falta del líder ya sea por deceso, caída o reemplazo. Rodríguez como vicepresidenta era la persona que debía asumir la titularidad del Estado y aunque tiene un largo historial en las filas del chavismo. Washington ha establecido interlocución con ella y prueba de ello son los acuerdos para que petroleras estadounidenses puedan explotar el petróleo.

Otro dato es que la presidenta encargada es hermana del presidente de la Asamblea Nacional, Jorge Rodríguez, lo que ha generado cuestionamientos sobre el gobierno que encabeza. La literatura clásica muestra que ante la permanencia del régimen autoritario quienes ostentan el poder fungirán como canal de interlocución entre la potencia y la fuerza gobernante. No es posible cesar a todos los miembros del chavismo, ya que esto acarrearía tensiones internas, lo que hasta el momento Estados Unidos ha buscado contener.

Ante una eventual salida de los socialistas venezolanos, el gobierno debe conseguir acuerdos de impunidad y seguridad con Estados Unidos, esto como condición para ceder el poder. Delcy Rodríguez es una de las pocas que conoce las entrañas del Estado chavista y por eso es garante de la estabilidad. Su experiencia data de 2006 cuando fue Ministra de Despacho de la Presidencia con Hugo Chávez y en 2007 fue coordinadora general de la vicepresidencia cuando su hermano Jorge Rodríguez fue el vicepresidente.

Delcy ha estado en las altas esferas del poder desde el chavismo de antaño y durante los gobiernos de Nicolás Maduro fue Ministra de Relaciones Exteriores, Presidenta de la Asamblea Constituyente, Ministra de Economía, Ministra del Petróleo, Directora del Banco Central de Venezuela y Vicepresidenta de la República. Todos los cargos ocupados por ella denotan una formación clara en la estructura autoritaria y la posicionan como puerta hacia las reservas petroleras del país.

Así como el politólogo Roderic Ai Camp estudió los procesos de formación de la élite política mexicana durante la hegemonía priísta, es posible aplicar la misma metodología a Rodríguez. La presidenta encargada está tutelada por Washington no por debilidad, sino por conveniencia, saben que su paso por la administración pública y sus nexos con los chavistas duros permitirá la explotación de recursos naturales sin que haya tensiones internas o motines entre las facciones socialistas.

Rodríguez es una pieza más en el tablero geopolítico de Washington y aunque en sus discursos apela a la soberanía y cuestiona el intervencionismo, también apela a una negociación con Estados Unidos. Muestra de ello fue la reunión del 16 de enero con el titular de la Oficina de Negocios para Venezuela, John McNamara para ponderar la apertura de una embajada estadounidense en Caracas, lo que no es cosa menor.

La presidenta encargada es sumisa ante la amenaza de una segunda intervención, pero también funge como muro de contención a los chavistas más radicales como Diosdado Cabello. En este primer mes ha hecho algunos cambios en el gabinete y ha suavizado el discurso frente a la Casa Blanca. Quienes piden la caída del régimen ya, no lo verán, así no funcionan las transiciones; detraś de ellos los acuerdos e intereses deberán alinearse para conservar un poco de soberanía e independencia frente a Donald Trump. La transitología es clara y no concluye de forma categórica, sino que observa los procesos políticos.