Sebastián Godínez Rivera

El octogenario líder de la Confederación de Trabajadores de México (CTM), Carlos Aceves del Olmo anunció que no presentará su reelección para encabezar la central obrera más grande del país. Los sindicatos fueron como pilar del sistema corporativo y autoritario mexicano cuando el entonces Partido Revolucionario Institucional (PRI) tenía todo el control como lo ha analizado Maria Xelhuantzin en su texto 101 años de control sindical.

El sector obrero aglutinado bajo las siglas de la CTM consolidaron uno de los aparatos de control más eficientes del siglo XX. Fidel Velázquez el eterno líder de la confederación ejerció el poder desde mediados del sexenio de Miguel Alemán (1950) hasta su muerte en 1997 cuando gobernaba Ernesto Zedillo Ponce de León. El brazo obrero del PRI resistió el periodo de la alternancia (2000-2018), pero con la llegada de López Obrador al poder esta comenzó a coquetear con el tabasqueño.

La central obrera se plegó al naciente poder morenista mediante la sumisión, es decir, la presidencia se comprometió a respetar las eternas reelecciones de los anquilosados líderes a cambio de ceder el control al nuevo sindicalismo oficial de Napoleón Gómez Urrutia y hoy con el diputado, Pedro Haces Barba. El sindicalismo mexicano se ha caracterizado por la obediencia a la presidencia y la nula defensa de los trabajadores, pero hoy con la reconstrucción de un régimen hegemónico las centrales obreras no ocultan su simpatía.

Desde la campaña presidencial de 2024, otras centrales obreras como la CROC de Isaías González Cuevas y la CATEM de Pedro Haces recordaban el viejo acarreo a los mítines como en la era dorada del PRI. Los actores cambiaron, Morena como fuerza principal, pero los sindicatos como grupos de apoyo con grandes lonas, banderas y playeras en la que “daban su apoyo a la candidata oficial”, entonces Claudia Sheinbaum. Durante el siglo XX el sindicalismo oficial apodó a los presidentes como “el primer obrero de la nación” para referirse a Miguel Alemán o “el amigo de los trabajadores” en el caso de José López Portillo.

Hoy los morenistas han revivido esas imágenes, parece que México no ha cambiado mucho del PRI al “moderno Morena”. Sin embargo, hay una variable que antes no existía y es que la CTM se ha separado del casi extinto Revolucionario Institucional, en 2025 se anunció la ruptura con el partido de Alejandro Moreno. En política no hay casualidades y lo cierto es que el sucesor de Aceves del Olmo tenderá nexos con la 4T, mientras que el oficialismo los recibirá con los brazos abiertos porque son votos.

La vieja central obrera que fungió como mecanismo de control de los trabajadores y que en su momento se convirtió en un brazo del régimen hoy busca subsistencia política con el gobierno de la Cuarta Transformación. Sin embargo, su posible anexión no será un tema sencillo puesto que así como las facciones de Morena se disputan el poder en los estados mostrando a  la luz las profundas divisiones, la eterna casta sindical tiene sus diferencias.

En su momento las centrales oficiales rechazaron a los nuevos sindicalistas que denunciaban los vicios y corrupción de Aceves del Olmo, Elba Esther Gordillo o el finado Carlos Romero Deschamps. La eterna izquierda abrazó al líder de los telefonistas Francisco Hernández Juárez o Napoleón Goméz Urrutia cabeza de los mineros, quienes se mostraban como la nueva guardia del sindicalismo independiente. Con el pasar de los años los alumnos aprendieron de sus maestros y copiaron sus tácticas para mantenerse en el poder.

Morena se hizo con el control del magisterio de la mano de Alfonso Cepeda, un exgordillista de viejo cuño, los petroleros no tuvieron mejor suerte con Ricardo Aldana o la Federación de Sindicatos de Trabajadores al Servicio del Estado (FSTSE) se sumó a la 4T con el eterno líder Joel Ayala. Los sindicatos optaron por la sumisión con el partido guinda y aunque la llegada de algunos liderazgos fue bien recibida, la guardia octogenaria podría tensar las filas del partido.

Todos caben en la 4T, pero esto no es sinónimo de coexistencia pacífica; hoy los eternos dinosaurios del sindicalismo gritarán “Si don Fidel viviera, con Morena estuviera”.