Sebastián Godínez Rivera

El Foro Económico de Davos se convirtió en el símbolo de la unidad europea tras las amenazas de Trump sobre la toma de Groenlandia y la imposición de aranceles. El presidente galo Emmanuel Macron, el canciller alemán Friedrich Merz y el primer ministro británico Keir Starmer llamaron a la unidad continental ante las amenazas de Washington.

El mensaje resonó en varias naciones como Polonia donde el premier Donald Tusk declaró que no debe haber apaciguamiento ante Estados Unidos. Por su lado, la primera ministra italiana Giorgia Meloni, señaló que si los estadounidenses imponen aranceles, entonces los europeos deben cerrar las bases militares de dicha nación. Dinamarca, Noruega y Finlandia no solo han rechazado la postura agresiva, sino los deseos de expansión de Trump lo que ha generado tensiones dentro de la OTAN.

El primer ministro belga, Bart De Wever, un euroescéptico y nacionalista convencido también salió a cuestionar las posturas de Washington. Hay ciertos ejemplos como Viktor Orbán de Hungría que guardan silencio y se niegan a cuestionar al magnate estadounidense, mientras que otros jefes de gobierno como Andrej Babis y Robert Fico omiten pronunciamientos.

El fenómeno es interesante puesto que los aliados de Washington están dispuestos a plantarse frente a los Estados Unidos, incluso aliados nacionalistas como Meloni han tomado postura no a favor del europeísmo, sino que apelaron a la defensa continental. El frente común a partir de los discursos generó que nacionalistas y europeístas vean a sus aliados como una amenaza trasatlántica.

Es pertinente señalar que desde finales de la Segunda Guerra Mundial los Estados Unidos se erigieron como el faro de la democracia y las libertades, pero además impusieron una dominación económica sobre la Europa destruída por la guerra. El Plan Marshall para la reconstrucción fortaleció a los estadounidenses y permitió el levantamiento del viejo continente, por otro lado, el patrón oro-dólar instalado en Bretton Woods fue símbolo de la nueva potencia que se levantó del otro lado del mundo.

Naciones como Francia, Reino Unido y las naciones nórdicas se convirtieron en aliadas de los Estados Unidos, mientras que las potencias derrotadas como Alemania e Italia sirvieron como áreas de equilibrio para el continente luego de que fueron ocupadas por los ejércitos aliados. Finalmente, la otrora Unión Soviética se convirtió en la potencia que disputó la hegemonía a los Estados Unidos inaugurando así el periodo de la Guerra Fría (1946-1991).

Los nacionalismos se multiplicaron durante el siglo XXI en Europa del este, pero no fue hasta 2016 cuando Trump apareció en la escena política y la opinión pública se sintió atraída por él. No hay que olvidar que desde 2001 Putin gobernaba Rusia, Orbán era primer ministro de Hungría y el partido polaco Ley y Justicia hacía lo propio desde 2008. Sin embargo, Donald Trump fue más estridente en su aparición y por eso el mundo puso atención en las nuevas derechas.

En medio de la disputa por los polos de poder, Estados Unidos reclama territorios que no le pertenecen bajo el argumento de la seguridad hemisférica. Por otro lado, Rusia aspira a reconstruir su zona de influencia financiando políticos y partidos prorrusos como en Georgia y China espera en las sombras para lanzar una primera maniobra sobre Taiwán. No es casualidad que Europa sea un dique para los deseos expansionistas.

Aunque el texto aborda el tema europeo, Canadá también se ha pronunciado por la defensa de los valores liberales y ha cuestionado el quiebre del sistema internacional. El primer ministro, Mike Carney, desvistió el mito del legalismo internacional y señaló a las potencias de iniciar una nueva disputa por el mundo; a pesar de ser economista su participación ha sido motivo de análisis de politólogos e internacionalistas.

La Casa Blanca en diversas ocasiones ha dicho que quiere que Canadá sea el estado 51, que mediante los tratados internacionales se aprovechan de Estados Unidos y durante el mandato de Justin Trudeau Trudeau llegó a llamarlo gobernador. No obstante, este nación pertenece a la Commonwealth y su jefe de estado es el rey Carlos III de Reino Unido, por lo tanto, una incursión en territorio canadiense sería una amenaza a un territorio británico.

En conclusión, el mundo vive momentos caóticos cortesía de las potencias que reclaman su lugar en el mundo, pero Estados Unidos ha ido más allá con las amenazas a sus aliados. En los últimos lustros el continente estaba dividido entre europeístas y nacionalistas, pero las amenazas del republicano han unido a todos en un frente común.