Sebastián Godínez Rivera

El libro Ni venganza, ni perdón: una amistad al filo del poder escrito por Julio Scherer Ibarra y Jorge Fernández Menéndez se ha vuelto tendencia por los señalamientos que se hacen contra personajes de la primera línea del obradorismo y fueron heredados a Sheinbaum. Las afirmaciones del ex consejero jurídico del ejecutivo muestra el verdadero poder, ese que los politólogos estudiamos y que no es fácil de rastrear o entender a la luz de las decisiones políticas.

Huachicol fiscal, 90% lealtad y 10% conocimiento, corrupción en campañas electorales y guerra entre facciones políticas son algunos elementos del texto. Sin embargo, existe otro elemento que hace valioso el texto y es el proceso de las negociaciones entre el presidente y otros actores políticos, no es un secreto que la persona que ocupa el ejecutivo es la punta de la pirámide como lo escribió Jorge Carpizo en El presidencialismo mexicano. Menéndez utiliza un hilo conductor a través de anécdotas, reportajes y los testimonios de uno de los hombres más cercano al expresidente López Obrador.

A lo largo de 349 páginas Scherer habla de la relación con López Obrador como presidente del extinto PRD, su interacción con sus esposas, las tres candidaturas presidenciales de 2006, 2012 y 2018 y la primera mitad del sexenio. En libro es una radiografía que retrata a los personajes más polémicos de la 4T como el exfiscal y hoy embajador en Reino Unido, Alejandro Gertz Manero, el vocero de la presidencia Jesús Rámirez Cuevas, el ex titular de la CFE Manuel Bartlett o diversos miembros del gabinete.

La relación de los secretarios con el presidente estuvo atravesada por la disputa entre los proyectos estratégicos, por ejemplo, cuando López Obrador le dijo a la hoy gobernadora de Veracruz, Rocío Nahle “que no quería una Secretaría de Energía, sino de Refinerías”. Otro caso es cuando la ministra en retiro y titular de gobernación le dijo al tabasqueño que la dependencia tenía otras funciones, facultades y actividades a lo que el presidente respondió “no me importan las facultades, solo quiero que veas Ayotzinapa. Es el compromiso 100”.

En los casos expuestos con antelación es posible delinear el poco entendimiento que López Obrador tenía del gobierno, la burocracia y la economía como lo dice el propio Scherer “es un gran político, tiene la capacidad de hablar con la gente, pero no es un buen economista y tampoco administrador”. Como varios personajes populistas, el tabasqueño no entendía la función técnica en las instituciones o las decisiones en Hacienda ya que estas no estaban ideologizadas, esto generó la salida del secretario Carlos Urzúa.

También se cuestiona el nombramiento de Elena Álvarez-Buylla al frente del Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (CONACyT) y la mancuerna que hizo con el fiscal Gertz para presionar a los científicos, someter al CIDE y debilitar la escueta investigación que se hace en México. Luego de perseguir a la academia, el fiscal recibió como premio por sus servicios el nivel III en el Sistema Nacional de Investigadores. No es casualidad que en mientras la ciencia del país era acosada, López Obrador desde la mañanera tildara de neoliberales a las instituciones de educación y cuestionara que “no se ponía la ciencia al servicio del pueblo”.

Por otro lado, Scherer aborda el tema de las mañaneras y las quejas de los empresarios que se sentían intimidados porque eran exhibidos en televisión nacional. El acoso contra los magnates del país generó que López Obrador los viera como opositores, a pesar de ser el sexenio en el que también les ha ido bien, como dijo en su informe de 2022. Diversos libros se han escrito acerca de las mañaneras como técnicas de propaganda, intimidación e imposición de agendas, sin embargo, siempre fueron un mecanismo de defensa para el control de los temas públicos.

Los cuestionamientos en torno a las conferencias provenían de periodistas, investigadores y empresariado, pero estas nunca cesaron. A esto se suma que el exconsejero desde el inicio del libro reconoce que el tabasqueño tenía una personalidad de predicador, lo cual no es nuevo y ha sido estudiado por varios cientistas políticos en todo el mundo, el populismo como discurso cuenta con un talante religioso que pretende dignificar a los ofendidos, castigar a los opositores e instaurar una visión moral desde el poder que no siempre se conduce conforme a las normas de convivencia y rechaza la otredad.

El misticismo de López Obrador no proviene de su gobierno sino de sus largas luchas cuando supuestamente defendía la democracia, como el Éxodo por la democracia o cuando en plena pandemia de Covid-19 utilizó imágenes religiosas para cuidarse. Scherer destaca que durante la emergencia sanitaria el tabasqueño no se cuidaba (eso era claro) y que delegó la función de comunicar sobre la salud a López-Gatell, un médico que se desdijo durante toda la pandemia del uso de cubrebocas, las vacunas y la propagación del virus.

El exconsejero menciona que fue un error haberlo llamado, pero ellos creyeron que durante el manejo de la influenza AH1N1 durante el sexenio de Calderon éste fue despedido, seguro era bueno. Esta frase denota la realidad de Morena y el gobierno, no importa de donde hayan salido los políticos porque al pasar del PRIAN al oficialismo sus pecados se redimen, aunado a que si funcionarios provienen de otros sexenios, seguro fue porque eran incómodos al poder, por lo tanto, son buenos para Morena.

El libro está lleno de diversas anécdotas que no caben en estas líneas, pero que sin duda valen la pena leer. Desde una óptica politológica el texto desnuda el poder real, la toma de decisiones, el diálogo entre diversos actores políticos y el dinero ilícito que recorre al partido gobernante. Un trabajo en el que Scherer reconoce su papel como operador frente a otros poderes respecto a la agenda de la 4T y en el que concluye con la llegada de Adán Augusto a Gobernación y el sometimiento de la Consejería Jurídica como un apéndice de la primera.

El poder corrompe, pero el poder absoluto corrompe absolutamente dijo Lord Acton en 1887 al ver que la autoridad moral de un líder crece de forma descomunal, pero durante una entrevista en televisión Scherer declaró “el poder cambia a las personas, López Obrador no cambió como político, pero sí como persona”, el libro nos muestra este salto, del luchador social y opositor al destructor de los contrapesos institucionales.