
Sebastián Godínez Rivera
El Secretario de Estado, Marco Rubio, pronunció uno de los discursos simbólicos en Múnich en medio de un contexto marcado por las tensiones con los países miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) y el discurso beligerante de Donald Trump. Diversos elementos han sido analizados como sus referencias a la civilización y la unión transatlántica que encuentra raíces en los estudios de Huntington, también abordó los valores fundaciones de acuerdo son Lipset en el libro El excepcionalismo norteamericano e hizo una crítica a Fukuyama y su afirmación del fin de la historia.
En el presente texto analizaré el perfil de Marco Rubio como diplomático, ya que en la opinión pública se ha popularizado la idea de que Estados Unidos abandonó la diplomacia y optó por la fuerza. Sin embargo, el mundo está presenciando el surgimiento de una vieja mancuerna entre el presidente y el secretario que durante varias décadas no se observó producto de la centralidad de las relaciones exteriores en el ejecutivo.
Desde la fundación de los Estados Unidos el Departamento de Estado ha sido esencial para la expansión territorial, la diplomacia con Europa y el uso de la fuerza en América Latina durante el siglo XX. Específicamente en el gobierno de Richard Nixon, cuando Richard Roger dejó ese cargo fue relevado por Henry Kissinger, uno de los funcionarios más emblemáticos en el terreno diplomático y que entendió que el poder de la diplomacia reside en la autonomía que el presidente le otorga.
En el caso Trump-Rubio el primero utiliza el discurso y la fuerza para obtener mayores beneficios al momento de negociar, pero el segundo opera bajo la lógica de los preceptos diplomáticos. Desde el Departamento de Estado se controla al gobierno interino de Venezuela, se negocian los acuerdos de minerales críticos en acuerdos comerciales y se busca un acercamiento con la Europa continental a pesar de los amagos del presidente.
Rubio es un político republicano con filias y fobias, sin embargo, ha entendido su papel como cara de la diplomacia. Como en su momento el Ministro de Asuntos Exteriores del Imperio Austriaco, Klemence von Metternich entendió que la ideología no sirve en la diplomacia, Rubio sigue estos pasos. Esto no quiere decir que haya sido apolítico, sino que las relaciones internacionales se llevan a través del diálogo y la tecnicidad lo que se traduce en acuerdos y estabilidad.
Por ejemplo cuando Metternich negoció con el Conde Castlereagh las condiciones del nuevo orden tras la caída de Napoleón impulsaron el conservadurismo, el equilibrio de poderes y la restauración de monarquías absolutas. Ambos convinieron sus intereses en aras de un bien mayor, preservar la estabilidad, aunque esto fue a costa de los movimientos liberales que pugnaban por monarquías limitadas y sistemas abiertos que dieran representación a la mayoría de la población.
En el caso de Marco Rubio, sería desproporcionado con estos personajes producto de acuerdos que no han dado resultados, sin embargo, en su discurso en Múnich es posible rastrear que desde su oficina pretende reestructurar las relaciones con Europa, pero sin el liberalismo como doctrina intermediaria, porque hay personajes como el canciller alemán Friedrich Merz, el presidentes de España, Pedro Sánchez y Emmanuel Macron de Francia o los primeros ministros Keir Starmer de Reino Unido y el polaco Donald Tusk quienes defienden la postura liberal.
Estados Unidos pretende reconfigurar las relaciones a través del reemplazo del iliberalismo como en su momento lo hicieron Castlereagh y Metternich con el conservadurismo reaccionario. El objetivo es generar una nueva estabilidad en la que otras potencias como Rusia y China sean reconocidas y se vuelvan integrantes del orden iliberal. Rubio lo que intenta es explicar que no se busca la ruptura de viejos aliados, sino un cambio en los preceptos que la guían.
Otro elemento que Rubio retoma de los modelos de diplomacia clásica y que fue un elemento central de Henry Kissinger, las cumbres o negociaciones deben ser entre un número reducido de ministros técnicos. Esto buscaría desideologizar los acuerdos y tratados para obtener mayores beneficios, aunque parece lógico es lo que más les cuesta a los políticos entender, no es una tarea simple.
Para ejemplificar, Kissinger simpatizaba con Nixon por su ferviente anticomunismo, pero sabía que su ideologización podría generar tensión frente a China. El secretario de estado convenció al presidente que convenía alejar a los chinos y los soviéticos, de esta forma evitarían la creación de un gran bloque socialista. Nixon convencido visitó China en 1972 reuniéndose con el líder Mao Tse Tung, lo que abrió los canales de entendimiento entre ambas naciones.
En el caso de Rubio es más claro en el tema de Venezuela, sin duda Washington era reactivo a Nicolás Maduro, su captura trajo negociaciones con miembros del chavismo producto de la presión. Para muchos la crítica es que Trump negoció con Delcy Rodríguez, pero Rubio postuló que pretenden detonar una transición desde lo económico y que esta genere las condiciones para el nacimiento de la democracia.
En conclusión, Marco Rubio y su equipo entienden el mundo más allá de las ideologías que imperan, su trabajo como diplomático ha estado marcado por el entendimiento de los procesos políticos como las transiciones o la restauración del orden. El secretario de estado no es un improvisado, sino que es alguien con bases sólidas de conocimiento técnico.
