Sebastián Godínez Rivera

La revolución iraní de 1979 creó un Estado confesional que sustenta su orden y leyes al Corán, libro sagrado del Islam. El objetivo era sustituir al Sha que era cercano a occidente, por una teocracia radical y antioccidental. Construyó una serie de instituciones como la Asamblea de Expertos integrada por 88 clérigos islamistas electos por voto popular por un periodo de 8 años y cuentan con facultades para nombrar, remover y controlar al ayatolá.

También está el Consejo de Conveniencia integrado por 36 miembros, esta se creó en 1988 la cual se encargaba de resolver controversias entre el parlamento y el Consejo de Guardianes. No obstante, su poder real reside en que funge como asesor del líder supremo. Por otro lado, se encuentra el Consejo de Guardianes conformado por 12 personajes, 6 religiosos y 6 abogados, de acuerdo a la Carta Magna iraní entre sus facultades está: el poder de veto sobre la legislación aprobada por el parlamento , supervisa las elecciones y aprueba o descalifica candidaturas que buscan presentarse a elecciones a diversos cargos.

Irán también cuenta con los tres poderes del estado ejecutivo, legislativo y judicial, sin embargo son los órganos mencionados con antelación lo que permite que la estructura subsista. A diferencia de otros países con regímenes autoritarios, Irán no lo tiene centralizado, si bien, existe un líder espiritual supremo y que tiene injerencia en la vida pública, este no es la piedra angular.

Los países tienen la capacidad de evolucionar o perecer producto de su diseño institucional, en el caso iraní este no se encuentra acumulado en el ayatolá como se cree, sino que está sujeto a varios mecanismo de designación que permitirán la subsistencia. La apuesta de los estadounidenses era decapitar al gobierno, el ayatola Jamenei murió en los bombardeos, sin embargo, la estructura de la teocracia está tan organizada que se instauró un Consejo Provicional hasta que se designe a un nuevo ayatola.

Estados Unidos optó por atacar Irán apostando por la debilidad del gobierno que estaba siendo presionado por protestas que exigían la caída de la teocracia islámica. Sin embargo, los esfuerzos por detonar la caída del régimen pueden fracasar debido a su estructura. Irán no tendría una transición como la que se planteó en Venezuela donde la captura del líder, abrió el paso a negociaciones con el gobierno interino de Delcy Rodríguez,

Otro factor es que la religión no es columna vertebral del estado venezolano, pero sí del iraní por lo que la llegada de un nuevo ayatolá podría significar la radicalización hacia Estados Unidos y los aliados de la península arábiga. Al contrario, afirmar que el régimen teocrático cayó es un error, si bien hay protestas en las calles contra el gobierno estas no representan un desafío al régimen porque las otras instituciones siguen en pie.

Por otro lado, Reza Pahlavi, hijo del sha Mohammad Reza Pahlaví, quien ha declarado que tendrá un papel central en la transición. Es difícil identificar el nivel de apoyo de la población hacia un nuevo monarca, debido a que durante el siglo XX hubieron avances considerables con la Revolución Blanca, el sharato era visto como una estructura corrupta y autoritaria, documentado por el periodista Ryszard Kapuściński en su libro El Sha o la desmesura del poder (1986) estos excesos detonaron la revolución de 1979.

En conclusión, las estructuras del poder siguen intactas lo que le permitirá al gobierno islámico sobrevivir a los bombardeos de febrero, sin embargo, la posible radicalización de los iraníes en el poder es una variable que no se tomó en cuenta. El problema es que las teocracias difícilmente caen y al menos en la experiencia comparada no hay registro que estos hayan transitado hacia regímenes democráticos.El país está en jaque, pero no significa que ganaron la partida.