
Sebastián Godínez Rivera
La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero, la instauración de un gobierno tutelado por Delcy Rodríguez y las sanciones desde Washington para naciones que envíen petróleo a la isla están asfixiando a la tiranía cubana. Es pertinente señalar que la caída del régimen unipartidista podría llegar en cualquier momento, pero también podría sostenerse ya que ha demostrado que ha sido resiliente a los escenarios que han puesto en jaque su existencia.
En Ciencia Política el concepto resiliencia se refiere a la capacidad de los sistemas políticos para absorber crisis internas o externas y adaptarse sin colapsar ni renunciar a sus principios fundamentales. Cabe destacar que el concepto se ha utilizado por autores como Levitsky, Way o Freidenberg para demostrar que las democracias son capaces de hacer frente a impulsos autoritarios y que buscan mecanismos de defensa para no perecer.
Para efectos de este texto me referiré a la resiliencia de los autoritarismos como el caso de Cuba que ha transitado por diversos momentos en los que su existencia estuvo en riesgo. Desde el triunfo de la revolución y la transformación del Estado oligárquico al castrismo, pasando por las operaciones de la CIA en la isla hasta el derrumbe de la Unión Soviética, el reǵimen cubano ha salido airoso de todas las pruebas, afianzando su control político.
Desde 1959 cuando triunfó el movimiento armado de Fidel Castro, Camilo Cienfuegos y Ernesto Guevara, la instalación de un gobierno revolucionario se propuso reformar los espacios de poder para instaurar un Estado nuevo. Cabe hacer hincapié que la lucha cubana no tenía en sus inicios como precepto central el socialismo, sino el nacionalismo, pero fue a partir de los años sesenta cuando Fidel Castro se acercó con la Unión Soviética.
El cambio del Estado oligárquico, es decir, controlado por las grandes empresas fruteras y azucareras alineadas con Washington se impulsó a partir de las expropiaciones y las purgas de los sectores que habían apoyado al otrora presidente, Fulgencio Batista. Castro impulsó la construcción de un aparato que sometió al empresariado y los sectores críticos a su gobierno bajo la retórica de la revolución, el nuevo hombre y las causas colectivistas.
La reforma se centró en el control de la vida pública y privada de la ciudadanía, lo que generó un éxodo de cubanos hacia otras naciones porque no respaldaban al régimen castrista. El momento de la construcción de un nuevo Estado es endeble y peligroso, puesto que las fuerzas derrotadas militarmente aún tenían poder económico y político cercano a Washington para impulsar la caída del gobierno de Fidel Castro.
Es imposible delimitar cuándo concluye el proceso de reforma estatal, Castro sabía que el estancamiento podría llevar a su caída, por lo tanto, se dedicó a innovar en los mecanismos de control. Desde las expropiaciones iniciadas en los sesenta, pasando por la represión y censura de los medios de comunicación, la disolución de la oposición y la ideologización de la ciudadanía fueron herramientas que le permitieron afianzarse en el poder.
Por otro lado, construyó un régimen de partido único similar al de la Unión Soviética que dio paso a una élite socialista que tiene hasta la fecha el control político. Castro superó la prueba de la construcción de un Estado policial y este fue puesto a prueba con Estados Unidos a través de diversas operaciones que buscaban derrocarlo, sin embargo, lo que hicieron fue fortalecer su imagen al exterior y reforzar los puntos débiles de su seguridad.
La CIA intentó asesinar a Castro en 638 ocasiones, fracasando en todo momento e impulsado la retórica de que el imperio quería someter a un gobierno revolucionario. Ante la tensión con la Casa Blanca, Cuba se acercó a los soviéticos quienes dotaron de inteligencia, recursos, materias primera e industria a la isla para consolidar un pequeño desarrollo. Sin embargo, con la caída del socialismo en 1991, la isla atravesó uno de los periodos más convulsos de su historia, el llamado periodo especial.
Este periodo se caracterizó porque ante la disolución de la Unión Soviética el país quedó aislado del mundo capitalista. Las importaciones cayeron, el PIB se contrajo, hubo apagones en la isla y escasez de comida. Castro optó por la dolarización parcial de la economía, impulsó el turismo y cuidó las remesas con el objetivo de estabilizar al país. Cuba sorprendentemente resistió toda la década de los noventa y recrudeció su régimen impulsando el terror y la persecución de los opositores.
Este turbulento momento derrumbó la tesis de los transitólogos liberales de que la caída del socialismo llevaría a que todos los países adoptaran el capitalismo y la democracia. Cuba ha sido una de las excepciones, puesto que se ha afianzado el autoritarismo, aunado a que el castrismo encontró otra forma de vivir, como un estado parasitario de otros. El caso más emblemático fue Venezuela con la llegada de Hugo Chávez en 1999, el país sudamericano daba petróleo a la isla y esta le proporcionaba servicios de inteligencia.
La isla sobrevivió durante el periodo de Chávez (1999-2013) y continuó viviendo a costa de Venezuela cortesía de Nicolás Maduro (2013-2026). Cuando surgió la llamada ola progresista en la región con diversos gobiernos de izquierda Cuba respiró y logró tender lazos con países como Brasil, Argentina, Ecuador o Bolivia. Para 2015 la región giró a la derecha y el país debió conformarse con Venezuela, sin embargo, las presiones económicas sobre Caracas y la falta de desarrollo comenzaron a pasar factura a ambos.
Otro momento fue la pandemia de Covid-19 en la que el virus fue letal para varias naciones, entre 2021 y 2022 la ciudadanía demandó medicamentos y atención médica, sin embargo, ante la falta de infraestructura el país optó por cortar el internet y aislarse. Así las protestas no tendrían eco en la región y régimen afianzaría el control de la mano de Raúl Castro en compañía del presidente Miguel Díaz Canel. El primero fungió como el líder militar y el poder detrás de la silla, mientras que el segundo cumplía con el papel legal.
El régimen volvió a salir triunfante a costa de la ciudadanía reforzando el control y la política del terror. El escenario parece ser distinto en 2026, la presión de Washington se ha elevado y la llave del petróleo venezolano se ha cerrado, mientras que la del crudo mexicano está haciendo lo propio producto de las tensiones diplomáticas. Sin una Venezuela socialista y con pocos aliados en el mundo, Díaz Canelha confesado en público que vienen tiempos difíciles y que intentarán resistir, la fragilidad del reǵimen es clara, pero no todo está escrito.
Al contrario, el autoritarismo ha logrado ser resiliente en diversos momentos del siglo XX y XXI, es posible que la presión lleve a la negociación de los cubanos con Estados Unidos, pero también está sobre la mesa que el autoritarismo resista como lo ha hecho, a costa de los demás. Nada está escrito aún, el colapso cubano es coreado en la opinión pública, pero no así en el terreno técnico de la Ciencia Política.
