En días recientes, Morena evidenció su pérdida de capacidad para convencer incluso a sus aliados más cercanos. La reforma electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum fue aprobada en comisiones de la Cámara de Diputados solo con votos de Morena (45 a favor, 39 en contra).
Ni el PT ni el PVEM, socios históricos de la coalición, la respaldaron; ambos votaron en contra junto a la oposición (PAN, PRI y MC).Esto revela un quiebre profundo.
La reforma constitucional necesita mayoría calificada en el pleno, la cual Morena no tiene, por lo que ya admiten recurrir al “Plan B”: aprobar cambios vía leyes secundarias con simple mayoría.
Es una confesión implícita de debilidad: el proyecto no convence ni a sus aliados naturales.
El aislamiento llega en el peor momento: la popularidad de Sheinbaum ha caído a poco más del 40%, su nivel más bajo. Las encuestas muestran un desgaste acelerado por priorizar el control sobre el diálogo, en medio de fragilidad económica e inseguridad persistente. El recurso al Plan B no
