
Sebastián Godínez Rivera
La correlación de fuerzas en el hemisferio occidental ha cambiado, mientras los gobiernos de izquierda de América se aíslan, las derechas se han sumado al Escudo de las Américas, iniciativa promovida por Washington para combatir a grupos del crimen organizado y solicitar apoyo militar de Estados Unidos.
La asistencia de líderes latinoamericanos de derecha no es solo su ideología, sino porque cada uno de ellos representa una pieza clave en el tablero de ajedrez continental. De Centroamérica asistieron los dignatarios de El Salvador, Honduras, Costa Rica y Panamá quienes son un puente de interlocución entre el norte y sur. Por otro lado, Trump ha puesto énfasis en dicha región por su simpatía con el modelo punitivista de Bukele, la colaboración de Asfura y Chaves con la Casa Blanca y la importancia del Canal de Panamá.
En el Caribe los dignatarios de República Dominicana, Trinidad y Tobago y Guyana son esenciales porque son la puerta de entrada al Caribe, además, son un mecanismo de presión para Cuba. Por otro lado, Trinidad es un pilar de la seguridad por su cercanía con Venezuela que actualmente es gobernada por Delcy Rodríguez, quien es tutelada por Estados Unidos. Trump ha reafirmado su poder en el Caribe luego de la reunión que tuvo Marco Rubio con la Comunidad del Caribe.
En Sudamérica la presencia de los presidentes Javier Milei de Argentina, el chileno José Antonio Kast, Daniel Noboa del Ecuador, Rodrigo Paz de Bolivia y Santiago Peña de Paraguay representan un bloque de colaboración en el subcontinente. La ola de derechas ha presionado a los pocos gobiernos progresistas que quedan en la región. La alianza con estos ejecutivos también es una forma de mantener alejados a China y Rusia.
Por cierto, también hubo una lista de excluidos y no es cosa menor, Brasil, Guatemala, Perú, Colombia, Haití, Uruguay y México no fueron invitados. Si bien ha habido tensiones entre esos países y Washington, en realidad es que su exclusión se debe a un cálculo electoral, ya que al menos cuatro países celebrarán elecciones presidenciales este año.
Marco Rubio declaró que “No se limitan a aceptar nuevos miembros más adelante”, lo que no dijo es que están esperando a los resultados en los que esperan que las derechas tomen el poder. Colombia tendrá elecciones presidenciales en mayo y se espera que la oposición derrote al candidato de Gustavo Petro. El presidente Petro pasó de un discurso estridente y soberanista a la cautela luego de una visita a la Casa Blanca, incluso hizo un llamado a Trump para mencionar que Colombia tiene mucho que aportar en el combate al crimen.
El segundo país es Perú, que ha tenido 10 presidentes en ocho años, se espera que para abril haya un nuevo gobierno encabezado por la derecha el cual sería abrazado por Estados Unidos. No es casualidad que Washington haya excluido al presidente interino, José María Balcázar, quien es del partido Perú Libre de corte izquierdista. Antes de su llegada al poder, el republicano tenía simpatía por José Jeri quien apostaba por la derecha, la mano dura y la cercanía con Washington.
En el Caribe, Haití espera celebrar elecciones en agosto y así intentar salir de la crisis política en la que está sumergido desde 2021. Trump no ha dicho nada al respecto, pero este país es pilar para el control del Caribe, seguramente la Casa Blanca apostará por la fragilidad de esta nación para imponer condiciones y alinearla a sus intereses.
Por último, Brasil tiene una cita con las urnas en octubre, luego de las presiones arancelarias contra el gobierno de Lula da SIlva para evitar la inhabilitación del expresidente, Jair Bolsonaro. La relación entre Washington y Sao Paulo quedó congelada luego de que la Casa Blanca retiró las visas a los jueces que votaron por enjuiciar a Bolsonaro. Estados Unidos apuesta por la aparición de un candidato derechista que reúna al bolsonarismo e impida el cuarto mandato del presidente brasileño.
Como si de un juego de ajedrez se tratara Trump quiere debilitar a la famélica izquierda y cambiar izquierdistas por figuras derechistas. Nada está escrito aún pero los intereses se mueven rápido en el gran tablero americano, por cierto, México, Uruguay y Guatemala merecen un análisis aparte.
