Sebastián Godínez Rivera

El presidente finlandés, Alexander Stubb, ha sido objeto de pocos análisis a pesar de ser uno de los líderes que apuestan por la esperanza y no por la supervivencia. Hace unos días el semanario The Economist publicó un artículo sobre su papel sereno en un mundo cambiante. Stubb ha mostrado temple en diálogos frontales ante el presidente Donald Trump, ha guardado la calma ante la invasión rusa a Ucrania y ha escrito algunos textos que versan sobre el estudio del poder desde una visión técnica.

Stubb no solamente es el jefe de estado finlandés, sino que es un politólogo que entiende el ejercicio del poder no solo desde la coyuntura, sino desde el cambio en las variables que rigen la política europea. Su producción bibliográfica es amplia aunque su tema central es el reacomodo de fuerzas en el sistema mundo como lo expone The triangle of power: rebalancing the new world order (2026), Negotiating flexibility in the european union (2022) o The European Union: How Does It Work? (2003).

No es un personaje improvisado que escribe desde sus filias y fobias sino que tiene una rigurosidad científica que no es común en los políticos. El sociólogo Max Weber estableció las diferencias entre los políticos y los científicos en el libro del mismo nombre, sin embargo, el mandatario finlandés es la mezcla de estos perfiles, una persona que es capaz de articular los intereses para sacar adelante su programa de gobierno, ya que también fue primer ministro del país y por otro lado, es capaz de elaborar diagnósticos concretos.

En el texto Cómo construir un nuevo orden global antes de que sea demasiado tarde publicado en la revista Foreign Affairs, Stubb es capaz de distinguir entre las afirmaciones de la opinión pública sobre la construcción de un nuevo orden y el análisis político respecto a la crisis del liberalismo como ideología dominante en el mundo. Asimismo, cuestiona la visión de Fukuyama y el famoso “fin de la historia”, es decir, tras el derrumbe del autoritarismo soviético todas las naciones adoptarían el capitalismo y la democracia liberal, esto no ocurrió.

Mientras otros líderes como el canciller alemán Merz, el presidente galo Emmanuel Macron o el ejecutivo ucraniano Volodimir Zelensky han afirmado que el mundo está presenciando el nuevo orden mundial o que atravesamos la tercera guerra mundial. Las preocupaciones son latentes y justificadas lo que está sustentado en visiones particulares, pero que quizá no cuentan con un análisis técnico basado en variables o escenarios surgidos de la tecnicidad.

El presidente finlandés entiende no sólo las diferencias conceptuales entre crisis liberal y nuevo orden, sino también entiende el mundo como un tablero de ajedrez en el cual las potencias mueven sus fichas para ganar terreno. Sin embargo, su propuesta está centrada en la disputa por mantener el multilateralismo o la multipolaridad que si bien, estas posturas no están peleadas si son esenciales para delinear los intereses de las naciones.

En ese sentido Stubb ha podido sentarse a dialogar con personajes tan volátiles como Trump, si bien a ambos personajes los une su gusto por el golf, no es la única variable. Por parte del líder finlandés es posible señalar, a manera de hipótesis, que su entendimiento del mundo y de los propios Estados Unidos proviene de su formación académica. En diversos textos considera que el ataque a las Torres Gemelas el 11 de septiembre de 2001, la intervención de los estadounidenses en Afganistán y la crisis econḿica de 2008 fueron detonantes para la erosión de los principios liberales.

Por otro lado, reconoce el papel de Europa y su pasividad ante las agresiones rusas desde 2014 con la anexión de la península de Crimea y agrega que debió haber sido más condenable que la agresión proviniera de un miembro permanente del Consejo de Seguridad de la ONU. Strubb hace una afirmación provocativa “Un mundo multilateral convierte el bien común en un interés propio. Un mundo multipolar se rige simplemente por el interés propio” (Stubb, 2026).

La cita que antecede se enmarca no solo en la política real, sino que constituye un debate teórico respecto al rumbo que tomaría el mundo. En ese sentido el control de las emociones y su política parte de la rigurosidad técnica que le permite moverse en el tablero internacional con mayor solidez que otros líderes mundiales, sobre todo, porque Finlandia es vecina inmediata de Rusia, por lo tanto, está en contacto directo con una de las potencias que amenaza la estabilidad continental.

Por último, en el mismo texto de Foreign Affairs señala como la política exterior finlandesa está sustentada en valores, intereses y el poder, osea los elementos de la corriente del realismo político. Stubb hizo un recuento de la estrategia de Finlandia para sobrevivir al fin de la Segunda Guerra Mundial y no fue absorbido por la Unión Soviética como los estados Bálticos y el este del continente. También cuestionó que entre 1945 hasta 1990 el país mantuvo independencia y soberanía respecto a los soviéticos, pero su política exterior debía alinearse con su vecino, esto se llamó “findialización”. Las disertaciones y análisis que elabora Stubb sin duda lo posicionan como una voz autorizada para abordar el desorden mundial actual, pero también hace aportes a la política real que sin duda lo hacen un político del que el mundo tiene mucho que aprender..