Sebastián Godínez Rivera

El morenismo ha quedado expuesto por los gastos y excéntricos gustos que tienen sus militantes. Desde Gerardo Férnandez Noroña comprando casas de doce millones de pesos, pasando por la fastuosa casa de Arturo Ávila y los gastos en maquillaje de Layda Sansores hasta la lujosa vida de los hijos de López Obrador. Han sido criticados por la opinión pública, sin embargo, para entenderles es necesario interpretarlos desde una visión clásica.

George Orwell fue uno de los escritores más prominentes por su visión distópica de la realidad como en su obra Rebelión en la Granja. En ese texto el autor retrata una revolución encabezada por animales en contra de los humanos porque están cansado de la explotación. En el libro la rebelión triunfa e instauran el socialismo, los cerdos encabezados por Napoleón establecen los lineamientos para mantener el espíritu revolucionario.

Sin embargo, conforme avanza la historia los cerdos se erigen como líderes del movimiento y terminan adoptando posturas similares a las de los humanos. Un mandamiento era “cuatro patas sí, dos no”, pero Napoléon y su séquito comienzan a caminar en dos patas, entonces ya no son tan malas. Luego comienzan a comerciar con otras granjas de humanos y a generar riqueza, el argumento de los cerdos es “necesitamos dinero para crecer y darnos a conocer”.

Al final, los animales de la granja que en su momento apoyaron la revolución terminan en la miseria, muertos o viviendo bajo peores condiciones que con los humanos. La historia culmina con que al asomarse por la ventana los otros personajes ven que los cerdos se transformaron en hombres porque viven en casas, utilizan ropa y pueden hablar, por lo tanto,“Todos los animales son iguales, pero algunos son más iguales que otros”.

Lo mismo ocurre con los morenistas, quienes en el pasado criticaron los lujos y excesos de los gobiernos anteriores, hoy se comportan igual o peor que ellos. Bajo el discurso de primero los pobres y la austeridad republicana miembros del oficialismo viajan alrededor del mundo, compran artefactos caros y comen en restaurantes exclusivos. Al igual que Napoleón y los otros cerdos del libro de Orwell se sienten atraídos por los lujos que en su momento no tuvieron.

El comportamiento humano está marcado por la envidia y la maldad como se debatió en la filosofía moderna. Rosseau postuló que el hombre es bueno por naturaleza, pero la sociedad lo corrompe; mientras que Hobbes señaló que el humano era malo por naturaleza y esto se contrapuso con Locke quien planteó que los humanos eran buenos. Tanto en el libro como en el México morenista, la envidia motivó que los discursos encumbraron a distintos personajes que lucran con la desigualdad.

Durante sexenios se criticaron los excesos de los presidentes emanados del PRI y el PAN, claro que deben exhibirse, puesto que son servidores públicos, pero hoy Morena reacciona con agresividad cuando son objeto de críticas. El partido gobernante se jacta de que los programas sociales generan bienestar, pero las fortunas de los políticos se ensanchan cada vez más. Más de uno de ellos han respondido que “su salario les da para pagar esos lujos”.

Se llenan la boca proclamando que son del pueblo y a ellos se deben, pero al igual que los cerdos del libro “todos somos pueblo, pero el pueblo es más igual que otros”. En su momento López Obrador declaró que todos debían regirse por la pobreza franciscana con “dos playeras y un par de zapatos”, en su momento voces morenistas obedecieron y se inclinaron ante el sumo pontífice de la demagogia. Hoy parece que se les ha olvidado y como si de un circo se tratara con maromas responden “la austeridad es en las políticas públicas, no de la vida privada”.

La hipocresía es el motor discursivo de Morena porque los gastos del pasado eran una grosería, pero el despilfarro de hoy es soberanía. Ante las críticas responden que no son iguales al PRIAN, sin embargo, con todos los escándalos ya no es posible distinguir entre panistas, priístas y morenistas, tomando en cuenta que todos se pasan a Morena. La envidia los movió desnudando su deseo por ejercer el poder y el dinero que en el pasado no pudieron, esa es la realidad.

Entre los diversos diálogos de la obra, los cerdos dijeron el hombre no sirve los intereses de ningún ser exceptuando los suyos propios”, si la misma cita es parafraseada en México podemos decir lo mismo de los políticos. En el libro gansos, ovejas, caballos, gallinas y el burro presenciaron el ascenso de una nueva clase dominante, lo mismo pasa en México solo que ya no es posible distinguir entre los corruptos del pasado y los del presente.