
Por Alejandro Guillén Reyes
Muy a tono con las prácticas del actual Gobierno Federal y de algunos mandatarios estatales, el gobernador de Puebla, Alejandro Armenta Mier, anunció la creación de un programa que se transmitirá por radio, televisión y redes sociales. En dicho espacio, pretende atender denuncias ciudadanas, particularmente aquellas relacionadas con actos de corrupción.
En principio, la idea suena bien: un gobernante que mantiene comunicación directa con la ciudadanía y atiende sus quejas puede interpretarse como un ejercicio de rendición de cuentas que, además, otorga puntos de popularidad al titular del Ejecutivo. Se generaría la percepción de un complemento virtuoso entre el derecho de la ciudadanía a la información pública y la obligación del gobierno de informar.
Sin embargo, un programa de TV protagonizado por un gobernante también puede convertirse en propaganda polarizante.
En efecto, lo que hemos observado en otros puntos del país es un ejercicio abusivo del poder. Estos espacios suelen derivar en actos de propaganda que dividen a las familias, a las comunidades y a la sociedad misma, convirtiéndose en escenarios de linchamiento mediático contra quienes no comparten la visión gubernamental. Generalmente, terminan siendo «garrotes» diseñados para golpear o «ablandar» a quienes ejercen su derecho a la libertad de expresión.
El ejemplo más grotesco de esto es el programa semanal «Martes del Jaguar», conducido por la gobernadora de Campeche, Layda Sansores; basta con ver cualquier emisión al azar para respaldar esta afirmación.
¿Y qué decir de las llamadas «mañaneras»? Ojalá bastara con sacar un pañuelo blanco ante las cámaras para erradicar la corrupción, pero lamentablemente no es así. En cualquier encuesta que mida la percepción de este problema, el gobierno resulta reprobado, independientemente de su nivel de aceptación social.
Piense usted en los problemas públicos que le aquejan: ¿le han resuelto la inseguridad, el colapso de los hospitales, la carestía de la canasta básica o el desempleo los programas de propaganda que se difunden en medios tradicionales y redes sociales?
Además, este ejercicio de exposición mediática, donde un gobernante habla frente a los micrófonos de una a tres horas, termina por desgastar la figura de autoridad y saturar al gobierno de demandas inatendibles.
Para atender los graves problemas por los que atraviesa Puebla y el país, creemos que es mejor tratar de resolverlos, sí con buena voluntad y capacidad de comunicación, pero acompañadas de instituciones fuertes, sólidas con buenas bases legales y políticas públicas, bien diseñadas y operadas por un sólido cuerpo de servidores públicos profesionales de carrera (para que no ocurra, dicho sea de paso, lo que sucede actualmente con el Cablebús).
Mientras el deporte favorito sea capturar o apoderarse de esas instituciones colonizándolas con los cuates o familiares con el fin de pagar favores o hacer negocios, en lugar de darle la oportunidad a gente capacitada, profesional y con ética pública, ni en Puebla, ni en México, un programa de televisión o un “reality show” por sí mismo logrará aminorar los impactos de los males que tocan a nuestra puerta. Por el contrario, corremos el riesgo de que este espectáculo constante esté lleno de la propaganda que nos divide y vacío de las soluciones que nos unen.
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