Sebastián Godìnez Rivera

Alejandro Moreno Càrdenas, presidente nacional del PRI, ha sido visto como el personaje que ha debilitado al tricolor, sin embargo, más allá de los resultados electorales hay un elemento que se le ha prestado poca atención y es el cambio en el tono del discurso. La estrategia que ha seguido es la de aprovechar la polarización para conseguir simpatizantes para que estos se traduzcan en votos, sin embargo, hay un elemento que no le permite consagrar su objetivo.

Moreno Cárdenas tuvo una actitud pasiva durante el sexenio de López Obrador, se le acusó de tener nexos con el entonces presidente para socavar al PRI y entregar gubernaturas a Morena. Durante ese periodo (2019-2023) mantuvo una postura crítica en ciertos aspectos, pero no era contestataria, incluso él sostenía que el PRI era una oposición responsable y abierta al diálogo, empero, la mayoría nunca quiso a un aliado, por lo tanto, los canales estuvieron rotos.

Fue durante la aprobación de la reforma eléctrica cuando el oficialismo quiso presionar a los priístas para lograr los votos, lo mismo para la reforma electoral constitucional de AMLO. Identifico estos momentos como puntos de ruptura donde el tricolor asumió el papel de oposición confrontativa y comenzó el cambio discursivo, seguramente por parte de sus asesores. Es pertinente reconocer que el Revolucionario Institucional es de los pocos partidos que tiene cursos de oratoria, campañas y agendas que son de primer nivel debido a las instituciones y docentes que los imparten.

El cambio de postura y de embates contra Morena se dio al calor de la campaña presidencial de 2024 y las marchas ciudadanas en contra del oficialismo. Moreno Cárdenas para el nuevo sexenio ya tenía otro discurso, uno más agresivo, reactivo e incluso menos tibio que al principio, es decir, impulsó la confrontación directa con legisladores morenistas, articuló una campaña en redes sociales para obtener mayor visibilidad. Alito entendió que los discursos políticamente correctos en un entorno de polarización no resuenan, por lo tanto, no eran la respuesta.

Alito adoptó diversos discursos que le han retribuido presencia en la opinión pública, pero no hay indicios por ahora que estos sean votos. México al igual que varios países del mundo vive la era de la información, la interconexión y el consumo, este último no es ajeno a la política, sino que data de los años ochenta. La esencia de una “democracia de audiencias” como lo postuló Bernard Manin era que los políticos se venden como productos sin importar las propuestas.

Los políticos como productos son consumibles para las y los electores, por lo tanto, Alito escogió discursos que resonaran en Palacio Nacional y al exterior. Por ejemplo, los señalamientos del narco presidente, narco gobierno y narco partido resuenan fácilmente en redes sociales y en medios de comunicación. A diferencia del Alejandro Moreno anquilosado y correcto del sexenio lopezobradorista, ahora sus posturas resuenan y obligan al partido gobernante a responder, cosa que no ocurrió con el gobierno anterior.

Otra retórica que le ha redituado es la de presionar desde dentro a Morena y exhibirlo ante los Estados Unidos por su incapacidad o pasividad para hacer frente al crimen. En varias ocasiones ha ido a Washington a presentar documentos sobre los presuntos vínculos del morenismo con el crimen. Cabe destacar que cada que hace una acción de este tipo muchos internautas le brindan su respaldo y lo celebran, mientras que otros lo insultan al mismo tiempo que señalan de traidor a la patria.

La adopción de una retórica populista marca un antes y un después en el rumbo que quiere seguir el PRI. Durante décadas el tricolor se caracterizó por el uso de un discurso políticamente correcto debido a que la oposición era irrelevante y la competencia por el poder no era equitativa. Sin embargo, con la aparición de un nuevo partido predominante el antiguo hegemón ha optado por el camino de la polarización.

Ahora bien, los partidos muy antiguos como el PRI difícilmente logran articular un discurso emocional que penetre en la ciudadanía, en el caso mexicano este instituto político es el que tiene los mayores negativos. En una visión comparada los partidos tradicionales han consolidado liderazgos populistas porque el emisor no pertenece a la clase política, Donald Trump y el Partido Republicano o Narendra Modi y el Partido Popular Indio los cuales arroparon a estos personajes para que llegaran al poder.

Por otro lado, existen liderazgos partidistas de larga data que han pasado de los discursos tradicionales a la confrontación que han alcanzado el poder, por ejemplo, Viktor Orbán y Fidesz en Hungría, Giorgia Meloni y Hermanos de Italia, Erdogan con el Partido Justicia y Desarrollo o Jair Bolsonaro y el Partido Liberal. Todos ellos cimentaron sus discursos en estructuras territoriales fuertes que respondieron al momento de sufragar, elementos que hasta este momento no se han visto en el PRI.

Asimismo, la imagen de Moreno Cárdenas es polémica debido a la forma en la que se ha conducido y aunque en algunos momentos sus acciones beligerantes como la confrontación con Noroña despertaron aplausos, no hay indicadores para medir el impacto de su discurso en votos. Alito sin duda entendió que la competencia se encuentra en la opinión pública, los discursos se disputan los espacios contra otros, sin embargo, si las palabras no se traducen en acciones y cercanía con la ciudadanía, entonces los resultados serán pírricos.