
Por Humberto Aguilar Coronado
En días pasados tuve la oportunidad de acompañar al Doctor Luis Ignacio Arbesú en la presentación de su libro “Política y reconciliación”.
Un extraordinario título para su obra, justo en el tiempo que vivimos de polarización, reflejada en nuestra sociedad y por supuesto en la política.
El Doctor parte de un entorno en donde existen posiciones radicales y divergentes que parecen reflejarse en espirales de violencia.
Su planteamiento hipotético es impecable: La reconciliación como categoría política no ha logrado reflejar un resultado positivo.
Y acude a ejemplos muy importantes de la vida política mundial, en donde se ha intentado la reconciliación en escenarios de polarización:
*La Paz de Westfalia, que se firmó en el año de 1648, poniendo fin a una guerra conocida como la guerra de los 30 años y en donde se establecieron las reglas para el sistema moderno de estados soberanos, basado en la igualdad de los estados y la no injerencia en asuntos internos, es decir, el reconocimiento de la soberanía nacional.
*El Pacto de la Moncloa, que, en tiempos de inestabilidad política, se firmaron en 1977 en España, por el gobierno de Adolfo Suárez y los principales partidos políticos. Estos acuerdos fueron la base para consolidar la transición a la democracia española, reconociendo al Rey como Jefe del Estado Español.
*El liderazgo por la paz de Mandela impulsó la igualdad después de estar casi tres décadas en prisión con sus principios de reconciliación nacional, perdón, buscando una transición pacífica de un régimen racista (apartheid) a una democracia multirracial.
Y en nuestro país, El Plan de Iguala, que, bajo uno de sus principios más importantes, la Unión, buscaba que se garantizara la igualdad social con la unión entre europeos y americanos (criollos, castas) reconociéndolos como ciudadanos sin una distinción por su origen.
En estos y otros casos, afirma que una característica de la reconciliación, es que cada parte tiene que pensar necesariamente en el otro para proponer, pero también para aceptar la realidad y sus demandas.
En otra parte de su exposición señaló que para que se pueda pensar en buscar la reconciliación, deben existir y se requieren ciertas condiciones.
Una situación dramáticamente critica
Una evidencia de alternativa trágica para el futuro
Alternativas de inclusión, es decir, con la presencia del otro para su no eliminación.
Me parece una lectura altamente recomendable y hasta obligada, para entender y valorar que, si hay camino posible para buscar el entendimiento y así evitar seguir en posiciones radicales, que, en un futuro cercano, nos lleven a una espiral de violencia aún peor que la que, hoy por hoy, se vive en nuestro país.
*Es politólogo
