Sebastián Godínez Rivera

El gobierno de Miguel Díaz-Canel anunció que derivado de la situación económica que atraviesa Cuba aplicará una “Perestroika” al interior, es decir, impulsar reformas económicas de emergencia. Las medidas permiten que cubanos en el exilio puedan invertir en sectores estratégicos, en la banca de la isla y hasta tener sus propias empresas con el objetivo de comenzar a salir de la crisis económica.

Sin embargo, el Secretario de Estado, Marco Rubio, declaró que las medidas no son suficientes y tampoco son radicales. La declaración no es menor puesto que lo que busca Estados Unidos es un cambio en el sistema político a lo que Tanieris Diéguez, jefa adjunta de misión de Cuba en Washington, respondió que están abiertos a reformas económicas, pero no a cambios en el sistema constitucional porque eso no está en las negociaciones.

Marco Rubio está presionando para que el régimen aplique una reforma política, Glasnost en ruso, similar a la que aplicó Mijaíl Gorvachov en la ex Unión Soviética. La apuesta de la Casa Blanca es que a través de la apertura económica se force una reforma política que genere la implosión del gobierno socialista, por lo tanto, los esfuerzos mínimos de La Habana no han sido suficientes para sus vecinos.

Cabe destacar que Rubio es un conocedor de la teoría de las transiciones desde la economía, no es casualidad que haya delineado tres fases para la liberalización en el caso de Venezuela. También es consciente de la teoría de la civilizaciones de Huntington y rechaza el fin de la historia de Fukuyama como lo expuso en su discurso en la Conferencia de Seguridad de Múnich y a un nivel macro es el arquitecto de la nueva política exterior estadounidense, que no es cosa menor.

Sin embargo, el caso cubano es especial para Marco Rubio no sólo porque sus padres fueron exiliados por el gobierno castrista, sino porque es un cubano estadounidense. Para el Secretario de Estado el tema cubano no es ajeno, pero seguramente tiene presente la relevancia de Cuba en la geopolítica de los Estados Unidos y el Gran Caribe. Tras la guerra de 1889 los estadounidenses arrebataron a los españoles sus últimas colonias en América y el Pacífico, Cuba, Puerto Rico, Filipinas y Guam.

Cuba durante décadas fue considerada una joya de la corona caribeña en la que los gobiernos estaban alineados con Washington, el caso más conocido fue el de Fulgencio Batista. La islas proveía caña, azúcar y era un casino donde circulaba el dinero y el alcohol para los norteamericanos, sin embargo, con la aparición de Fidel Castro y el triunfo de la Revolución Cubana en 1959 la Casa Blanca tensó la relación porque un gobierno socialista había florecido a kilómetros de Florida.

A pesar de los periodos de tensión como la Invasión a Bahía de Cochinos, la Crisis de los Misiles y los diversos atentados contra Castro la isla resistió. Debido al sistema político que erigió el gobierno revolucionario sus instituciones y hermetismo lo hacen fuerte, no es casualidad que Rubio ponga sobre la mesa las modificaciones al andamiaje institucional. El secretario sabe que si deja intacta la estructura institucional los cubanos castristas mantendrán resistencia ante las exigencias de Estados Unidos.

En la teoría de las transiciones a esto se le llama enclaves, es decir, elementos del sistema político autoritario que dificultan la transición, pero que además fungen como espacios de poder. Los enclaves pueden ser constituciones, leyes, las fuerzas armadas, partidos políticos, actores políticos y hasta instituciones, por lo tanto, Rubio planea ablandar estas estructuras a través de la reforma económica combinada con la política, a la cual los cubanos han sido resilientes.

La Casa Blanca no está dispuesta a repetir los errores del siglo XX y permitir que los socialistas vuelvan al poder en caso de derrumbar al gobierno. Al contrario, apostarán por mecanismos que les excluyan en el mediano y corto plazo para recuperar ese territorio. Incluso la historia es muy importante para esto, cuando Fulgencio Batista ascendió al poder era un personaje nacionalista, pero cuando los Estados Unidos se incómodaron con sus discursos optaron por la presión a la cual Batista cedió y se alineó.

Las personas que estén dispuestas a negociar con Washington apostarán por la caída de la élite socialista , sin embargo, esto no es garantía de transitar a la democracia o consolidar el pluralismo. Por ejemplo, cuando la Unión Soviética combinó la reforma económica con la política, la Perestroika y el Glasnost, el país implosionó porque las repúblicas soviéticas de independizaron, el politburó se rebeló contra Gorvachov y la ciudadanía no entendía lo que pasaba, el 26 de diciembre de 1991 la gente se fue a dormir en la Unión Soviética, pero al día siguiente despertó en otros país.

En ese tenor están apostando a cambios que dinamiten a la facción radical del socialismo y se abran canales para ciertos cambios. No me sorprendería que en el librero de Marco Rubio hubiera ejemplares de A final de un siglo de George Kennan, El gran tablero mundial de Zbigniew Brezinski, Choque de Civilizaciones de Samuel Huntington, Orden Mundial de Henry Kissinger y Juan Linz y Alfred Stephan con Problemas Democráticos de Transición y Consolidación.

Marco Rubio es de los pocos funcionarios que entienden la literatura especializada y la articulan en la práctica política. Su papel en el escenario cubano no es menor y seguramente está respaldado en un libro de Grande y Kornhbluh Diplomacia encubierta con Cuba. Historia de las negociaciones secretas entre Washington y La Habana para delinear su estrategia. Nada está escrito en piedra, pero el interés de Estados Unidos sobre Cuba es latente y lo que para los cubanos es la última defensa de la revolución, para Washington es una oportunidad de apretar.