
Sebastián Godínez Rivera
Roberto Velasco Álvarez fue ratificado por el Senado de la República como Secretario de Relaciones Exteriores tras la salida de Juan Ramón de la Fuente. Se ha escrito mucho sobre Velasco y si podrá o no con el encargo, se ha destacado que trabajó en la entonces delegación Miguel Hidalgo y en la Asamblea Legislativa del Distrito Federal. También se ha hecho mención de su paso por diversos cargos en Relaciones Exteriores en rubros que están ligados a Norteamérica.
El nuevo secretario estará en medio de la tensión diplomática entre México y Estados Unidos lo cual no es nuevo (no es una defensa de su persona), al contrario desde el sexenio pasado ha desempeñado cargos que lo han puesto a prueba. Desde la delegación que negoció con el equipo de Trump en 2019 para evitar el incremento de aranceles a los productos mexicanos, en 2020 coordinó las negociaciones resultado de un conflicto hídrico en el norte derivada del Tratado de Aguas de 1944 y en ese mismo año fue pieza clave para formalizar la visita de López Obrador a Estados Unidos.
Desde 2021 impulsó varios cambios en la agenda de la cancillerìa respecto a América del Norte como los diálogos de alto nivel en materia de seguridad y economía, encabezó la delegación que negoció el Acuerdo Bicentenario que reemplazó a la Iniciativa Mérida y también fue uno de los artífices de la reunión trilateral entre Joe Biden, Justin Trudeau y López Obrador. Roberto Velasco a diferencia de otros perfiles ha estado inmerso en la diplomacia en temas de gran calado.
La diplomacia mexicana ha ido en caída libre luego de la llegada de Juan Ramón de la Fuente, sin embargo, hay dos posibilidades para ejercer la política exterior: 1) con funcionarios de servicio civil, es decir, aplicar la profesionalización en áreas estratégicas, en ese rubro México era un referente; y 2) la designación de un político que entiende el mundo y tiene capacidad de mover sus piezas en el tablero binacional. Velasco se encuentra en la segunda categoría.
La historia está llena de personajes que no necesariamente eran diplomáticos de carrera, pero que entendían su papel en el concierto internacional. Por ejemplo,Maquiavelo en El Príncipe relata la importancia de que la política exterior esté en manos de profesionales, Metternich logró establecer un nuevo orden europeo tras las guerras napoleónicas, Otto von Birsmarck unificó Alemania y generó un nuevo equilibrio en el corazón de Europa y Henry Kissinger entendió la necesidad de dialogar incluso con adversarios en aras de conseguir mejores beneficios.
Cabe destacar que México desde hace décadas solo mira hacia Estados Unidos producto de la relación bilateral, el intercambio económico y obvio la cercanía geoǵrafica. Roberto Velasco entiende que la relación no es la mejor, por lo tanto, deberá jugar su mejores piezas para articular negociaciones, diálogos y acuerdos que favorezcan a México. Tomando en cuenta que el margen de maniobra es pequeño, es pertinente señalar que en los anales de la historia mexicana ha habido hombres y mujeres que supieron llevar la política exterior.
Durante el alemanismo Jaime Torres Bodet ocupó la cancillería y posicionó a México a través de la cultura. Con José López Portillo, Jorge Castañeda buscó mayor protagonismo de México en el mundo y buscó un acuerdo integral en materia de migración con Bush. En el sexenio de Miguel de la Madrid, Bernardo Sepúlveda fue quien formó el Grupo Contadora que pretendió pacificar a las naciones centroamericanas que estaban inmersas en guerras.
En el sexenio de Zedillo, José Angel Gurría fue pieza clave de las renegociación de la deuda y se opuso a la Ley Helms-Burton que buscaba sancionar a empresas extranjeras que hicieran negocios con Cuba. Le sucedió Rosario Green, primera mujer en ocupar la cancillería y quien se caracterizó por haber iniciado la participación de México como Observador Permanente ante la Asamblea Parlamentaria del Consejo de Europa.
Ahora bien, el reto de Velasco es articular diálogos y entendimiento con la Casa Blanca en medio de la tensión hemisférica y global. Para eso hay tres hombres en Washington que son pilares de Trump: Marco Rubio titular del Departamento de Estado y arquitecto de la nueva hegemonía de Washington; Pete Hegseth secretario de Guerra; y Markwayne Mullin recién llegado a Seguridad Nacional.
El canciller deberá articular un equipo, pero también a sus contactos en Washington que le permitan negociar y cabildear en los círculos de la política. Rubio es la pieza central para la comunicación entre la Casa Blanca y América Latina, no es novedad que el Escudo de las Américas, el tutelaje sobre Venezuela, la presión sobre Cuba y la reconfiguración del hemisferio sea obra del Departamento de Estado.
Por otro lado, el belicista Pete Hegseth tiene menos injerencia en Latinoamérica, pero en materia de seguridad es quien articula no sólo los discursos sino las estrategias para definir aliados y adversarios que coadyuvarán en el combate el crimen. Por último, Mullin es un trampista convencido de la criminalización de la inmigración ilegal que trabajará de cerca con el zar de la frontera, Tom Homan, la frontera es una de las principales áreas que genera tensión con México.
Es pertinente señalar que no es posible diagnosticar a un canciller a la luz de su nombramiento, sino a través de su trabajo el cual hasta el momento no ha sido protagónico. La política exterior puede ser leída al calor del momento, pero los resultados claros se muestran a mediano y largo plazo, esto no quiere decir que no deba criticarse lo que haga Roberto Velasco, sino que su resultados serán palpables en un plazo más largo.
