Por Ana Vásquez Colmenares

«Por primera vez en cuatro semanas hoy me lavé el cabello. No tengo ropa limpia, porque estoy demasiado cansada y triste para lavar. La depresión no es hermosa; es un vacío que puedes sentir físicamente. Por favor, no seas duro con quienes no tienen energía ni para limpiar o cuidar de sí mismos. Y por favor, tómalo en serio si te hablan al respecto. Te juro que lo estamos intentando. ¿Ves? Hoy me lavé el cabello” traducido del original de Katelyn Marie Lesho.

El pasado 13 de enero se conmemoró el Día Mundial de la Lucha contra la Depresión, enfermedad que llega silenciosamente. Cualquiera puede caer en ella y ocultarla tras una sonrisa falsa, pero no eternamente, pues siempre se llega a un punto de quiebre.

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud afecta a 300 millones de personas en el mundo. Profesionales de la salud mental refieren que la depresión puede ser resultado de la interacción de múltiples circunstancias entre las cuales se incluyen la violencia patriarcal, el estrés social, la pobreza, el desempleo, el consumo de alcohol y drogas, el postparto, la carencia de un diagnóstico oportuno de trastornos mentales, entre otras.

La depresión no se trata de un simple decaimiento en el estado de ánimo, es una de las enfermedades más incapacitantes pero prevenibles y puede manifestarse de distintas maneras como trastornos obsesivos, del sueño, cambios en el apetito, pensamientos de muerte, tristeza permanente, pérdida de interés o placer en actividades de la vida cotidiana, aislamiento y sensación de cansancio y conlleva al surgimiento de otras enfermedades como estrés y fobias.

Datos de la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE, 2021) del INEGI, en México la población con síntomas de depresión es de 10.7% en hombres y 19.5% en mujeres. Aunque la tasa de suicidios de hombres es 4 veces mayor que la de mujeres; sin embargo, los casos aumentaron entre niñas, niños y adolescentes en el primer año de pandemia, lo que debemos reconocer como gritos desesperados de auxilio de quienes decimos son el futuro del país, cuando con sus actos nos dicen que ni siquiera toleran el presente. 

Este obligado confinamiento por Covid-19 ha ocasionado que desarrollen casos de estrés, ansiedad y depresión. Datos del Informe “Impacto de la pandemia en niñas y niños”, presentado en agosto pasado por la Secretaría de Gobernación, los suicidios de niños y adolescentes de ambos sexos durante 2020 alcanzó la cifra récord de mil 150, lo que representó un crecimiento de 12% respecto de 2019.

Solo así, reconociendo el padecimiento como una enfermedad que se puede detectar a tiempo, podremos ayudar o pedir ayuda profesional ante un caso cercano. Lo mejor es empezar por informarnos y consultar fuentes especializadas. Es urgente que visibilicemos como sociedad la importancia de la salud mental, que es igual de importante que la salud física y ambas deben estar en equilibrio. 

No se elige tener depresión. No es una cuestión de fuerza de voluntad, ni de pereza. Evitemos frases tipo: “intenta animarte”, es como pedirle a alguien que se ha roto una pierna que eche a correr. Es mejor ofrecer compañía, escuchar sin juzgar y con paciencia. E invariablemente la atención profesional será imprescindible.