Por Ruby Soriano

Sin duda en México estamos gobernados por un Presidente “todo terreno” que sólo ocupó dos días para hacerse un cateterismo de corazón y regresar al trabajo.

La rapidez de la intervención y de la recuperación ya de por sí llama la atención en un país de fanatismos, donde el mandatario busca el reflector diariamente.

Andrés Manuel López Obrador retornó con un video donde habló de su “Testamento Político” por si en algún momento llegara a morir y quedara garantizada “la gobernabilidad”.

El comentario alertó a los críticos del Presidente quienes de inmediato enmendaron la plana, mencionando acertadamente que para ello tenemos una Constitución donde se prevé esa situación.

En México lidiamos no sólo con el egocentrismo de un mandatario como Andrés Manuel, también lo hacemos con el fanatismo de sus miles de seguidores.

En el mismo video, AMLO dijo que “ya están” sentadas casi todas las bases para esa cuarta transformación del país, donde se ha desterrado la corrupción.

Cuando lo escuchamos con todas estas aseveraciones, nos preguntamos si el Presidente vive en su realidad alterna porque la corrupción está más que viva entre varios morenistas de su primer círculo.

Y es que tal parece que AMLO nos está dejando desde ahora como testamento político justamente a esos personajes que, amparados en un partido como Morena, están escribiendo las nuevas páginas de la corrupción en México.

Y sino habría que preguntarle a “Pío”, el hermano del Presidente. También a su prima Felipa Obrador, a su Secretaría de Educación Pública Delfina Gómez, a su director de CFE Manuel Bartlett y a su ex titular de la Función Pública, Irma Eréndira Sandoval.

Poco después de generarse la polémica por la declaración sobre su testamento político, trascendió que el mismo se refiere a los derechos sobre su imagen cuya propiedad quedará en manos de su familia.

Frente a este anuncio, el partido del Presidente, nos referimos a Morena seguramente la tendrá muy complicada para agenciarse la “herencia” a perpetuidad de la figura y legado de quien hoy se erige como el primer Presidente de México emanado de la izquierda.

Y es que recordemos que algunos partidos políticos han usado los nombres de sus próceres y extintos líderes morales para negociar y capitalizar contiendas a nombre de esos personajes que en algún momento aglutinaron o representaron la unidad.

El ejemplo inmediato es el recuerdo y el nombre de Luis Donaldo Colosio y la explotación que durante décadas ha hecho el PRI del mismo.

Si resulta verídico que el Presidente AMLO otorgará la exclusividad del uso de su imagen y nombre a su familia cuando él muera, Morena encarará el gran reto de subsistir sin la explotación de la figura moral de quien hoy es su líder fundador y mantiene a un rebaño muy fragmentado justo por las luchas de poder.

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