Por Ruby Soriano

“Nos están matando” dicen periodistas mexicanos en medio del eco hueco de una frase donde no sólo se encierra el miedo, también el coraje, la impotencia y miles de historias que muchos comunicadores anidan desde sus espacios más íntimos.

En una semana, tres periodistas han sido asesinados. Dos de ellos en Tijuana y uno en Veracruz.

Estamos a la mitad del sexenio lópezobradorista y 54 periodistas han perdido la vida como consecuencia de su desempeño en la labor informativa y de investigación.

El riesgo y la violencia para quienes ejercen el periodismo en México han mutado para enfrentarse a los nuevos tiempos donde no sólo se lidia con las organizaciones criminales, sino ahora también hay que encarar a los narcogobiernos.

La ejecución de profesionales de la comunicación es una forma cruda, sanguinaria de amordazar desde las esferas del poder fáctico y desde los anales delincuenciales, todo aquello que se considere afecte sus intereses.

Los sistemas de protección temporal para periodistas son tan vulnerables que no garantizan la sobrevivencia de quienes reciben amenazas, como en el caso de Lourdes Maldonado que murió a las puertas de su casa.

El ejercicio del periodismo en este país pasa un momento de alto riesgo, donde muchos profesionales empiezan a mirar hacia fuera, como una forma de salvaguardar la vida.

Esto no es nuevo ni reciente, sin embargo, se ha recrudecido en un sexenio izquierdista donde uno de los grandes hostigadores contra la prensa nacional, es el propio Presidente Andrés Manuel López Obrador.

Periodismo de convenios

En esta crisis del periodismo mexicano no podemos incluir de manera totalitaria a los medios y sus representantes. Y no se puede hacer, porque también es verdad, que hay medios y periodistas damnificados de sistemas de gobierno de antaño, donde gestaron grandes ganancias y fortunas.

Muchos de ellos se mueven en el periodismo regional mexicano donde el modus vivendi no es sólo dar la noticia, sino acumular el máximo de convenios gubernamentales y con instituciones de carácter público, para anualmente convenir pagos millonarios por manejo de información, que le incluyen al político o dependencia, un trato preferencial, incluso convertir a columnistas en socios, prestanombres o promotores de gobernantes.

El periodismo de convenios hoy es un esquema que aplican medios y columnistas para trabajar y sostenerse del dinero que reciben del erario público.

En esta cofradía de complicidades se forja el periodismo silenciado frente a la muerte de muchos colegas.

Ellos no eligen investigar, se acotan al oficialismo, a la instrucción girada desde la sede gubernamental o bien a las investigaciones a modo para limpiar imagen y reputaciones de un sin número de corruptelas gubernamentales.

Lanzas rotas

La prensa independiente es realmente la que está en la mira de incomodar a quienes, con un poco de poder, buscan silenciar y detener investigaciones.

El periodismo independiente ha florecido con esfuerzos personales donde las plataformas digitales juegan el papel central de difusión.

Estas investigaciones corren el riesgo propio de la profesión y de llevar en la total orfandad a quienes se aventuran en el seguimiento de temas de corrupción, desapariciones forzadas, feminicidios, redes de trata e indudablemente narcotráfico.

Frente a un buffet de temas realmente explosivos, el periodismo independiente en México transita en una verdadera orfandad, donde si bien, organizaciones no gubernamentales y de protección a periodistas alzan las voces, son insuficientes para dar contención a quienes en el camino van denunciando amenazas, bloqueos y agresiones.

En México las letras viven en zona de guerra donde no se sabe cuándo y dónde se pisará el suelo minado.

Los 54 asesinatos de periodistas en México, han sido arteros, infames y sin esa justicia que cada vez es más difícil hallar en este país.

Las consignas empiezan a ahogarse en gritos que exigen traspasar fronteras para ventilar lo indeseable.

México está colapsado frente a tanta impunidad, corrupción y obstáculos para vivir y trabajar en una profesión donde te obligan a colocarte en algún bando para salvaguardar tu trabajo, pero ante todo, la vida.  

México no merece matar al periodismo para salvar delincuencia, corrupción e impunidad.

@rubysoriano    @alquimiapoder

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