Sebastián Godínez Rivera

A semanas de despedir el 2024, el mundo ha presenciado el ascenso de distintos liderazgos autoritarios en varias latitudes. Más allá de los nombres y personajes que ocupen un cargo de poder, lo cierto es que se ha popularizado la teoría de que a partir de la llegada de Donald Trump en 2017 a la Casa Blanca, estos personajes han florecido en todo el mundo.

No obstante, al repasar la cronología y la aparición de estos personajes es posible encontrar que algunos ya estaban en el poder desde mucho antes de la aparición de Trump en este siglo. El hombre fuerte de Rusia, Vladimir Putin, asumió el poder en 2003 y desde hace dos décadas no lo ha soltado, el artífice de convertir a este país en una potencia bélica es él.

En 2010 el premier húngaro,Viktor Orbán, asumió el poder y comenzó una reforma del Estado para convertirlo en una democracia iliberal. En Asia, el Primer Ministro indio Narendra Modi tomó el poder para construir un régimen autoritario basado en un modelo confesional y étnico.  En 2016, hubo un boom en la aparición de estos liderazgos; el popular presidente filipino, Rodrigo Duterte quien emprendió una lucha directa contra el narcotráfico. En el Reino Unido, Nigel Farage impulsó el Brexit con su partido del mismo nombre.

El 2016 podría ser considerado como un parteaguas, no de la aparición sino de la explosión para estudiar a liderazgos y partidos nacionalistas. Por ejemplo, en 2017 en Francia Rassemblement National con Marine Le Pen disputó por segunda vez la presidencia; Ley y Justicia en Polonia se volvieron la fuerza hegemónica; Vox emergió en España; Xi Jingping consolidaba su camino como el máximo líder de China.; y Donald Trump llegaba a la presidencia de Estados Unidos por primera vez.

En 2018 Andres Manuel López Obrador,  un populista de izquierda se hacía con el poder en México; en 2019 el caudillo salvadoreño Nayib Bukele prometía seguridad a sus conciudadanos; en 2020 Jair Bolsonaro asumió el poder en Brasil reivindicando el golpe de estado de 1968. Cabe destacar que no es que estos personajes se volvieran famosos por dinamitar los contrapesos, sino que hubo una mayor focalización de los casos que captaron la atención de las y los politólogos.

La visibilización de estos partidos y personajes obedeció a un interés por explicar su tipo de liderazgo, políticas emblemáticas, análisis de sus discursos y por qué eran populares. Empero, pocas voces se centraron en entender por qué la gente optaba por estos liderazgos y que ha sido cuestionado por el politólogo Steven Levitsky quien en una entrevista con Juan Edelman para Nueva Sociedad declaró “Yo creo que los politólogos hemos fracasado. No hemos logrado entender el descontento actual en las democracias”.

Hasta este punto no hemos entendido sobre el descontento con la democracia, pero sí se ha mapeado el ascenso de los líderes autoritarios. La aparición de estos ha continuado como Javier Milei en Argentina; la permanencia de Nicolás Maduro en Venezuela; las posturas xenófobas de Robert Fico en Eslovaquia y Zoran Milanović, presidente de Croacia. El fortalecimiento del Partido de la Libertad en Austria, el gobierno de Geert Wilders en los Países Bajos y la popularidad de Giorgia Meloni en Italia.

Estos solo son algunos nombres de quienes han modificado la política internacional y han formado parte de lo que algunos llaman la era de los líderes autoritarios. No obstante, también es un recordatorio de que su proliferación no es una reacción en cadena o por generación espontánea, sino que la gente sigue votando por ellos porque son seducidos por sus discursos agresivos, políticamente incorrectos y posturas agresivas con la oposición.

Como sostiene Levitsky “no logramos entender todavía el nivel de descontento, que es muy alto y, ya sabemos, muy peligroso. La democracia puede morir aún en países ricos”. Debe ser un llamado para todos los cientistas sociales; la pregunta sigue abierta, lo cual debe preocuparnos, pero también incentivarnos a buscar respuestas para explicar la realidad; esta es una de las líneas de investigación pendientes que nos deja el 2024.

Sabemos que la crisis económica, el descontento con la democracia, la desigualdad, la inseguridad y el malestar con los políticos tradicionales, Estos elementos son el caldo de cultivo perfecto para la aparición de liderazgos como los que se enunciaron con antelación, pero la incógnita sobre por qué la gente sigue votando por ellos y cómo revertir esto sigue pendiente. El 2025 está a la vuelta y varios de estos personajes mantienen el poder o se han convertido en una fuerza importante a nivel nacional.

Si bien, la temporada de festejar y estar con la familia debe ser aprovechada por todas y todos, pero como estudiosos de la política deberíamos hacer el propósito de profundizar más en la explicación del descontento con la democracia. Como sugerencia, la última noche del 2024 deberíamos hacer una lista distinta a los propósitos personales y crear una con aspiraciones científicas; quizá 12 uvas y 12 metas sean un ejercicio interesante para 2025.

Les deseo felices fiestas decembrinas, un excelente fin de año y un próspero 2025