
Sebastián Godínez Rivera
La Conferencia de Seguridad de Múnich ha dado mucho de qué hablar luego de que en su discurso el canciller alemán, Friedrich Merz declaró que ya no existe el orden basado en las normas. La tensión de Europa con Estados Unidos abrió un nueva capítulo en las relaciones trasatlánticas, sin embargo, a diferencia de lo que dijo el canciller, queda claro que el orden regido por la ley es lo que ya no existe y la norma prevalece, si se analiza desde la óptica de Michel Foucault.
Para Foucault el poder es la esencia de las relaciones entre personas y naciones, no es menor que el filósofo sea reconocido como uno de los estudiosos más importantes para este tema. En el libro El poder una bestia magnífica el autor concibe al poder como la categoría que rebasa lo jurídico, en palabras de Foucault tiene que ver con lo extrajurídico, caracterizado por relaciones entre diversos actores, no solo el estado y sus gobernados, sino la cabeza de familia sobre otros miembros, los capitalistas frente a los obreros, o los notables frente a los ignorantes.
El poder no se entiende por sí solo, sino como una relación entre actores distintos y que tienen capacidades que los colocan en posiciones de desigualdad. Quien lo detenta es consciente y lo modifica para continuar con el control, por ejemplo, durante la Guerra Fría caracterizado por el enfrentamiento entre el capitalismo y el socialismo, así como la democracia frente al autoritarismo, ambas potencias intentaron moldear a otras naciones para aceptar sus preceptos ideológicos y económicos.
Sin embargo, durante el triunfo del capitalismo los teóricos de la democracia modificaron las reglas, es decir, ya no era una victoria absoluta y de sometimiento al adversario, sino que el derrotado aceptaba las condiciones del sistema triunfante. Por tal razón, Europa del este adoptó economías de libre mercado y democracias parlamentarias que establecieron una nueva correlación de fuerzas. Asimismo, el poder descansa en el arte, la cultura, la educación, el dinero y la política como herramientas que establecen relaciones entre los diversos actores que están inmersos en estos círculos.
Lo que el canciller Merz denuncia no es la falta de reglas o leyes que modifiquen los comportamientos de las naciones, al contrario, está cuestionando que Estados Unidos alteró esta relación de poder entre aliados. Las amenazas, los vituperios y la postura agresiva de Washington con los aliados europeos, lo que altera las condiciones de negociación vis a vis y las subordina entre actores. El poder se impone por diversos medios como la fuerza, la música, el cine, los libros, la economía y hasta emocionalmente.
Ahora bien, el poder es el tema central del discurso de Merz, pero para Foucault no es lo mismo que la norma y mucho menos la ley. En palabras del filósofo francés, la norma se refiere a los extrajurídico y no a lo legalista como tradicionalmente se concibe, es decir, es un aparato de poder que si bien limita ciertas actitudes la sociedad, esta no está anclada a la literalidad, sino a la esencia de la dominación.
Mientras en el derecho se distingue lo permitido de lo prohibido,el autor considera que estas están atravesadas por otras categorías que rebasan al propio derecho. Las leyes escritas por los países han pasado a ser letra muerta, la tensión entre aliados y los acercamientos entre adversarios están dando paso a una nueva normalidad, es decir, a una serie de procesos de entendimiento que no responden a las leyes. Por ejemplo, las intenciones de Trump sobre anexar Groenlandia no debe leerse literalmente, pero sí puede entenderse como un estilo agresivo de negociación donde prima la fuerza de una nación sobre otra.
En el libro Foucault habla de la normalidad como una consecuencia de la medicalización, osea, lo que está bien y lo que está mal según el actor que lo decida. En el texto la disertación tiene que ver con la medicina y lo que la sociedad concibe como normal o un anormal, pero para el terreno de la política exterior esto no dista mucho del diagnóstico. Por ejemplo, Estados Unidos está normalizando el acercamiento con países autoritarios contrarios a sus postulados y ataca a sus aliados.
Otro elemento es que la Casa Blanca insulta y denosta a otros líderes mundiales, normalizando la agresión discursiva llamado “gobernador de Canadá” a Mike Carney, burlándose del presidente galo Emmanuel Macron o elogiando a líderes autoritarios como Vladimir Putin. Se normaliza la agresión en reemplazo del diálogo como mecanismo de negociación.
Por último, Foucault identifica que la ley proviene del pensamiento médico y está ligada a lo lícito y lo ilícito, para el autor esto no tiene que ver con una corrección o un castigo, sino con medios que transforman el comportamiento de los individuos. Esta surge a partir de los cambios en las ciudades producto de los antagonismos entre clases y actores, por ejemplo, burgueses y clase obrera, la primera detenta el poder económico y político.
La ley sirve como mecanismo de contención para vigilar creando una jerarquía que moldea los comportamientos de los menos capaces, pero que son más numerosos. En el tema de discurso de Merz, este no denuncia la falta de leyes como elementos que limitan comportamientos, sabe que la ley y los acuerdos están presentes en las negociaciones entre países, pero cuestiona su eficiencia para conducir las relaciones de poder entre la potencia y los otros países.
En conclusión, el poder como bestia está en constante cambio porque no se ciñe a la ley como regla, sino que actúa a través de la normalización de las normas entre actores políticos. No es que ya no existe una orden normativo como dijo el canciller, sino que la ley se ha convertido en letra muerta derivado del comportamiento de los otros actores que mediante la fuerza y la agresividad moldean el poder.
