
Sebastián Godínez Rivera
Hace unos días se llevó a cabo en la ciudad de Stuttgart el congreso de la Unión Demócrata Cristiana (CDU) en la que el canciller, Friedrich Merz, fue ratificado como líder del partido. La asistencia de la ex canciller Angela Merkel le quitó reflectores, pero también fue muestra de que a cuatro años de haber dejado la jefatura de gobierno y a un año del ascenso de Merz la sombra de Merkel es esencial en el partido.
El encuentro de estos dos personajes en el congreso de la CDU no es casualidad, sobre todo, porque desde el primer lustro de los años dos mil Merkel y Merz fueron rivales. La presencia de Merkel tuvo varias lecturas desde la perspectiva de varios analistas, unos afirmaron que fue una señal de respaldo a la corriente moderada del partido, otros que fue un espaldarazo a la administración de Merz y algunos más que es síntoma de unidad.
A pesar de las interpretaciones, la permanencia de la sombra de Merkel se debe a que ejerció el poder durante 16 años (2005-2022) volviéndose la lideresa indiscutible de la CDU, aunado a su herencia política. Desde la reunificación alemana solo hubo dos liderazgos fuertes: el ex canciller Helmut Kohl y Angela Merkel. Estos personajes no solo marcaron a los germanos tras el fin de la Guerra Fría, sino también que moldearon Europa a la imagen y semejanza de Alemania.
Desde los años noventa la CDU consolidó su poder gracias a Kohl que fue artífice de la reunificación y quien adoptó a Merkel como una hija política. Sin embargo, fue entre 1999 y 2000 cuando la alumna decidió romper con su maestro luego de un escándalo en el que Kohl y altos mandos del partido habían recibido financiamiento ilícito. La crisis azotó a la CDU y Merkel quien estaba en proceso de ascenso publicó un texto en un diario en el que consolidó la ruptura con el líder máximo.
A raíz de ese momento Merkel no fue eclipsada por ningún otro político de su partido, lo que le permitió construir su liderazgo. Para 2002 ella declaró que no se presentaría como candidata a la cancillería, pero que cedería su lugar a Edmund Stoiber, pero a cambio Merkel quería coordinar al grupo parlamentario en el Bundestag. La coordinación era llevada por Merz quien fuera removido por los acuerdos entre Stoiber y Merkel, de ahí proviene su rivalidad.
Es pertinente hacer este recuento para identificar los largos procesos de disputa entre Merkel y Merz, pero sobre todo para entender que su partido la CDU ha estado bajo control de dos liderazgos muy fuertes, por lo tanto, a Merz se le ha dificultado imponer su imagen y crear una corriente propia. Volviendo al congreso de los demócratas cristianos de 2026, Merz destacó que Europa se enfrenta a un mundo cambiante y Alemania tiene varios retos por delante, por lo que buscó obtener mayor apoyo de la militancia.
Merz es un empresario que trabajó en la empresa Black Rock, por ende, su perfil economicista lo hace menos cauto en el terreno político. Además, desde 2025 el canciller se corrió a la derecha con el objetivo de bloquear el ascenso de la ultraderecha, Alternativa por Alemania (AfD) lo que generó tensiones con sus socios del partido socialdemócrata. El objetivo de Merz era capitalizar el malestar para restar votos a los radicales y con ello expandir su base electoral.
Aunque el diagnóstico fue correcto, las consecuencias despertaron críticas en la ciudadanía que cuestionó al canciller de adoptar una retórica ultraderechista y criminalizadora de la inmigración. Derivado de estos hechos Merz salió a dar explicaciones para convencer a la gente que seguían en el centro político, pero que la migración era una problemática. Otro fantasma que persigue a la CDU es que desde el ascenso de Merkel el partido se apoderó del centro para conseguir mayor número de votos.
Es posible señalar que el actual canciller ha optado por copiar la estrategia de Merkel de volver al centro político para bloquear el ascenso de los ultras en Alemania. Ahora bien, no es nuevo que la CDU arrebate banderas a otros partidos con el objetivo de conseguir votos, la propia Merkel lo hizo con el Partido Verde cuando en 2012 clausuró varias centrales nucleares para dar paso a las energías verdes, sin embargo, en 2005 la entonces canciller había defendido el uso de esta energía.
Por último, el elemento más llamativo del congreso es que Angela Merkel se robó los aplausos y no tuvo que hacer ninguna declaración para lograrlo. La imagen de la excanciller pesa en el escenario alemán que su sucesor deberá copiar algunas estrategias para mantenerse en esa línea o romper con ella, así como Merkel lo hizo con Kohl en 1999. Su presencia tras 16 años de gobierno no es fácil de borrar y tampoco existe un escándalo político o partidista para que declare su muerte política.
Al parecer Merz ha optado por la merkelización de su persona, es decir, adoptar la postura y estrategia de su antecesora para mantener a la CDU en el centro político y consolidar su liderazgo. Aunque es incierto el destino de Merz porque lleva un año al frente de Alemania es posible delinear diversos escenarios, sin embargo, no es ético hacer predicciones desde la Ciencia Política.
