
Por Gustavo García
En Puebla ocurre una incongruencia peligrosa: mientras el poder político va abusando y se fortalece, la supuesta oposición se vuelve cada vez más frágil.
No encontramos una oposición fuerte, menos de ideas, nos tropezamos con una oposición de cartón,timorata, ligera, convenenciera y en muchos casos,danzando al ritmo que le impone el gobierno.
Frente a los abusos y el gran poder del gobernador Alejandro Armenta, uno desearía una oposición valiente, inteligente y con argumentos firmes para contrarrestar esa ola de abusos y malas decisiones.
Pero sólo nos encontramos una oposición que simula confrontación, mientras en lo oscurito suplica y se agacha por su supervivencia.
Vemos como en su mayoría los diputados que callan, regidores que matizan inconformidad y lideres queprefieren administrar sus derrotas, antes que arriesgarse a enfrentar al poder que les quite lo poco que pueden llevarse.
La oposición en Puebla ha olvidado su razón de existir: confrontar, incomodar, cuestionar y equilibrar, dando la batalla a lo que resulta injusto para el ciudadano que representa.
Hoy, en Puebla, las críticas más incómodas queenfrenta al poder, no vienen de los partidos, niestatales, ni nacionales, vienen de ciudadanos que, sin presupuesto ni estructura y haciendo un frente común con algunos medios independientes y analistas políticos, se atreven a enfrentar las malas decisiones del gobierno; megaproyectos mal explicados e impuesto sin justificación, muchas políticas públicas,que se anuncian como una propaganda, sin que de fondo busquen resultados.
Esos poblanos, que hoy están siendo atacados, incomodados, amenazados y que sin más fuerza que su palabra, están haciendo el trabajo que deberíanhacer aquellos por los que se votó como oposición, para hacer frente a esos abusos.
Curiosamente, el verdadero contrapeso del poder hoy no está en los partidos, sino en la sociedad civil que se resiste a normalizar los abusos del gobierno y que está cansada que lleguen políticos a imponer su voluntad sin tomar en cuenta la gran cantidad de necesidades que tiene.
Sin lugar a dudas esto debería ser una gran vergüenza para los que hoy se llaman oposición, porque cuando los ciudadanos se convierten en los únicos que alzan la voz, que enfrentan, que combaten las injusticias, no es señal de vitalidad democrática; es señal de abandono político por parte de los que deberían acompañarlos.
Los poblanos merece algo mejor que una oposición de ficción, merece una oposición que no tema al poder, que no negocie su silencio y que no deje a los ciudadanos peleando solos.
Porque es muy claro que cuando el ciudadano queda solo frente a un gobierno abusivo, el problema ya no es sólo político… es lo último de la decadencia democrática.
