Por Ruby Soriano

En 16 meses el gobernador Alejandro Armenta ha tenido dos voceros y va por el tercero.

Es verdad que las fallas han sido muchas, sin embargo, así cambien 10 voceros más, el problema de raíz está en la personalidad del mandatario y en el “alto vacío” que le genera su jefe de gabinete José Luis García Parra.

En Puebla el gobierno estatal no tiene una identidad morenista, tiene una marca “marinista” que lleva al sexenio de los excesos cometidos por ese góber precioso que marcó su paso con la corrupción, la persecución y la mordaza.

El gobernador Armenta, carece de interlocutores; tiene en el sobrino de Marín, la figura del operador en bruto, con un mazo en la mano. El fontanero, el que navega en el lodo, el que gusta de lujo, actrices, autos y se rodea de la corte de periodistas aceitados y hambrientos.

Al gobernador poblano hoy no lo valida la opinión pública porque su imagen es la de un gobernante que gusta de excesos, aunque esto no sea así, pero la percepción ha sido más responsabilidad de figuras como su jefe de gabinete que gustan de pagar portadas de revistas, encuestas, notas en medios hechizos, etc.

A 16 meses de gobierno, las contradicciones en el discurso del mandatario son más que evidentes.

Hablar de austeridad cuando una de sus crisis mediáticas fue por aquel viaje en familia a Estados Unidos o el gusto de su hombre de confianza por las actrices de la farándula a quienes se les pagan por promover Puebla o conducir ferias.

La organización de actos sin ninguna trascendencia para los poblanos, tales como peleas de box o el lanzamiento de una marca poblana con catálogo de productos chinos, por ejemplo.

El gobierno de Alejandro Armenta ha cometido el error de ser el principal culpable de consolidar su marca marinista al reciclar a quienes en ese sexenio sirvieron de alfiles, jefes de prensa o personeros gubernamentales. Es por eso que hoy Puebla huele a pasado.

Mientras el gobernador Alejandro Armenta permita que su fontanero siga el estilo de su tío político, ninguna estrategia podrá sacar del bache a un gobierno donde no hay contrapesos.

Los puentes de diálogo con la sociedad civil permanecen anulados. No hay resquicio para admitir preguntas y cuestionamientos respetuosos de periodistas independientes.  

Imponer proyectos como el del cablebús que son resultado de intereses particulares y que disfrazan una grave devastación ambiental implicarán un mayor desgaste para la figura de Alejandro Armenta.

¿Cómo seguir disfrazando las campañas adelantadas y en algunos casos hasta ridículas de varias de sus cercanas, funcionarias y hombres de confianza?

Entre la simulación y el circo gubernamental hay una delgada línea que siempre exhibirá la realidad.

Así que quien llegue tendrá el reto de sortear las ocurrencias y la locura no del gobernador, sino del otro, del que en el lodo piensa que lo puede todo, incluso perjudicar la propia marca personal del gobernador Alejandro Armenta.

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