
Sebastián Godínez Rivera
Delcy Rodríguez cumplió 100 días como presidenta interina de Venezuela tras la captura de Nicolás Maduro abriendo una serie de cambios en la cúpula chavista. La normalización de relaciones diplomáticas entre Washington y Caracas, la apertura de los pozos a las petroleras estadounidenses y ha cumplido con las exigencias de Donald Trump.
Los Estados Unidos tienen el control de Venezuela y sus recursos como si se tratara de un protectorado, en Ciencia Política se refiere a un territorio que pertenece a una potencia, sirve para explotar recursos naturales, las empresas de la metrópoli invierten en dicho territorio y tiene un gobierno dependiente de la potencia. Si bien, el país no es un territorio perteneciente a los norteamericanos, este tiene un papel fundamental para Washington e incluso Trump ha dicho que “es magnífica la presidenta, nos ha dado todo su petróleo”.
Sin embargo, durante el gobierno interino de Rodríguez ha habido cambios paulatinos, pero de peso en la cúpula autoritaria. Desde la expulsión de Padrino López del Ministerio de Defensa, la exclusión de los hijos de Maduro y Cilia Flores de negocios, el silencio que ha tenido que guardar Diosdado Cabello, ministro del interior, y el cambio en la retórica oficialista son muestra de que la transición está en marcha, pero no se sabe si es rumbo a la democracia.
Los discursos incendiarios quedaron atrás, los desafíos contra el imperio y los yankees no figuran en 2026 y el objetivo de liberar a Nicolás Maduro pasó a segundo término. La reestructura de la pirámide autoritaria en la que se incluyen: militares, empresarios, bases sociales, liderazgos sindicales y miembros del partido está en constante cambio con el objetivo de que Venezuela se mantenga dócil frente a Estados Unidos.
Otro hecho relevante que ha sido poco abordado es el proceso de renovación del Consejo Nacional Electoral (CNE) el cual fue objetivo de críticas por la oposición luego de que en 2024 Maduro se alzó con la victoria, pero nunca mostró las actas que sustentaran dicho argumento. La Plataforma Unitaria encabezada por Edmundo González Urrutia resultó triunfadora derivado de las actas que la oposición recabó y guardó, en 2024 el mundo presenció uno de los fraudes más descarados.
El fraude generó protestas de la ciudadanía que se enfrentó con el oficialismo en las calles, no obstante, esto no debilitó al gobierno. El cambio de los consejeros del CNE es una jugada clave para transitar posiblemente a elecciones limpias en las que todas las formaciones políticas puedan competir. Estos cambios han sido coordinados con el Secretario de Estado, Marco Rubio, quien fue designado por Trump como la figura que tutelará el cambio en Venezuela.
Mientras tanto, Rodríguez ha hecho cambios de peso en la estructura, pero también funge como un factor de estabilidad, Rubio desde un principio declaró que no querían un baño de sangre entre venezolanos, por ende, la presidenta encargada fue la opción. Su lugar en la élite del chavismo la hace una pieza fundamental que tiene comunicación con todos los sectores de la élite, esto le ha permitido impulsar cambios sin que estallen protestas.
Aunque hace unos días apareció portando una chaqueta militar y acompañada por Diosdado Cabello es posible afirmar que esto es pura retórica, En su discurso apelaron a la soberanía y al respeto, pero ya no son esas disertaciones de Hugo Chávez que desafiaba a los “yankees de mierda” o las rabietas de Nicolás Maduro llamado a Trump “pelucón” o retando a Elon Musk, CEO de Tesla, a una pelea.
Rodríguez entiende que no tiene posibilidad de actuar por sí sola desafiando a Washington, los estadounidenses tienen un protectorado en Sudamérica que les es funcional. Varias voces han criticado que el chavismo se volvió trampista, es mentira, el oficialismo debe cumplir con las demandas de Estados Unidos si quiere una salida pacífica del poder, sino Maduro podría tener nuevos compañeros en su celda.
Cien días de gobierno interino transcurrieron de forma fugaz, pero esto no significa que el edificio autoritario se derrumbó, al contrario, sigue vigente y en caso de que la oposición se haga con el poder deberá negociar y coexistir con actores chavistas que aspiran a mantener feudos de privilegios. Quienes piensan que la democratización sería exportada por Estados Unidos se equivocaron, estos cambios deben venir de reformas que abran paso al pluralismo, pero también que actores del autoritarismo acepten las nuevas formas.
Desmontar el aparato autoritario no tiene un tiempo limitado sino que depende de la capacidad del oficialismo y la oposición para abrir el paso a cambios democráticos y que todos los actores acepten las reglas del juego. Rodriguez cambió a las personas, pero no pretende cambiar los cimientos institucionales que convirtieron a Venezuela en un autoritarismo competitivo, ella cumple con ceder los recursos naturales y conduce al país a una transición, pero no desarticula los actores ni las instituciones heredadas del chavismo.
