
Sebastián Godínez Rivera
En la opinión pública se han difundido argumentos que afirman que el vicepresidente J.D.Vance ya no sería el sucesor de Donald Trump, sino que éste se decantaría por Marco Rubio. El contexto en el cual florecen estas afirmaciones se debe a la poca habilidad de Vance para negociar en temas como el alto al fuego en Irán, la confrontación con Europa y los recientes embates contra el Papa León XIV, frente a un Marco Rubio que funge como el arquitecto de las relaciones en América Latina y la OTAN.
Aunque no hay evidencias respecto a que Vance ya no tiene oportunidad, por lo tanto, Rubio será el candidato republicano son rumores. No obstante, es posible evaluar y comparar los aciertos y errores de estos personajes a la luz de los hechos y su papel en el entorno internacional. Si bien, Marco Rubio tiene mayor protagonismo en el concierto internacional se debe a que es titular del Departamento de Estado, históricamente la política de Estados Unidos triunfa o fracasa producto del nivel de autonomía que el presidente otorga a este secretario.
Por otro lado, la vicepresidencia es un papel más relegado en el sistema político estadounidense y aunque en varias ocasiones reemplaza al presidente en actos, conferencias o cumbres su papel está opacado por la figura del propio ejecutivo en turno. A menos que el presidente muera, renuncie o sea enjuiciado el vicepresidente cobra relevancia porque asume la titularidad del poder.
Ahora bien, ya en los casos particulares es importante señalar que Vance actúa como un trampista más, es decir, guiado por los sentimientos concibe que el mundo debe aceptar las condiciones y formas de Estados Unidos por ser la superpotencia. Para el vicepresidente los aliados, adversarios y el mundo en general pueden opinar, sin embargo, sus visiones no deben ser tomadas en cuenta porque el poder reside en Washington.
En la Conferencia de Seguridad de Múnich Vance declaró “hay un nuevo sheriff en el pueblo”, lo cual denota una visión de superioridad, autoritaria y que obliga a sus aliados a una posición de respaldo. A esto se suman las acusaciones contra miembros de la OTAN por no apoyar la liberación del Estrecho de Ormuz en Irán, los embates contra el Papa León XIV luego de que el pontífice no respaldó el uso de la fuerza contra otras naciones.
Cabe destacar que Vance fue el encargado de buscar que Irán aceptara las condiciones de la Casa Blanca para firmar la paz, lo cual no ocurrió. En ese sentido el vicepresidente posiblemente actuó de una forma más visceral que negociadora, esta derrota exhibió su débil capacidad para negociar, pero sobre todo es una derrota política para Washington quien a través de redes sociales ha insistido en una victoria contundente, a pesar de que la postura iraní mantiene la beligerancia.
Además, la visita de Vance a Hungría para respaldar en las elecciones a Viktor Orbán y declaró “estamos para ayudarle en este ciclo de campaña”. Tras la derrota el vicepresidente declaró que estaba triste, pero que “tenían que apoyar a alguien que desde hace mucho respaldó al presidente Trump”. Sin embargo, la influencia de Estados Unidos quedó debilitada en el este, pero para la opinión pública fue la actuación de Vance lo que perjudicó al primer ministro húngaro que llevaba 16 años en el poder.
J.D. Vance quiso imponer su voluntad bajo la premisa de que Irán está derrotado, por lo tanto, debe aceptar lo que Estados Unidos quiere. El vicepresidente carece de experiencia negociadora, en la política estadounidense varios de los políticos que se ligan al entorno internacional tienen una basta experiencia en el diálogo. Vance llegó al senado en 2022 y es este paso fugaz por la Cámara Alta que no le ha permitido formarse en su totalidad, sin embargo, su trayectoria como empresario lo liga más al perfil de Trump, por lo tanto, en caso de sucederle Vance insiste en mostrar que continuaría por la línea dura y confrontativa
Por otro lado, Marco Rubio no solamente ha sido parlamentario de la Casa de Representantes de Florida, senador, director de la USAID y finalmente Secretario de Estado. La formación de Rubio no solamente está ligada a la negociación, sino a un amplio conocimiento del entorno internacional y sus particularidades. Siguiendo la regla no escrita entre el presidente y el Departamento de Estado, el segundo tiene autonomía que le permite delinear los marcos de acción de Estados Unidos.
Muestra de ello su discurso en la Conferencia de Múnich en la cual declaró que la postura de Fukuyama sobre el fin de la historia fue un engaño, pero también apeló a los nexos de la civilización trasatlántica como baluarte del poder político. También apostó por promover los lazos entre varias naciones europeas entre Washington y Europa, incluso luego de la conferencia se reunió con Viktor Orbán, quien todavía era primer ministro, para demostrarle su apoyo y decirle que el Estado iliberal es el proyecto que gusta a Estados Unidos.
Otro escenario en el que Rubio ha mostrado sus dotes técnicos y políticos ha sido en la reconfiguración del Caribe, donde se acercó a las naciones isleñas para que colaboren con Estados Unidos porque son consideradas parte de la zona de influencia. Durante la captura de Nicolás Maduro en Venezuela y su modelo de transición entre partes: estabilización, apertura económica y elecciones, ligada a la teoría de Samuel Huntington, Barrington Moore y Seymour Lipset quienes consideran a la economía como el motor de la democratización.
Asimismo, la presión sobre Cuba para que no solo impulse reformas económicas, sino políticas que terminen por implosionar el régimen autoritario y entonces la isla cambie de gobierno. Por otro lado, condujo la Cumbre de Minerales Críticos en las cuales logró firmar acuerdos con naciones como Argentina, Bolivia y México para colaborar en la explotación de minerales que son esenciales para las cadenas productivas estadounidenses.
En conclusión, debido a la propia naturaleza de los cargos que cada uno ocupa el posicionamiento internacional es limitado para Vance y más visible para Rubio. No obstante, la experiencia del secretario de Estado es palpable en varios ámbitos donde actúa de una forma pragmática y responsable ante aliados y adversarios, a diferencia de Vance que mantiene un estilo confrontativo y denostativo hacia diversos actores políticos.
