Sebastián Godínez Rivera

El mundo se preparaba para la reunión entre el presidente estadounidense Donald Trump y su par chino Xi Jinping del 31 de marzo al 2 de abril, pero esta fue reagendada derivado de la guerra con Irán. Los chinos desconocen la agenda y los intereses de la Casa Blanca sobre todo por la presión arancelaria y la reconfiguración del tablero geopolítico que busca debilitar la presidencia de China en el mundo.

Xi se ha convertido en una suerte de un Mao Tse Tung moderno, en 2018 aprobó una reforma que eliminó el límite de dos períodos presidenciales, por lo tanto, ahora podría gobernar el país hasta su muerte. Es el primer líder que tiene poder absoluto lo que lo llevó a impulsar una purga la Secretaría General del Comité del Partido Comunista de China para hacerse con el poder.

Desde 2012 XI ha impulsado una política de innovación y competencia agresiva ante los Estados Unidos, cabe destacar que su pensamiento está constituído por la mezcla del marxismo-leninismo, las tesis de Mao Tse Tung, la teoría de Deng Xiaoping, la triple representatividad y la concepción científica del desarrollo. Incluso la difusión de sus postulados y propuestas se ha plasmado en libros, algo que lo une a la herencia filosófica y política de Mao.

El presidente chino desde 2012 que asumió el poder ha impulsado la la reactivación de la Ruta de la Seda como corredor económico que parte de Beijing, capital de China, y conecta con países como Pakistán, Uzbekistán, Tayikistán, Irán, Turquía, Rusia y Egipto. Por otro lado, se ha creado la Nueva Ruta de la Seda que tiene el mismo objetivo, pero que retoma las naciones de la ruta principal, pero suma a países como Myanmar, Indonesia, Sri Lanka, India, Kenia, Grecia, Italia, Países Bajos, Armenia, Azerbayán y Mongolia.

Posiblemente los chinos son inciertos del devenir de la cumbre puesto que los Estados Unidos desde 2025 se han encargado de tomar puntos estratégicos que limiten la influencia de China. Por ejemplo, en América Washington se ha acercado con los gobiernos de derecha para favorecer las empresas estadounidenses y fijar límites a la mercancía china que estaba inundando el hemisferio.

La tensión entre Estados Unidos y Panamá por el canal tenía el objetivo de alejar a las empresas chinas y así Washington reafirma su poder. La captura de Nicolás Maduro en Venezuela y el tutelaje de Delcy Rodríguez fue una jugada que debilitó las cadenas de producción chinas, porque ahora el petróleo es explotado por las grandes empresas norteamericanas. En el continente americano Trump ha sido arquitecto del muro geopolítico y estratégico para la contención del mercado chino.

Por otro lado, la tensión en Medio Oriente entre Estados Unidos e Irán tiene el mismo objetivo, la antigua Persia es un punto neurálgico de la vieja y nueva ruta de la seda. La península arábiga y el Estrecho de Ormuz son puntos clave para el paso de petróleo, gas natural y mercancías. La Casa Blanca aspiró a un cambio de régimen para que los iraníes cedieran a las peticiones de Trump, sin embargo, los asesinatos de altos mandos de ese país solamente fortalecieron las posturas anti estadounidenses.

Cerrar el paso a China desde Ormuz hubiera sido un duro golpe por parte de los estadounidenses, pero esto no ocurrió. Al contrario, es posible que en nuevo Ayatolá se acerque más con Xi para presionar a Trump. Lamentablemente la consecuencia más visible de la guerra en Irán es el cierre del estrecho, lo que provocó la caída de los precios del petróleo y esto golpeó las bolsas de valores de todo el mundo.

También es posible identificar que Estados Unidos se ha enfocado en firmar acuerdos sobre minerales críticos y tierras raras esenciales para la elaboración de semiconductores, donde por cierto China es la principal potencia. Trump ha cerrado acuerdos en esta materia con países como Bolivia, Argentina, México, Congo y Australia para obtener insumos para sus cadenas productivas, lo que ha sido considerado por los chinos una táctica desleal.

Finalmente, en el Mar Meridional de China, los estadounidenses tienen un cinturón de bases militares en países como Tailandia, Filipinas, Corea del Sur, Japón, Guam, Palaos, Micronesia y Singapur. Debido a estos puntos de presión los chinos lo han considerado una política agresiva por parte de quien se considera “el policía del mundo”. Aunado a ese contexto la existencia de la República de China (Taiwán) que es aliado de Washington tensa aún más la relación.

Derivado del contexto anterior y los intentos de Estados Unidos para cerrar las rutas comerciales comerciales chinas genera incertidumbre para XI. Además, el presidente chino también es un político poco estudiado, si bien existen libros que analizan su papel y formación como The Party’s Interests Come First: The Life of XI Zhongxun, Father of XI Jinping (2025) de Joseph Torigian, el exprimer ministro australiano Kevin Rudd On XI Jinping: How XI’s Marxist Nationalism Is Shaping China and the World (2024) o Party of One: The Rise of XI Jinping and China’s Super Power Future (2023) de Chun Han Wong.

Es posible generar hipótesis a partir de la literatura, sin embargo, en la realidad los actores políticos son poco predecibles y pueden cambiar los escenarios. Es mejor esperar a la reunión y los mensajes que emitan Trump y Xi.