
Sebastián Godínez Rivera
La crisis entre los miembros de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) ha generado que los líderes europeos apuesten por la construcción de un bloque continental para su defensa. Las recientes declaraciones del canciller alemán Friedrich Merz sobre estrechar lazos con la Ucrania de Volodymir Zelensky, las afirmaciones de Emmanuel Macron sobre que Francia pone a su servicio la energía nuclear y los intentos de Polonia con Donald Tusk a la cabeza para erigirse como un pilar de la democracia liberal en Europa central y del este tienen una posible interpretación: construir el triángulo de Weimar.
Zbigniew Brzezinski, Consejero de Seguridad Nacional de Jimmy Carter, escribió en su libro El gran tablero mundial que una forma de que Europa reduciría su dependencia de Estados Unidos era a través del Triángulo de Weimar. Su postulado reside en la asociación de Francia, Alemania y Polonia, con posibilidad de extenderse a Ucrania, para constituir un bloque de peso en la región.
A pesar de ser una propuesta interesante, la realidad considera lo contrario ya que Europa es sumamente dependiente del escudo protector y las armas estadounidenses. Sin embargo, entre los jefes de estado y de gobierno no hay un consenso respecto al papel que cada uno debe jugar, mientras que los intereses entre los estados parecen dispersos. Por ejemplo, los germanos están inmersos en un proceso de rearme y de confrontación con los Estados Unidos derivado de las acciones militares en Irán y el Estrecho de Ormuz.
Ahora bien, en su libro Brzezinski considera que el papel de los alemanes aspira al dominio económico del continente, pero a su vez, su aparato de defensa está íntimamente ligado a los Estados Unidos. Si bien, Merz ha hecho referencia a la necesidad de constituir un bloque defensivo lo cierto es que la relación transatlántica está ligada a la una dependencia Washington-Berlín.
Por otro lado, los galos aspiran a reivindicar su papel de gran potencia europea y aspiran a un liderazgo bajo su mando, no obstante, en víspera de las elecciones presidenciales de 2027 en las que el abanderado del partido nacionalista Joseph Bardella de Rassamblement National aparece como favorito, la política francesa podría cambiar de rumbo. La aparición de Lionel Jospin bajo la bandera del centrismo representaría una afrenta al nacionalismo, sin embargo, la única certeza es que Macron dejará el poder el próximo año en medio de tensiones geopolíticas y el descontento de los franceses.
Para Zbigniew Brzezinski los franceses buscan recuperar su imperio perdido y su influencia continental, pero aún mantienen ciertos temores respecto a los alemanes. A pesar de que Francia continúa apoyando a los ucranianos, estos mantienen el argumento de que Ucrania se adhiera a la OTAN para garantizar su seguridad, lo cual en muchas ocasiones Rusia ha señalado que de llevar a cabo esta acción se considerará una provocación.
Finalmente, Polonia está cohabitada por el presidente nacionalista, Karol Nawrocki, y el primer ministro europeísta, Donald Tusk, el segundo considera escencial apoyar a los ucranianos y formar un bloque dentro de la OTAN. Cabe destacar que los polacos mantienen una postura en contra de los rusos, producto del devenir histórico de su nación que en varias ocasiones fue ocupada por alemanes y rusos, lo que les ha generado una posición anti rusa.
De acuerdo con el libro El gran tablero mundial los polacos serían un cimiento relevante para constituir el Triángulo de Weimar, a su vez buscaría incluir a Ucrania no solo como un aliado clave, sino porque es un pivote esencial para impedir el ascenso de Rusia como una potencia. El autor señala que estos pivotes con zonas de equilibrio en varias partes del mundo que permiten la consolidación de una potencia, los ucranianos son el más importante debido a que Brzezinski es seguidor de la teoría del Heartland, de MacKinder, la cual postula que quien controla el corazón de Asia controla el mundo.
La cercanía de Ucrania con el Cáucaso es un considerado un punto estratégico en el globo no solo para cercar a Rusia, acceder a los recursos y establecer una nueva área de influencia, sino que es una forma de evitar el fortalecimiento de Rusia. Ahora bien, no es casualidad que actualmente una de las zonas de tensión sean Ucrania e Irán los cuales son puntos de entrada para Asia Central.
La tensión entre Estados Unidos y otros miembros de la OTAN ha generado movimientos en ambos lados del Atlántico, sin embargo, la conformación del Triángulo de Weimar hasta el momento es imposible porque derivado de las agendas particulares de cada uno de las naciones antes mencionados, así como el aumento en la tensión con los rusos en caso de considerar a los ucranianos como parte de esta formación.
Además, Zbigniew Brzezinski no considera a los húngaros como parte de este bloque, pero con la reciente derrota de Viktor Orbán, quien era aliado de Trump y Putin, la tensión podría escalar. El nuevo primer ministro Péter Magyar que dejó las filas del oficialismo para pasar a la oposición ha hecho varias declaraciones relevantes como “Ucrania no debe ceder territorio y debe defender su soberanía” y “Rusia es una amenaza para Europa y esta debe defenderse” lo cual podría elevar las tensiones en el este del continente.

