
Por Gustavo García
En Puebla todo luce grande en el discurso, maravilloso en la propaganda y aplaudible en las redes sociales, pero basta tocar un poco la estructura para descubrir que detrás del decorado no existe solidez, capacidad, ni rumbo, sólo mucho cartón bien pintado.
El gobierno de Alejandro Armenta comienza a exhibir la falta de preparación de buena parte de su gabinete, supuestos funcionarios que llegaron por cuota política, por lealtad electoral o por cercanía personal, pero que no cuentan con una experiencia, ni conocimiento técnico.
Secretarios que improvisan, subsecretarios que desconocen la administración pública y operadores que creen que gobernar, consiste en organizar eventos, tomarse fotografías, repetir lo que les ordenan y escribir en las redes sociales alabanzas a su jefe.
Puebla pasa por una etapa donde el gobierno parece más preocupado por construir imagen que resultados.
Mientras tanto, en la calle donde realmente se miden los gobiernos, la inseguridad sigue siendo una preocupación de todos los días, las obras públicas avanzan entre opacidad y campañas engañosas; los servicios básicos presentan fallas constantes, el aparato oficial se concentra en campañas de cartón para vender una percepción artificial de eficiencia que nadie en las calles ve.
La administración estatal vive atrapada en espectáculos, conferencias mañaneras, giras en helicóptero, anuncios vacíos, promesas y más promesas.
Mucho reflector y poca sustancia, como una feria bonita a la distancia, pero que se cae al acercarse.
Y el problema no es únicamente político; también es administrativo, porque cuando en un gabinete donde se carece de perfiles preparados, las consecuencias terminan pagándolas los ciudadanos, la curva de aprendizaje se convierte en gran costo público, porque todos los errores cuestan recursos, tiempo y credibilidad.
Hoy, en la ciudadanía, comienza a crecer una percepción que preocupa: Puebla tiene un gobierno que intenta comunicar más de lo que resuelve.
Porque, aunque moleste en las altas esferas, deben aceptar que gobernar no es hacer campaña permanente, exige conocimiento, carácter, planeación y capacidad para tomar decisiones complejas y justamente ahí, es donde el “gobierno de cartón” empieza a romperse.
El riesgo para Alejandro Armenta no es solamente el desgaste mediático, el verdadero riesgo es que la realidad terminara por derrumbar el decorado, porque tarde o temprano, los ciudadanos descubrirán que tienen un gobierno sin cimientos… un gobierno de cartón, que solamente está sostenido por su propaganda.

