
Sebastián Godínez Rivera
La relación China y Rusia se remonta a los gobiernos de Mao Tse Tung y Iósif Stalin, entonces líder de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS), en 1949. La URSS desconfiaba del comunista chino al considerar que el socialismo rural por lo que los soviéticos apoyaron al bando nacionalista. Cuando Mao se hace con el poder se firma en 1950 el Tratado Chino-Soviético de Amistad y Cooperación.
La relación fue tensa entre Stalin que percibía a Mao como un lastre, mientras que el líder chino exigía un trato igualitario porque la Revolución China tuvo el objetivo de no subordinarse ante ninguna potencia, capitalista o socialista. Una de las principales rupturas en el bloque socialista se dio porque Mao sustituyó a las masas obreras por las campesinas lo cual era muy notorio en un país de mayoría rural.
Tras la muerte de Stalin y durante el gobierno de Nikita Jrushov la URSS comenzó a apoyar tecnológicamente a los chinos con el objetivo de mantener una subordinación como si fuera un estado satélite de Europa. El politburó chino se molestó y a través de Mao no solo por la desestalinización sino porque el sóviet supremo restauró las relaciones con Yugoslavia, nación que a los ojos de los chinos pactaba con capitalistas y no garantizaba la expansión del socialismo a través de la guerra.
La ruptura se dio en la década de los sesenta cuando los soviéticos condenaron el estalinismo del líder albanés, Enver Hoxha, y los chinos lo felicitaron. También la Crisis de los Misiles en Cuba fue un factor de descuento y para 1962 los soviéticos se negaron a apoyar a los chinos en una breve guerra con la India, por lo tanto, la relación quedó rota. Mao se erigió como el modelo comunista del Tercer Mundo al considerar que la mayoría de los países tenían población agraria y no proletaria, el experimento ruso solo era aplicable a unas cuantas naciones industrializadas.
Las guerras de descolonización enfrentaron a los rusos y a los chinos ideológicamente Vietnam del Norte y Laos se plegaron con la URSS y Camboya se alió a los chinos. Para 1968 durante la Primavera de Praga, entonces Checoslovaquia, Mao condenó la forma en que la Unión Soviética aplastó a los manifestantes y los acusó de imperialistas. China entendió que no podía enfrentarse con el faro del socialismo soviético y Estados Unidos por lo que decidió un acercamiento con Washington.
La materialización de dicho acercamiento se dio en 1972 cuando Mao se reunió con el presidente Richard Nixon, organizada por el Secretario de Estado Henry KIssinger que hasta publicó un libro titulado En China. Tras la muerte de Mao, Deng Xiaoping estableció una serie de reformas económicas capitalistas alejándose de la ortodoxia marxista, mientras que la relación con la URSS estuvo congelada.
Fue hasta 1989 cuando Mijaíl Gorvachov visitó China y ésta coincidió con las protestas estudiantiles de Tiananmen que exigían libertad y democracia. La relación sino-soviética terminó de facto tras el derrumbe del socialismo real y su heredera, la Federación Rusa, ya no comulgaba con el socialismo sino con el capitalismo lo que abrió un nuevo capítulo en las relaciones entre dos naciones que estuvieron enfrentadas la mayor parte del siglo XX.
Hay un elemento en el siglo XXI que tienen en común China y Rusia, el maltrato de los Estados Unidos. Ambas naciones están rodeadas de grupos aliados y coaliciones que tensan la relación. En el caso ruso la OTAN y el grupo GUAM, Georgia, Ucrania, Azerbaiyán y Moldavia, mientras que en Asia está el Diálogo de Seguridad Cuadrilateral integrado por Australia, Japón, India y Estados Unidos, también hay otros aliados como Tailandia y Corea del Sur con los que los chinos se sienten incómodos.
Tras el acercamiento entre Europa y Estados Unidos los rusos han optado por estrechar relaciones con China y con repúblicas ex soviéticas lo que ha dado paso al eurasianismo. Ellos saben del peso que tienen en el abastecimiento de gas y petróleo con los europeos, aunque no son su único mercado. Por otro lado, hay una relación de desconfianza entre Rusia y China porque en el siglo XX los soviéticos tutelaron el socialismo chino, pero en este siglo Beijing tiene una economía que es competitiva con Estados Unidos y triplica el tamaño de la rusa.
Por otro lado, culturalmente comparten ciertos pasajes históricos como territorios que fueron parte del imperio mongol, al ser países asiáticos estuvieron relegados a un papel secundario y su desarrollo fue catalogado de atraso. También se plantea que los rusos aspiran a equilibrar el dominio con alianzas con India, Japón, Corea del Sur, Vietnam, Turquía, Irán y los países de la Asociación de Naciones del Sudeste Asiático (ASEAN) para que Rusia consolide su proyecto del “gran partenariado euroasiático” como un sistema de relaciones políticas, culturales y civilizatorias igualitarias en el que China es tratado como igual y no un país de segunda.
Los rusos durante décadas han estado inmersos en el tablero europeo, por lo tanto, estos conciben al mundo como bloques de poder y defienden un proyecto multipolar. Desde la época del zarato ruso, pasando por la disolución del imperio y el nacimiento de la URSS en 1917 hasta 1991 con el fin de la Guerra Fría. Rusia entiende el mundo a partir de antiojeras occidentales porque han aspirado al proyecto integrador con Europa lo cual explica porqué su interés principal con sus vecinos.
La tensión territorial se concentra en la zona del Báltico, Ucrania y Europa del Este la cual correspondió a su antigua zona de influencia. Mientras que los chinos durante siglos vivieron como una civilización hermética que si bien fue invadida por otras naciones, esto no implicó que su visión se centrara en una construcción de bloques de poder, al contrario, los chinos aspiran al comercio con todas las naciones bajo las reglas establecidas, pero no conciben la multipolaridad como un punto central para su desarrollo.
Por eso la relación sino-rusa es estratégica en varios aspectos, pero no actúa como bloque ya que sus intereses son distintos, los rusos no se asumen como un país derrotado con el fin de la Guerra Fría, por ende, continúan con una disputa de reconocimiento. Los chinos aspiran a la coexistencia sin subordinarse a algún otro país, incluso en el libro del ex primer ministro australiano, Kevin Rudd, On Xi Jinping: How Xiˋs marxista nationalism is shaìng China and the World expone que el objetivo de su gobierno es preservar la estabilidad interna bajo un modelo de libre mercado y competencia económica.

