
Sebastián Godínez Rivera
El concepto imperialismo es central en el estudio de las relaciones internacionales dependiendo la connotación en el contexto clásico se utiliza para referir a la políticas expansionistas de las potencias coloniales, mientras que en términos marxistas esta es la fase superior del capitalismo que tiene raíces en el modelo de acumulación que es polarizantes, como destaca Samir Amin, las fases que anteceden el imperialismo también tienen el mismo origen y tienden a polarizar derivado de la lucha de clases.
Sin embargo, en el texto el autor plantea que tras la Segunda Guerra Mundial, Charles De Gaulle presidente de Francia intentó limitar la influencia de los Estados Unidos en los asuntos europeos, pero no lo logró. Con el inicio de la Guerra Fría los países del occidente y centro de Europa se reconstruyeron, la Unión Soviética innovó militarmente y Japón logró la recuperación económica. No obstante, Washington se encargó de subordinar a varias naciones y durante el gobierno de Bush hijo exportó la Doctrina Monroe, logrando la imposición de una relación euroatlántica y relegando la propuesta no atlántica,la de Rusia.
La obsesión norteamericana por imponer su voluntad respecto a sus intereses nacionales fue una forma de formalizar la hegemonía de la nueva potencia que aspiraba a mantener el control de todas las regiones del planeta. En el libro La paradoja del poder norteamericano (2001) de Joseph Nye se expone que con el fin de la Guerra Fría, los estadounidenses se erigieron como una superpotencia que relegó a Europa a una extensión de su poder y que la falta de contrapesos podría devenir en que Washington impusiera su voluntad a través de la fuerza porque lo considera legítimo.
En ese mismo sentido, Amin concibe la construcción del proyecto euroatlántico como una forma de evitar el acercamiento de Rusia, cerrar puntos estratégicos a China y subordinar al viejo continente. Para el autor la élite imperialista estadounidense se caracteriza por ignorar el derecho supranacional y actuar conforme a sus intereses, esto los diferencía de los imperialistas clásicos quienes aspiraban a expandir sus fronteras coloniales, pero formaban consensos como en el Congreso de Berlín de 1878 en el que se revisaron los límites territoriales del los imperios rusos y turco-otomano; la Conferencia de Berlín de 1885 en el cual se repartió el territorio africano; o el Congreso de Viena de 1815 que fueron paso a la paz de Metternich.
El proyecto imperialista de Estados Unidos estuvo presente en la élite, a pesar del papel de la clase dirigente que optó por el multilateralismo con Franklin Roosvelt y Harry Truman o el papel de la primera dama Eleanor Roosvelt quien fue promotora de la Declaración de los Derechos Humanos de 1949. Para los sectores duros estadounidenses, la construcción de instituciones y sistemas que mediaran entre los países eran un límite al interés nacional y a lo que ellos consideraban legítimo.
La Casa Blanca promovió el miedo de un ataque soviético, que era posible, pero con esa carta movilizó no solo a los aliados de Europa y su aŕea de influencia natural que es América Latina sino que extendió su influencia hasta África y Asia quienes atravesaban procesos de descolonización. Con el paso del tiempo Estados Unidos aceptó la existencia de otra potencia, la Unión Soviética y toda la gama de aliados socialistas que surgían en las nuevas naciones.
Durante la revolución monetarista de los años ochenta el sistema económico mundial promovió el libre mercado y la desregulación lo que alineó a Europa y Japón con Washington, mientras que para el Tercer Mundo se dictaron las pautas de política económica a seguir. Las condiciones económicas unificaron al bloque estadounidense, japonés y europeo como base del proyecto capitalista-liberal, lo que le permitió a Estados Unidos limitar el poderío de algunas naciones como Alemania.
Con el fin de la Guerra Fría se buscó la expansión hacia el este donde naciones del ex bloque soviético adoptaron democracias parlamentarias y economías liberales, abrazando el mito del fin de la historia de Fukuyama. En la antigua Yugoslavia se movilizaron los intereses de Berlín para expandir su poder, la OTAN se expandió hasta la frontera con Rusia y se debilitó la idea de crear un eje París-Berlín-Moscú para limitar a los estadounidenses.
La aparición de la triada dio paso al imperialismo colectivo ya que el control se ejerce entre tres polos de poder distintos, sin embargo, Estados Unidos adquiere un papel preponderante porque es el que se asume como cabeza de la política militar. Hipotéticamente los europeos aceptaron este papel, lo que los ha reducido a vasallos como menciona Brzezinski en el libro El gran tablero mundial (1997), es decir, son aliados, pero no significa que los estadounidenses sacrificarán sus intereses por equilibrar la triada.

